Julio César Falcioni sabía que Racing estaba obligado a ganar. Pelea el descenso, era local, sabía que le sumaba presión poniéndole un equipo juvenil. Y por si faltaba algo para agregarle peso a la mochila, salió a jugar con un solo delantero (Salmerón) en un esquema 4-4-1-1. Así, la defensa zonal de Racing (Lluy-Martínez-Aveldaño-Sainz) en un clásico 4-3-1-2 se encontró, de repente, con cuatro defensores para tomar a un solo punta.
Banfield, igual, fue inteligente porque Laso, que se movió como una media punta, se recostó sobre su izquierda y así intentó tapar las proyecciones de Lluy, el único lateral con características ofensivas. Tanto fue así que durante esa etapa, Lluy apenas logró cruzar la mitad de la cancha en cinco oportunidades. Fue cuando el local utilizó cada falta para generar un centro al área rival. La primera infracción se la cometieron a los 15" (a Lugüercio) y Fernández envió el balón al área. Quizá Miguel Russo había tomado nota de que Banfield da ventajas en el juego aéreo, que en el Clausura le habían anotado cinco de los 13 goles así y que en la Copa también sufrió en ese rubro. Y en el primer tiro libre apareció un cabezazo de Aveldaño que Bologna rechazó con lo justo.
Pero, sin salida por los laterales, la Academia abusó de los pelotazos y estaba tan retrasado en su campo que varias veces quien tomaba a Laso fue Zuculini (no Lluy), y Lugüercio aparecía más como enganche que como punta. Banfield jugó con suplentes, pero de forma muy ordenada y sólida. No fue fácil entrarle.
Sin embargo, en la segunda etapa, sí, Racing le encontró la vuelta y tuvo la actitud y el riesgo que debe tomar un equipo grande. ¿Por qué? Porque Lluy apareció decididamente como carrilero. Ya en la mitad de la cancha, tuvo más decisión y aumentó las proyecciones (completó 14), con llegadas hasta el fondo y generando un desdoblamiento ayudado por Castromán cuando ingresó (en su sector) y por el tándem izquierdo entre Fernández (mucho más vertical, picante) y Hauche (reemplazante de Lugüercio).
Es cierto que en el 0-0 y al ya no estar Lluy en defensa, Laso quedó dos veces mano a mano con Martínez (Di Vanni fue con Aveldaño) en dos contraataques peligrosos, pero Racing debía correr ese riesgo porque, en el fondo, y ya con un esquema 3-4-3, sabía que se había apoderado del control del juego. De un centro de Lluy a la carrera llegó un cabezazo de Bieler, y otra proyección de Lluy finalizó en el córner donde nació el gol de Martínez. En el momento menos pensado de la planificación, Racing vulneraba a Banfield de pelota parada. Hubo más: de un contraataque muy bien comandado por Lluy tras un córner a favor del Taladro, Bieler tuvo el segundo tanto con un mano a mano que controló Bologna.
Racing no se conformó y mantuvo la postura para encontrar el segundo, que también llegó explotando las bandas, con un centro de Fernández desde la izquierda y una volea de Bieler. Ahí, sí, luego del 2-0, llegó la orden de Russo de armar dos líneas de cuatro (4-4-2) y congelar el partido.
La llave estuvo en Lluy, en ver que si el rival te ataca con uno (por más que la intención era que también llegaran Cardaccio, Laso y Marchant), no es necesario dejar a cuatro defensores. Y, en definitiva, el fútbol también es una pulseada en el uno contra uno. Si Lluy se preocupaba por Laso, él también podía generar lo inverso si se proyectaba y se mostraba como una alternativa de pase y descarga para una pared (algo que trató de perfeccionar con Claudio Vivas como DT). Con Lluy arriba, Racing ganó en ataque y todavía le quedaban tres marcadores centrales para tomar a Salmerón y Laso.
14 pelotas paradas forzó y tuvo a favor Racing ante Banfield (siete córners y siete tiros libres). En el juego aéreo ganó ocho, el Taladro rechazó tres y las otras tres no tuvieron dueño.
HURACAN: Independiente daba ventajas atrás, pero Rivoira prefirió conformarse con el punto. Adentro Franzoia, pudo haber salido Jérez y pasar Machín como lateral.
INDEPENDIENTE: sin precisión en ninguno de sus jugadores ofensivos, Gallego buscó una reacción con Patricio, pero se embarulló como todos.
R. CENTRAL: esperó a estar 1-2, pero Madelón metió a un delantero por un volante de marca y en segundos Figueroa asistió a Caraglio, y lo tuvo para ganar.
RACING: Russo vio que su equipo tenía el control del partido, pero le faltaba profundidad. Así encontró más espacios y poder ofensivo. Arriesgó y tuvo su premio.