El básquet argentino vivió desde el comienzo de este milenio una de sus etapas de mayor esplendor en los 80 años de historia que cerró en este diciembre de 2009. Con la generación dorada, con Emanuel Ginóbili como principal abanderado, el seleccionado nacional consiguió una medalla dorada olímpica (Atenas 2004) y otra de bronce (Pekín 2008), un subcampeonato mundial (Indianápolis 2002) y un cuarto lugar (Japón 2006).
A esta acumulación de premios en las vitrinas, el equipo argentino sumó un título en el FIFA Diamond Ball (Pekín 2008) y un bronce (Belgrado 2004); un oro Panamericano (Neuquén 2001), una plata (República Dominicana 2005 y un bronce (San Juan de Puerto Rico 2009); dos segundos puestos en el Torneo de las Américas (San Juan 2003 y Las Vegas 2007) y tres títulos sudamericanos (2001, 2004 y 2008).
El desembarco de los jugadores argentinos en la NBA con Emanuel Ginóbili como mayor exponente pero bien acompañado por Luis Scola, Andrés Nocioni, Fabricio Oberto y Carlos Delfino, entre otros, también marcó un hito en el deporte de la pelota naranja para la Argentina en la última década. Manu sumó tres anillos en la máxima competencia de básquet del planeta con San Antonio Spurs (2003, 2005 y 2007).
Ante este escenario el mayor desafío supone la renovación de esta camada de grandes jugadores que marcaron a fuego al básquetbol argentino y que en el próximo Mundial de Turquía tendrá, de la mano de Sergio Hernández, una de sus últimas batallas con los referentes que parecen tener en los Juegos Olímpicos de Londres en 2012 su desafío final. Si bien algunos jugadores ya se alejaron de la selección y tuvieron durante 2009 su merecido reconocimiento, los próximos tres años serán de renovación total.
El primer lugar en el ránking mundial FIBA por encima de Estados Unidos y España, tendrá que ser revalidado durante los futuros campeonatos juveniles, donde los distintos cuerpos técnicos nacionales y la Confederación Argentina de Básquetbol deben poner el mayor acento. El quinto puesto en el Mundial Sub 19 de Auckland en 2009, mejoró el sexto lugar del antecedente en Novi Sad, Serbia, dos años antes y el décimo puesto obtenido en Tesalónica, Grecia, en 2003. A este escenario si se le agrega el sexto puesto en el Mundial Sub 21 disputado en Córdoba y Mar del Plata en 2005 más las buenas perspectivas para la primera edición del Mundial Sub 17, que se disputará en Alemania este año, las perspectivas son buenas.
El éxodo de jugadores desde la Liga Nacional hacia Europa, las universidades estadounidenses de la NCAA (paso previo a la NBA) marca una encrucijada propio de todos los mercados exportadores: por un lado se valoriza el deportista argentino en el mundo, pero se vuelve cada vez más difícil mantener el nivel de la competencia interna.
Matías Nocedal (Ourense, España) y Juan Manuel Fernández (Temple, NCAA de Estados Unidos) sintetizan los nombres del futuro, aquellas esperanzas de un trabajo a largo palzo para poder sostener en el tiempo esta epoca dorada. En las grandes potencias del mundo la posibilidad de contar con un recambio generacional de categoría es la garantía de futuro. Ese camino le toca recorrer a un grupo de chicos, que tendrán el listón muy alto, pero deberán ser los que hagan su aparición en la previa del Mundial de España 2014 o de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro de 2016.
A nivel de clubes, la consolidada Liga Nacional tendrá como grandes objetivos luego de 25 años de historia, para poder dar el siguiente paso y proyectar una competencia que se mantenga como exportadora de grandes jugadores, reafirme su sentido federal con plazas fuertes a lo largo y ancho del país, pero que a la vez logre ingresar como producto interesante para los sponsors, las señales de televisión, el público en general y el mercado externo. La consolidación de este proyecto denominado Liga Nacional garantizaría acompañar el proceso de los seleccionados con una competencia atractiva, competitiva, rentable, solvente y de gran nivel. Con ese desafío comienza el 2010 en perspectiva de futuro el torneo nacional.
Asimismo en la ratificación del liderazgo sudamericano y panamericano, los equipos argentinos deberán reafirmar su supremacía continental sobre los rivales brasileños y caribeños, además de apuntar a los certamenes intracontinentales como el renovado Mundial de Clubes, que permitirá potenciar deportiva, comercial y económicamente a los equipos nacionales.
Para la selección femenina y la Liga Nacional, la apuesta a futuro es todavía más ambiciosa porque si bien los equipos nacional cumplen buenas actuaciones en los certamenes internacionales, luego de una década con altibajos a partir del Mundial de República Checa de este año garantizar un lugar estable entre los ocho mejores equipos del mundo.
El noveno puesto en el último Mundial de San Pablo en 2006 y el décimo lugar en China 2002 más la ambiciosa y negada clasificación olímpica, con una última clasificación con derrotas en Madrid 2008 y la plata panamericana del último certamen disputado el año pasado en Mato Grosso, Brasil, los dos últimos subcampeonatos sudamericanos (Loja, Ecuador 2008 y Asunción 2006) marcan la irregularidad de un equipo que busca estabilidad y una identidad definida.
La frescura de Sthefany Thomas, el liderazgo de Carolina Sánchez Valencia, la proyección de Florencia Fernández, entre otros nombres, hacen proyectar una esperanza hacia futuro, con un trabajo de base en las divisiones menores Sub 16, 18 y 20, más un proceso de aprendizaje en relación al gran referente continental del básquetbol femenino: Brasil.
En canchallena.com hicimos un repaso del ciclo 2000-2009 en el hockey , el fútbol juvenil , el básquet , el voleibol y el rugby .