Deberíamos apurarnos para que los dos fenómenos coincidan en tiempo y espacio. Los consumidores aceleran la renovación de sus televisores, motorizados en la Argentina por las 50 cuotas a los premios que ofrecen los bancos. Pero quizás ya sea demasiado tarde. Es casi urgente que las transmisiones deportivas en 3D capturen todo lo humanamente posible del tenis de Roger Federer, para que se lo pueda apreciar en su verdadera dimensión. Federer está perdiendo demasiado pronto en algunos torneos y ha agregado a su currículum, sin tachaduras ni enmiendas, derrotas contra rivales que nunca le ganaban . Ver a Roger Federer en 3D sería la única manera de decir que realmente se lo ha visto. Aunque decenas de veces hayamos seguido su gesta por televisión.

El concepto sobre lo insuficiente que resulta la visión del juego de Roger Federer por televisión le corresponde a un observador de afuera del tenis. Nunca nadie mejor que alguien que no es especialista para hablar de lo que los especialistas ya no percibimos como novedad. El escritor y ensayista David Foster Wallace fue convocado por New York Times para escribir un artículo sobre el juego de Federer para su revista deportiva Play. Wallace produjo un largo y atractivo relato sobre el estilo de Federer y una verdad que es desmoralizante: nadie vió realmente a Federer si solamente lo vió por televisión. La idea que da sentido a su percepción es que la falta de profundidad que tiene en la imagen una transmisión televisiva, impide tomar contacto real con todas las dimensiones del juego de Federer.
El escritor además justifica, en su intento por saber si Roger Federer es la persona que mejor jugó al tenis en toda la historia, que se pueda hablar de belleza en la competencia profesional como un valor tan alto como el hecho de vencer. El reportaje es de agosto de 2006, una semana antes del comienzo del US Open. Federer iba por el tercer título ganado en Nueva York de seis conseguidos en esa ciudad. Y el octavo Grand Slam de su carrera de los 16 títulos que ya capturó. Estaba justo en la mitad de su abrumadora producción tenística. El trabajo de Wallace para New York Times ha servido de matriz para buena parte de la prensa tenística que quiso ofrecer una versión enriquecedora del genio. Introdujo nociones sobre su estética que ahora suenan a palabra repetida.
Roger Federer ha transformado el tenis en otra cosa. En algo que lo tiene como único exponente en ejercicio. Vemos determinados tiros que saca y sentimos que pone en riesgo todos los principios de la geometría. Existe un patrón de belleza en su juego, en el juego todo, que le corresponde sin compartir méritos con otro jugador de cualquier época. Federer sacó de la neutralidad a Suiza, un país habitualmente vinculado al deporte pero desde las oficinas y escritorios de organizaciones deportivas supranacionales y tribunales de arbitraje. Roger Federer hizo popular a Suiza con sus fanáticos con remeras y banderas sentados en fila en todas las plateas de tenis del mundo, sin que sean necesariamente suizos. Federer se puso por encima de toda lógica en los enfrentamientos entre jugadores. Esfumó todas las cuestiones limítrofes y de pertenencia con las que pendula el deporte individual y por equipos. Puede ser favorito en España cuando le gana a Rafa Nadal. Lo mismo en Londres contra Andy Murray. Y hasta contra Andy Roddick en Estados Unidos. Federer podría haber jugado y vencido al propio Zeus en el Olimpo y ser igualmente adorado por mortales y semi dioses sin alterar la cadencia de la mitología.
Wallace, quien se suicidó a los 46 años en septiembre de 2008, también decìa en el ensayo que el suizo nunca está relacionado con malas noticias. A más de tres años del episodio de Tiger Woods, a quien Federer conoció justamente en Nueva York, sabemos que a Federer jamás le pasarìa lo que al golfista más célebre de la historia. Roger Federer es un encanto y eso ha producido un efecto hipnótico en las personas desde que se adueñó casi en exclusiva del liderazgo del tenis mundial en febrero de 2004. Nadie registra concientemente que pierde y eso que ahora sucede cada vez más seguido. Un fanático decía en Twitter que se definía como un espectador casi ciego del tenis: sólo lo ve cuando juega Federer.
"I shit in my pants. Sorry for my lenguage...", dijo en inglés mal hablado, en todo sentido, el letón Ernest Gulbis al explicar como se sentía en los 6 match points que tuvo contra Federer este martes en Roma. Federer entró al torneo en segunda ronda en su desembarco al polvo de ladrillo europeo. Gulbis precisó de varias oportunidades para cerrar el partido. Estaba en ventaja 5-4 y Federer quebró su saque salvando la situación. Normalmente Federer se alimenta de ese miedo a ganar que tienen sus adversarios cuando logran ponerlo contra las cuerdas. Extrañamente el número uno perdió su servicio de inmediato y otra vez quedó expuesto. Gulbis emanaba temor, nervios y ansiedad. Federer no pudo hacer nada con eso y perdió luego de un primer set de un juego bello y efectivo.
Su relación con la gira de canchas lentas ha sido traumática en toda su carrera y el panorama recién se despejó en 2009 cuando Robin Soderling sacó del camino a Nadal en Roland Garros y por fin Federer tuvo la zona liberada para consumar su hazaña definitiva. Pero todavía no pudo ganar Roma. El tenis presenta situaciones curiosas. No está escrito en ninguna parte, pero nadie se vuelve un dominador total del polvo de ladrillo si no levanta la copa en Roma. Quizás no tenga el valor contundente de otros resultados, pero si uno simbólico difìcil de transferir. Federer se fue muy pronto del Foro Itálico (al menos en singles) en una época en la que las caídas tempranas son frecuentes.
¿Indica eso algo en la carrera de Federer? No se sabe. Roger Federer ingresará en algún momento en una etapa de decadencia, aunque más no sea por cuestiones biológicas. Se adivina, sin embargo, que sus malos resultados convivirán con los buenos y que conformarán una larga curva con momentos estables y otros no tanto. Ya 2010 lo tiene como ganador en Australia con una actuación sobre Andy Murray tan apabullante que lo dejó al escocés con preguntas fatales sobre lo que debe cambiar en su juego. Federer se irá con un largo aliento que estará en frecuencia con su manera de competir. Siempre está descansado, elige sus torneos con criterio de gourmet. Juega poco y bueno. De acá a fin de año le quedan solamente ocho torneos, cuando da la impresión -derrotas mediante- que su temporada todavía no comenzó del todo. Físicamente no ha sufrido el rigor de la actividad y es atinado suponer que si está motivado, pasados los 30 años, tendrá resto como para continuar en el circuito con su fina estampa.
Los dos fenómenos pueden convivir en tiempo y espacio: la televisión en 3D y Roger Federer. Uno es el formato y el otro el contenido. Todo ser humano debería tener el derecho de ver una vez en su vida a Roger Federer en vivo en una cancha de tenis.
Las nuevas pantallas resolverían el asunto. Algunas derrotas tempranas sugieren que sería conveniente apurarse un poco. Especialmente para que la imagen no pierda calidad.