Matías Rossi llevó a Chevrolet a la victoria, en una carrera por demás atractiva; Aventin intentó superarlo, pero se encontró con la resistencia de su oponente, que | Laura Cano - LA NACION Por Xavier Prieto Astigarraga
Enviado especial
TERMAS DE RIO HONDO, Santiago del Estero.- Era hora de que el Turismo Carretera entregara un espectáculo como el de ayer. La categoría que suele atraer por la paridad y los rueda a rueda venía desinflada últimamente en oferta visual, pero aquí se redimió con un mano a mano de esos que contienen el aliento, entre Matías Rossi y Diego Aventin, entre Chevrolet y Ford. Cuatro vueltas, las últimas, anduvieron que sí y que no El Granadero y El Pumita, con cambios de trayectoria, incertidumbre, curvas a la par y hasta un leve choque. Es cierto que en el giro final Aventin cedió algo en la presión, pero porque otro Falcon, el de Gabriel Ponce de León, se agregaba a la pelea. Aplausos. Muy lindo lo que entregaron, con bastante prolijidad y respeto al colega.
Venció Matías Rossi, nomás, que cortó una serie de casi 13 meses sin victorias en TC (12 de abril, en Río Cuarto). Ese, el 13, fue el número del día: es el que lleva el muchacho de Del Viso en los costados de su Chevy. ¿Un sacrílego, en un ambiente pleno de cábalas? De algún modo, sí. De hecho, el automovilismo en general ahuyenta esa cifra. La Fórmula 1, directamente, no la usa, no hay autos Nº 13 en la categoría más importante del mundo. Otras especialidades dejan a elección de los pilotos aceptar o rechazar la cifra en cuestión como la que los identificará durante toda una temporada, y en muchos casos nadie corre con el mal afamado 13.
A Rossi le tocó en TC en 2010 por haber concluido decimotercero en el campeonato de 2009. Y no le importó. "No creo en la suerte ni en las cábalas; no tengo ninguna. No pasa por ahí", descartó Matías ayer, tras lograr un triunfo en el que debió trajinar por... mala fortuna. Venía cómodo el piloto de 26 años, con una estable ventaja sobre Mariano Werner, cuando entró en escena el auto de seguridad en la octava vuelta (de 25), por un despiste del Chevrolet de Christian Ledesma, el entonces puntero del certamen ("se pasó [Maximiliano] Juan en un frenaje", explicó el marplatense). La pausa le cayó mal al coche de Rossi, que perdió rendimiento. "Avisé al equipo que me parecía que tenía un neumático pinchado; el auto se me iba a todos lados. Tuve que hacer muy lentas las últimas vueltas", explicó Rossi. Desde boxes le dijeron que no había tal pinchazo, que siguiera. En realidad, fallaba la rueda trasera izquierda porque perdía aceite un retén. Y en esas condiciones debía aguantar el ataque de Aventin, que había dejado atrás a Mariano Werner (Ford), atacó en el giro 12, descansó y volvió a la carga en el 22°.
Diego lo apuraba en el sector trabado del circuito, pero sin desesperarse. Le mostraba el Ford por un lado para ir por el otro, doblaba redondo para hacerle la tijera (mostrarse por un costado y superarlo por el otro) a un rival exigido y salido de las trayectorias ideales. Pero tampoco Matías se desbordó. Cerró bien la puerta en cada zona y tuvo la inteligencia de conservar el costado del asfalto que le garantizaba la cuerda en la curva siguiente. "Yo defiendo y ataco hasta lo último. Al defender, la clave es estar tranquilo y no tratar de escapar, porque en ese caso se termina con un trompo. Hay que manejar lento y prolijo, para no hacer maniobras ilegales", apuntó.
Eso sí: ambos protagonizaron algo más que un roce, cuando Aventin engañó al puntero y se mandó por dentro y Rossi lo cerró para tomar el giro a la derecha y se golpearon suavemente. Uno y otro se empaparían de champagne en el podio, sin problemas, y para el ganador fue un "toque de carrera", aunque quedó cierta duda sobre la legitimidad de la tapada del puntero.
Y cuando la lucha prometía ponerse mejor, porque se sumó Ponce de León, cayó la bandera cuadriculada. "Fue un carrerón, en un circuito ancho que se presta para maniobras. En condiciones normales tenía un poco más de ritmo que Diego, pero tras el pace car tuve que hacer muy lentas las últimas vueltas. Aguanté con lo justo; no sabría decir si habría durado una o dos vueltas más", comentó Rossi.
Casi un bicho raro en un mundo cabulero como pocos, El Granadero se sobrepuso al infortunio de una rueda y demostró que se puede ganar con el 13. En rigor, lo había dejado claro muchísimo antes, hace años. "Fue en karting bonaerense junior, con un coche que preparaba mi papá. Salí campeón con un auto Nº 13 y verde, color que supuestamente da mala suerte en los autos", sonrió Matías. El que ganó dos títulos de TC 2000 y está entre los mejores pilotos argentinos, y no de suerte...
5 los triunfos de Rossi en la categoría, sobre 108 participaciones (4,6% de eficacia). Mañana se cumplirán siete años del debut del conductor de Del Viso en el Turismo Carretera, en Buenos Aires; siempre corrió con Chevrolet. Fue subcampeón en 2007, detrás de Christian Ledesma, que fue avasallante.