MONTEVIDEO (De nuestro corresponsal).- A la hora de los discursos, los futbolistas uruguayos agradecieron, y con aliento de unos a otros. El capitán Diego Lugano pidió varias veces el canto de "¡olé, olé, olé, olá..!" seguido por el nombre o apodo de sus compañeros.
La multitud también entonó el "¡No se va, Tabárez no se va, no se va, Tabárez no se va!". Y el maestro dijo lo que todos sentían: "Estamos sorprendidos, asombrados, impactados, emocionados, pero sobre todo estamos agradecidos, muy agradecidos. Está muy bien festejar triunfos, pero el mensaje que quiero dejar es que no nos quedemos sólo con los resultados para valorar lo que se hace", agregó el DT uruguayo.
El capitán Diego Lugano reclamó que el festejo "no pase al olvido" y se apoye siempre al deporte. "Esto que nos están regalando es mucho más de lo que merecemos; hicimos lo que cualquier jugador haría, dar la vida por la camiseta, por la historia y darle una alegría a la gente", comentó el capitán.
Sebastián Abreu hizo de animador y bromeó, pero también habló en serio. "Nuestros abuelos nos contaban que históricamente sucedían estas cosas, pero ahora también un jugador se fracturó y siguió jugando", dijo como homenaje a Nicolás Lodeiro.
Luego elogió a Luis Suárez por la famosa mano en el final del alargue contra Ghana y finalmente presentó a Forlán. "El orgullo más grande que tenemos todos, la frutilla de la torta es tener al mejor jugador del mundo en Uruguay, que es Diego Forlán", dijo Abreu. "Lo gané gracias a ellos, a la unión en el grupo", dijo Forlán, señalando a todos sus compañeros. Y llegaron las medallas. Y los aviones celestes que sobrevolaban el Palacio para cerrar un día inolvidable.