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Sosa se escapa ante la marca de Guiñazú; Verón miraPORTO ALEGRE, Brasil.- En estos partidos de 180 minutos siempre es clave salir bien parado del primer desafío. Y a Estudiantes le faltaron tres minutos para que su plan sea perfecto. Un cabezazo de Gonzalo Sorondo a los 42 minutos de la etapa final privó al equipo argentino de un valioso empate en la inmensidad del estadio Beira Río, de Porto Alegre. Inter le ganó 1-0 en el partido de ida por los cuartos de final de la Copa Libertadores, una ventaja que la revancha del próximo jueves dirá si es suficiente o si resulta corta.
El planteo de Estudiantes fue perfecto en el comienzo del partido. Había que luchar contra demasiadas cosas: un rival peligroso, un campo de juego gigante, 45.000 personas que gritaron hasta quedar sin voz, el cansancio por los partidos acumulados y la ausencia del emblema de la lucha del equipo, como es Rodrigo Braña. Por eso el entrenador Alejandro Sabella decidió un esquema con cinco defensores (aunque Clemente Rodríguez se movía más por el centro de la cancha que por la última línea), y con un delantero solo, Mauro Boselli, ya que José Sosa se retrasaba un poco para unirse al súper poblado medio campo.
Si bien se puede objetar cierta falta de apuesta ofensiva, tácticamente fue todo perfecto en el inicio. Con un enorme despliegue de Juan Sebastián Verón, quien nunca se equivocó en el pase a un compañero, el equipo argentino tuvo mucho más la pelota, y salvo alguna jugada inconclusa por parte de los brasileños, Orion ni siquiera sufrió. Es que Inter, con dos delanteros netos y dos volantes de creación, más todo el empuje de su gente, no tuvo una ocasión clara de gol en la primera parte. Por otra parte, es cierto que el espectáculo perdió en calidad, ya que faltaron emociones de los dos lados.
El ajedrez del partido no se movió ni un escaque cuando volvieron del vestuario. Se percibió una mayor presión de Inter, obligado a conseguir un mejor resultado o, cuanto menos, dejar una mejor impresión que la tibieza que mostraba. Sus llegadas eran inofensivas, con falta de fuerza y potencia. Mientras, Estudiantes tenía alguna ocasión en su favor, como un remate alto de Enzo Pérez desde buena posición cuando el reloj marcaba los 12 minutos de la segunda mitad. O, poco después, un cabezazo de Mauro Boselli contenido sin dificultades por Roberto Abbondanzieri.
Sólo a los 21 minutos inquietó en serio Inter, y por duplicado. Primero, con un frentazo franco de Alecsandro que obligó a una extraordinaria respuesta de Orion. En la jugada siguiente, de nuevo el arquero se jugó para evitar que Andrezinho conectara la pelota en el área chica con destino de gol.
Inter inclinó algo más la cancha. En una decisión al menos cuestionable, Jorge Fosatti sacó a Andrés D´Alessandro, uno de los pocos que aportaba cierta claridad en la oscuridad ofensiva que mostraba Inter. El mensaje era claro: menos toque y más centros, más presión. Así fue que llegó el cabezazo de Sorondo, mal marcado en defensa para desviar una pelota parada, y darle la victoria a los brasileños.
Lo de Estudiantes fue casi perfecto. Pero, en el fútbol, la palabra casi no tiene valor.