Por Maximiliano Boso
Enviado especial
PARIS.- Esta ciudad siempre tuvo un lugar especial en el corazón argentino. Se podría hablar de infinidad de razones, pero si el tema es el tenis, el parentesco es evidente: el polvo de ladrillo es el hogar donde todos los que alguna vez empuñaron una raqueta le dieron rienda suelta a sus ilusiones. Por eso, Roland Garros, la meca mundial de la tierra naranja, no será lo mismo esta vez en que las esperanzas argentinas se ven reducidas en número: sin los mejores exponentes, como Juan Martín del Potro y David Nalbandian, lesionados, serán cinco varones y una muchacha los que cargarán la bandera celeste y blanca desde hoy, cuando comience por 109» vez este certamen. Juan Mónaco, Juan Ignacio Chela, Leonardo Mayer, Horacio Zeballos, Eduardo Schwank y Gisela Dulko, de ellos se trata, empezarán a darle vida argentina a este torneo que por cuarta vez comenzará un domingo. Dulko será la primera compatriota en salir al ruedo, con un nada sencillo compromiso ante la bielorrusa Victoria Azarenka, 10» favorita y 11» del mundo. Además, Juan Ignacio Chela (48°) se medirá con el norteamericano Ryan Sweeting.
La jerarquía de los protagonistas fue diversa durante las últimas décadas, pero el número casi siempre fue un estandarte. Los datos de este año sólo encuentran tope en 1980, cuando hubo un argentino menos en los cuadros principales de varones y mujeres. Aquel año, los cinco elegidos fueron Guillermo Vilas, José Luis Clerc y Carlos Gattiker, entre los hombres, y Claudia Casabianca e Ivanna Madruga, entre las mujeres. En 1998, hace 12 años, hubo un varón menos que esta vez. Y pasaron 18 años desde el récord absoluto para nuestro país, en 1992, cuando 18 compatriotas iban y venían en las horas previas al torneo.
Pero más marcado es aún el contraste con las últimas temporadas, en las que lo que se conoció como la Legión Argentina competía con la Armada Española en la temporada europea de polvo de ladrillo, la más importante. En 2007, nuestro país llegó a tener un récord de 15 varones, además de Dulko, siempre bastante sola entre las chicas desde que Paola Suárez colgó la raqueta.
Y apenas tres años antes, en 2004, aunque sin récord, fue el apogeo, el éxtasis argentino en París: la final dramática que Gastón Gaudio le ganó al número puesto , Guillermo Coria. A lo que hay que agregar a David Nalbandian, que completó el trío en semifinales, que no fue póquer porque Juan Ignacio Chela cayó en los cuartos de final ante Tim Henman. Encima, Suárez, que ya era referente entre las doblistas, también trepó hasta las semifinales en singles y luego fue top ten.
Estos son apenas algunos antecedentes, sólo referidos a lo sucedido en este recinto que, ante los embates del negocio y la expansión, lucha por extender una vida que nació en 1925.
No es fácil aceptar la realidad, pero así es. Tampoco es un drama, sino que es normal que después de períodos tan florecientes haya un tiempo de recambio. Lo viene diciendo Modesto Vázquez, el capitán de la Copa Davis y máximo responsable del desarrollo del tenis de nuestro país. Y ya se lo plantea España, que vislumbra un panorama ciertamente sórdido detrás de Rafael Nadal.
Entre retiros, dudas e intentos sin éxito, ya no están en los primeros planos Guillermo Coria, Gastón Gaudio, Agustín Calleri, Guillermo Cañas, Mariano Zabaleta y Mariano Puerta. Esto se combinó con una situación particular, que tiene que ver con las ausencias de Del Potro y Nalbandian. El primero se recupera de una operación en la muñeca derecha, y el único torneo que disputó este año fue el Abierto de Australia; su regreso podría darse recién después del Abierto de los Estados Unidos. El unquillense lucha para curar un cuerpo que, tras nueve meses de ausencia por una operación de cadera, en cuatro torneos no paró de acumular desgarros, que sólo le permitirían volver en Wimbledon. La exigencia entre los hombres es severa y no permite alejamientos importantes sin costos de similar nivel.
La clasificación era otro filtro por el que solían meterse dos o tres compatriotas. Incluso, en esta ocasión hubo una cifra realmente importante: participaron diez, con nombres destacados como de Gaudio, José Acasuso y Martín Vassallo Argüello. Pero de ellos, sólo Chucho, que está volviendo tras de una operación de rodilla, y Carlos Berlocq, alcanzaron la última rueda... y hasta allí llegaron.
Para Ernest Hemingway, aún en una época de bolsillos flacos y de supervivencia, París era siempre una fiesta, un regocijo para el espíritu. Así fue casi siempre para los argentinos. No será en esta ocasión.