Producción: Cristian Grosso, Miguel Romano y Nicolás Balinotti
La mirada industrial del deporte dejó de observar con agrado el mercado argentino antes de la devaluación del peso, en los comienzos del tembloroso 2002. No hay cuestionamientos acerca de que la crisis económica de ese año, desatada tras la abrupta salida del ex presidente Fernando de la Rúa, ayudó a nublar de desconfianza y obstáculos el terreno para algunos negocios vinculados con los acontecimientos deportivos. Y qué decir de la depresión financiera contemporánea, que avanza como una neblina enemiga afectando hasta a los países más desarrollados.
En tren de acrecentar las recaudaciones y bajo este contexto de incertidumbre, algunas asociaciones de las disciplinas de mayor concurrencia, como el fútbol, el básquetbol y el rugby decidieron salir a la captura de nuevos mercados. Así fue como dejó de ser exótico e impensado observar el flameo intenso de la bandera celeste y blanca en Doha, América Central o en Manchester, sólo por citar algunos ejemplos.
De esta manera, vencidos por el poder supremo del tipo de cambio de los países más poderosos, ver en la Argentina a la selección local con sus principales figuras se hizo una suerte de utopía y deseo nostáglico. Algo que económicamente es poco viable, según reconocen los dirigentes. Casi una misión imposible.
El respaldo del público es ahora por televisión. La selección nacional es un equipo satelital, con un pueblo que lo sigue a miles de kilómetros de distancia, con la mirada estampada en la TV. Crece la avidez de tener en casa con más frecuencia a estrellas como Messi, Manu Ginóbili o Juani Hernández. Es el deseo de todos. Así como anhelar que esta tendencia de seguir al equipo nacional por tele no sea para siempre.
Algunas voces autorizadas exponen las razones del fenómeno. "Los mercados que mejor rinden son el europeo, luego el americano y el asiático, y el escenario emergente es Medio Oriente. Hacia allí hay que apuntar en el futuro. No es casual que el Mundial de Clubes de la FIFA se comience a jugar ahí a partir de este año", dice Guillermo Tofoni, presidente de World Eleven, la empresa que organiza los amistosos internacionales de la AFA.
El presidente de la Confederación Argentina de Básquetbol (CABB), Germán Vaccaro, explica con cifras lo difícil de traer a las potencias a jugar al país. "Es carísimo. Habría que gastar entre 250 y 300.000 dólares y poner las entradas a 150 pesos."
En el rugby el panorama tiene matices particulares, pero la situación es la misma: se necesita recaudar. Los grandes seleccionados visitan cada vez menos el país, y cuando lo hacen, que es durante las ventanas internacionales, la IRB afronta los gastos de movilidad y la UAR lo que respecta al alojamiento. La última gran apuesta de la UAR fue vender la localía: el 6 de junio pasado los Pumas fueron locales ante Inglaterra en.....Manchester.
Fútbol: una atracción para los mercados emergentes
Rugby: se vendió la localía con el propósito de recaudar
Básquetbol: en casa, juega sólo con rivales de segunda línea