SAINT ANDREWS (EFE).- El golf es sinónimo de intemperie, y ésta, de sol o lluvia, calor o frío. O peor aún, de viento, a veces casi huracanado, como el que se desató ayer aquí luego de que el sorprendente Louis Oosthuizen concluyera la segunda vuelta.
El swing de Oosthuizen quedó a salvo del vendaval y se convirtió en el nuevo líder del tercer major del año, tras un segundo giro de 67 golpes (-5) y un total de 132 (-12), que iguala el récord del Abierto Británico después de 36 hoyos.
El sudafricano de 27 años, que inauguró su foja de títulos este año al consagrarse en marzo en el Abierto de Andalucía (Tour Europeo) aventaja por 5 al veterano de turno , Mark Calcavecchia, campeón en el certamen de 1989 y que también triunfó en el Abierto de la República en 1993 y 1995.
Cuando Oosthuizen ya había firmado su tarjeta y la paz, moderada, dominaba aún el cielo del mítico campo de la costa escocesa, irrumpió la mejor defensa de este recorrido: las aspas del anemómetro de Saint Andrews comenzaron a girar sin preaviso y de forma vertiginosa. La energía eólica fue de tal calibre que las pelotitas comenzaron a moverse solas en los greens. Y, claro, así no hubo forma humana de proseguir el juego. Los 64 kilómetros por hora del viento escocés obligaron a parar toda la actividad durante una hora.
Para entonces, Oosthuizen se frotaba los ojos, incrédulo, ante sus números en la meca del golf. El sudafricano, que en sus ocho participaciones previas en torneos de Grand Slam sólo había atravesado un corte, se veía líder, empatando los mejores registros de la historia del torneo tras dos jornadas y con una ventaja holgada sobre sus inmediatos perseguidores.
Pero aún mejor para el disfrute del líder, Oosthuizen comprobó cómo el viento desató la locura de los favoritos. El norirlandés Rory McIlroy, puntero récord hasta el primer día, sucumbió con un score de 80 (+8), nada menos que 17 golpes más que en esa vuelta inaugural. Tiger Woods no trascendió con su registro de 73 (+1), mientras que el sudafricano Ernie Els, otro notable, se despidió con una muy mal giro de 79.
La nota emotiva del día estuvo dada por el adiós a Saint Andrews de Tom Watson, ganador de cinco British . Poco antes de concretar un birdie en el 18 y totalizar 148 (73-75), saludó desde el legendario puente Swilcan alzando su gorra. Luego, el viejo Tom confesó: "La primera vez que jugué aquí no me gustó. Pero aprendí a querer este campo y, eventualmente, a amarlo". Hoy continuará esta ruleta rusa del British.
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