A Diego Rosati el 9º puesto en los Juegos de Pekín 2008 y el oro en los Juegos Odesur 2006, en Buenos Aires, entre otros logros, no le alcanzaron para relajarse y pensar sólo en el judo. Con vistas a los próximos Juegos Odesur, en Medellín, Colombia, entre el 10 y el 21 de marzo, y en un año en el que comenzarán los torneos que otorgarán puntaje para los Juegos de Londres 2012, Rosati quedó afuera de la nómina que la Secretaría de Deporte conformó para que cinco representantes , entre la selección femenina y masculina, viajaran a Europa, y tuvo que salir a buscar plata, por sus propios medios, en su provincia, Río Negro, para poder formar parte del grupo que el 10 de febrero partirá a medirse con los mejores judocas del mundo.
"Consegui el dinero pidiendo un poco en cada lado, encontrando diferentes sponsors; en total son 1500 dólares de pasaje y 2000 dólares de estadía, que yo no me los podía bancar. Sentí vergüenza pidiendo plata para mí, pero lo hice porque ahora, en la Selección, hay otra manera de entrenar, estamos mucho más organizados", dijo Rosati, de 29 años, que había declarado desde Pekín, en los Juegos 2008, que pensaría seriamente si continuaría en actividad, descontento con las condiciones de entrenamiento y la pobre infraestructura del deporte.
"Es muy frío decirlo pero nuestro rendimiento depende de las posibilidades que tengamos de ir a los torneos que adjudican puntos. Si no nos presentamos, porque no juntamos los fondos para ir, perderemos la posibilidad de ganar puntos y nos alejaríamos mucho de Londres", dijo Rosati, que forma parte de la selección de judo desde 1999.
La creación del Enard (Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo), que recibirá fondos del 1 % de lo recaudado de las telefonías móviles genera ilusiones en todos los deportistas, pero Rosati no se confía: "Creo que va a haber mucha plata, hay que ver como la usan, si hacen una pista de atletismo estaría bueno, pero a nosotros no nos ayudaría. Hasta ahora no hablé con nadie del Comité Olímpico Argentino. En mi carrera escuché muchas ofertas como ésta, pero nunca vimos nada, habrá que esperar".
El viedmense consiguió no sólo apoyo económico para viajar a Europa sino también 60 plazas para que la selección, con juveniles y judocas de rankings menores, hiciera la pretemporada en Viedma, su ciudad, en los primeros días de enero. "El año pasado el entrenador, Fernando Yuma, estuvo conmigo de vacaciones; yo le dije que estaba bueno para entrenar, a él le gusto, y hablé con la provincia y el municipio, que nos brindaron alojamiento, con un buen lugar de entrenamiento para todos", dijo Rosati.
Nada es sencillo para su carrera, como varios otros deportistas amateur, que deben luchar día a día con las precariedades que existen en nuestro país. Hasta comprarse el judogui, el traje que utilizan para luchar, representa un gasto enorme, que deben bancar de sus bolsillos. Pese a eso, parece haber en cada uno de los deportistas cierto fuego interno, que Rosati reconoce como propio: "Pese a las dificultades, el judo es como una droga. El hecho de estar sólo con tu rival, con el parche de tu país en la espalda, genera una adrenalina, una sensación de alegría y miedo, que hasta ahora en mi vida no pude obtener en ningún otro lado".