La imponencia de las sierras puntanas, el club house y una de las tres canchas; un sitio monumental para jugar al polo | Gentileza de Sandra Cadelago Por Xavier Prieto Astigarraga
De la Redacción de LA NACION
Cuentan que hace ocho meses el lugar era un monte casi impenetrable, que no se podía pasar en auto. El 16 de septiembre pasado entró la primera máquina, para empezar a convertir esa exuberancia de desprolija naturaleza en un pretencioso club de polo, en primera instancia. Y en un gran emprendimiento inmobiliario, a largo plazo.
Estancia Grande, la entidad que alberga el XXIII Campeonato Argentino del Interior con Handicap, está de estreno. Se erige sobre 160 hectáreas cedidas al nuevo municipio homónimo, camino a El Trapiche, pequeño suburbio de descanso de fin de semana o vacacional. Hasta allí se llega con una autopista típica de los pagos puntanos, de dos carriles por mano e iluminación, en medio de las sierras. A 38 kilómetros de la capital -20 minutos de viaje en coche- se levanta este sitio casi inverosímil, construido en tiempo récord y de instalaciones insólitamente dotadas.
Ejemplos. Para realizar las tres canchas que están escalonadas con diferencia de altura de 25 metros, se realizó un gigantesco movimiento de tierra, que, sumado el resto del terreno, totalizó casi 500.000 m3. Se debió reubicar una línea de alta tensión y desviar un acueducto que pasaba a por lo menos 80 metros para contar con agua. En ello, una queja de lugareños: en plena emergencia hídrica durante el verano, cuando estaba prohibido usar agua para, por caso, lavar el auto, desde la autopista se veía el riego de las canchas.
Se eligió a Francisco Dorignac, ex jugador de 10 goles de handicap, dos veces presidente de la Asociación Argentina de Polo y creador de este certamen en 1987, como consultor para el proyecto. Se contrató al ingeniero Alejandro Battro, el más prestigioso hacedor de canchas, y al arquitecto Hernán Elizalde, asesor del country Tortugas, y se encomendó la obra a la constructora local Rovella Carranza. Hay 60 corrales, grandes comodidades para petiseros, maquinaria. Y bastante arena, como para garantizar que se pueda jugar pese a eventuales lluvias, algo muy valioso para los extranjeros que vienen a pegarle a la bocha y se frustran cuando deben dejar el país sin haberlo hecho por culpa del clima. "Se dieron cuenta de que el polo es una industria sin chimeneas", aludió Dorignac al intendente local, Ricardo Videla, y el gobernador de San Luis, Alberto Rodríguez Saá, los factótum del emprendimiento, que más adelante tendrá un cuarto campo de juego, un hotel y hasta una pista de aterrizaje en el country o barrio cerrado que habrá allí.
¿La inversión? Nadie la informó, pero se habla de al menos 12.000.000 de dólares, surgidos de las arcas oficiales. En síntesis, un fastuoso proyecto nacido del polo, pero bien propio de San Luis.