La gira de Los Pumas por el Reino Unido se ha complicado más de la cuenta, al punto que el test que aparecía como más accesible ahora luce tan difícil de sortear como los anteriores con Inglaterra y Gales. Escocia, el rival del sábado en el Murrayfield de Edimburgo, viene de dar el gran batacazo de la serie internacional de noviembre al vencer a los Wallabies australianos y privarlos de su objetivo de lograr el Grand Slam.
Pero los inconvenientes de Los Pumas para no volverse de Europa con un 0-3 (algo que no ocurre desde 1998, cuando perdieron con Italia, Francia y Gales) no pasan sólo por este resurgimiento de Escocia, sino por las dudas que sembraron en la derrota del sábado en Cardiff.
Hay atenuantes, claro, en este presente Puma. Son demasiadas y vitales las ausencias por lesiones. Basta con nombrar a Juan Martín Hernández y Felipe Contepomi. Pero también de más de la mitad de la tercera línea (Juan Leguizamón, Alvaro Galindo, Genaro Fessia) y de otros tres nuevos que están en condiciones de convertirse en titulares (Marcelo Bosch, Gonzalo Camacho, Lucas González Amorosino).
A cualquier seleccionado le cuesta rearmarse con tantas ausencias, y más si se trata del argentino, que convive con una realidad de escasa competencia internacional y un modelo interno que todavía no despegó a las necesidades que obliga el alto nivel en éste juego.
Sin embargo, el test con Gales abrió grietas que parecían haberse saldado con Inglaterra. El equipo no rindió en facetas básicas del juego y, quizá lo más preocupante, lució desconcentrado y desordenado. Una prueba de ello fue el primer try del Dragón, que cuesta verlo incluso en el orden local.
Pero bueno, lo de Cardiff ya es historia, y ahora Santiago Phelan y el plantel tienen una semana por delante para ordenar la cabeza y ver si al menos pueden aparecer algunos de los síntomas evidenciados en Twickenham.
No estará Mario Ledesma y será la chance de Alberto Vernet Basualdo, quien tiene pocos minutos este año en el Stade Toulousian. ¿Mejorará el line, un dolor de cabeza post Mundial? No parece ser el único problema el del lanzador; faltan coordinación y variantes. Esa es hoy una plataforma clave y absoluta en el rugby.
¿Quién se calzará la pesada 9 el sábado? ¿Quién acompañará al enorme Patricio Albacete en la segunda línea? ¿Tendrá el extraordinario Juan Fernández Lobbe un lugarteniente dentro de la cancha? ¿Habrá cambios en los backs? Preguntas que se irán respondiendo a medida que se acerque el test con Escocia.
En Murrayfield, terreno fértil para Los Pumas en los últimos años y testigo en 1999 del primer triunfo argentino en el Reino Unido, espera un rival con el pecho inflado después de despachar a los australianos.
El nuevo entrenador de los escoceses, el inglés Andy Robinson, querrá cobrarse cuentas pendientes con los argentinos. La victoria de Los Pumas en Twickenham en 2006 le costó su puesto como entrenador del seleccionado de la Rosa, al que había accedido luego de ser la mano derecha de Clive Woodward en el título mundial de 2003.
Pero la alergia de Robinson al rugby argentino viene de antes. Solía decir, despectivo, que "a los argentinos lo único que les importa es el scrum". Y eso lo llevó a tener más de un cruce fuerte con el mendocino Federico Méndez, cuando ambos estaban en el Bath, uno como entrenador y el otro como primera línea.
No será fácil entonces la parada en Edimburgo. Si bien los resultados no deberían contar tanto en esta etapa de plena transición, Los Pumas necesitan terminar el año con otra cara a la que mostraron en Cardiff. En el juego, en el ánimo y en la búsqueda de alternativas para los retirados y los lesionados. Tarea nada sencilla a dos años del Mundial de Nueva Zelanda.