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Por Francisco Schiavo
Enviado especial
DUBLIN.- Cuando pasa de largo toda la controversia que envolvió al seleccionado argentino desde la misma eliminación de Sudáfrica, se agudiza el ojo futbolístico. Al menos en lo que la óptica de un partido amistoso en plena pretemporada europea puede dejarle. Hubo una Copa del Mundo en la que la camiseta celeste y blanca terminó retorcida de dolor con una goleada en la que no encontró respuestas con la pelota. Hay una etapa que empezó ayer y que busca cambios. Y algo de eso dejó traslucir la victoria contra Irlanda, en la que por momentos se vio el "juego más pausado" y el "dominio de pelota" con el que busca identificarse Batista. Algo de eso, también, contienen las palabras de Messi que luego se escucharían en los vestuarios.
Antes de seguir hay que definir los parámetros del partido. Se dijo: un partido post pretemporada, con los músculos aún adormecidos en busca de la mejor condición física. Con el agregado de la carga emotiva que puede llevar ser el primero después del Mundial y con los hombros pesados después de tantos problemas internos. El rival, un equipo inferior y algo tosco, también tuvo su incidencia directa. A trasluz surgen las comparaciones. De aquel equipo que se despidió de Sudáfrica cuando nadie lo pensaba. a este que intentará reconstruirse sobre sus escombros.
El gol de la Argentina frente a Irlanda (TyC Sports)1- La distribución de las fichas. Tal como se anunció antes del amistoso, Batista cambió el esquema táctico. En busca de adueñarse de la pelota utilizó un 4-1-4-1, aunque más flexible de lo previsto y más adelante se explicará porqué. La Argentina consiguió lo que quería y mostró una interesante tenencia de la pelota en el primer tiempo, hasta donde le aguantó el físico. Hubo toques cortos hasta cuando Irlanda se recostó con demasiada gente en su campo. Aunque a veces se superpuso en algunas posiciones, logró fabricarse espacios. De ritmo medido (tanto que a veces pareció lento) y movimientos pensados, se impusieron los pases y los cambios de frente de los argentinos.
2- Lo que no cambió. Los movimientos defensivos fueron guiados por cuatro marcadores centrales: Burdisso, Demichelis, Samuel y Heinze. Con un buen promedio de altura, eso le dio firmeza en el juego aéreo en la primera etapa. Después, con los cambios y el cansancio, se desnaturalizó algo en el final, cuando Irlanda estuvo cerca del empate con Keogh y McShane. Conviene hacer la salvedad que los irlandeses no tuvieron argumentos en eso del juego elaborado. Con gestos rústicos apostaron por la potencia física y se entregaron al atrevimiento de Keane. Sin duda, la última línea argentina no debió esforzarse demasiado hasta los instantes finales. El arquero Romero, correcto en algún centro aislado, tocó la pelota apenas en algún saque de arco. Las proyecciones en el primer tiempo estuvieron a cargo de Heinze. En la segunda parte, con el ingreso de Zabaleta por Burdisso y de Insúa por Heinze perdió algo de firmeza.
3- La posición de Mascherano, diferente balance. El capitán se desdobló en su función. Acaso lo más llamativo se haya visto cuando el seleccionado argentino se replegó. El volante central retrocedió hasta la línea de los zagueros y quedó entre Demichelis y Samuel. Con el conjunto en ataque no se movió más allá del círculo central, de no ser por algún tiro libre desde alguna posición favorable para el rebote. Ordenó y gritó como siempre, sobre todo en los momentos de los relevos que debían hacer Gago y Banega, de pases certeros, aunque tal vez demasiado contenidos como para acompañar las jugadas de ataque. Sólo quedó en la libreta un fuerte tiro de Gago que casi se le escapó al arquero Given.
4- Otra avanzada ofensiva, más pausa. Es en este punto cuando se retoma la flexibilidad del esquema, ya que en la mayoría de los casos los en teoría mediocampistas externos, Messi y Di María, se convirtieron en verdaderos atacantes y acompañaron a Higuaín, que funcionó como pivote. Así fue como llegó la conquista en el primer tiempo, después de un pelotazo largo, y pese al off side de Higuaín, Di María anotó con una emboquillada. ¿Y Messi? Se destacó en la función de distribuidor, con pelotas profundas y en diagonal. Fue de lo mejor. Así habilitó dos veces a Di María, que se demoró en el remate, y a Milito (reemplazó a Higuaín), que no supo cómo resolver un mano a mano. También tuvo algunos remates bien resueltos por Given. Como se suponía de antemano, Messi jugó 57 minutos y Lavezzi recorrió esa zona.
Son los primeros bocetos de Batista. La Argentina está en una lenta modificación que más adelante profundizará sus apuestas.