En el Ankara Arena se trabaja contrarreloj para llegar con las instalaciones en un óptimo estado | Fernando Massobrio - LA NACIONANKARA.- Los turcos cerca estuvieron de perder la sede del Mundial hace poco más de un año por impuntualidad en la construcción de los estadios que serían sede del acontecimiento. Algunos debían remodelarlos y otros, como el de esta ciudad y el de Kayseri, donde jugará la Argentina, tenían que hacerlos a nuevo. Luego de varias inspecciones, la FIBA confirmó la designación y elogió el trabajo de los directivos de este país.
La sorpresa nos la llevamos ayer, cuando al visitar el escenario de la Copa Efes Pilsen, que servirá de torneo inaugural para el Ankara Sport Salón, conocido también como el Ankara Arena, donde se disputará el Grupo C, los operarios andaban aún corriendo y tratando de hacer funcionar todo. Las mismas escalinatas de ingreso, con resto de cemento por doquier, escombros y grandes baches difíciles de sortear, demostraron que si se llega a terminar la obra para el 28 del actual, será casi sobre la hora.
El Ankara Arena, por dentroOlor a pintura y mucho polvillo en el aire acentuaron aquella sensación cuando ingresamos en el escenario que, de todos modos, luce amplio y funcional, con enormes tribunas y plateas muy cómodas, con capacidad para 10.400 espectadores. De afuera aparece como una mole imponente, con un techo espectacular y se destaca en medio de la zona urbana llamada Ulus, muy cercana al centro antiguo y donde también se encuentra el estadio de fútbol municipal y un enorme parque de diversiones.
"Todavía no lo inauguraron, pero lo construyeron muy rápido. Turquía se destaca por tener grandes empresas internacionales de construcción. Y se nota en el crecimiento acelerado de la ciudad, que sigue extendiéndose", contó Marcelo Appelhans, secretario del embajador argentino, Armando Maffei.
Acreditarse no fue fácil, los voluntarios todavía no estaban seguros de qué tecla debían apretar para editar las fotos ni se sabía si hoy existiría conexión inalámbrica de Internet. No es la previsión y el orden un privilegio de los turcos, mucho menos en el tránsito, donde parece que todo vale y los abollones en las intrincadas calles son una costumbre, entre otras cosas porque también suelen andar apresurados.
Aquí habrá que olvidarse del aliento argentino porque sólo seis compatriotas están radicados en esta ciudad y en el país no superan los 40. Ni siquiera existe una sola familia totalmente argentina; muchas son mujeres casadas con turcos.
Volviendo al estadio, hay que resaltar la mala puntería de los encargados del marketing y la promoción del Mundial. Confeccionaron gigantografias, ploteados y grandes frisos con la silueta de las estrellas del básquetbol, pero casualmente la mayoría estará ausente del certamen. En el ingreso al estadio de Ankara colgaron un enorme cartel, de unos 30 metros de largo, con la cara de muchos que no vendrán, como Tony Parker, Andrew Bogut, Kobe Bryant, Andrei Kirilenko, Mehmet Okur, Pau Gasol y Dirk Nowitzki.
No acertaron ni el 20 por ciento. Justo cuando quisieron ser previsores y hacer algo con mucho tiempo de antelación, les salió mal. Insólito.