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Por Claudio Mauri
LA NACION
Por todos los padecimientos deportivos y futbolísticos de los últimos dos años, River no necesita que nadie le explique lo que significa sufrir, estar angustiado, sentir un nudo en la garganta o el estómago cerrado. Lo que River está aprendiendo ahora es a diferenciar las diferentes categorías de sufrimiento. Está curtido en un sufrimiento negativo, doloroso, vinculado con los malos resultados, la mediocridad en el juego, el desvarío institucional. En tres fechas del Apertura, River puede dar fe de que existe otra clase de sufrimiento, positivo, que deja un margen para la ilusión y el entusiasmo. Pasado ese sufrimiento, aparecen el desahogo, el alivio, no la tristeza y el pesimismo de los últimos tiempos. Volvió a ganar, pero también a estar pendiente del reloj y de que la última pelota no se transformara en la decepción del empate. Como ante Tigre y Huracán, River venció a Independiente con el corazón en la boca, pero con la recompensa de que el alma le vuelve al cuerpo para seguir dándole forma a lo que se insinúa como una reconstrucción.
River empieza a ser un equipo reconocible, con sus virtudes y defectos. Independiente anda a tientas, desorientado, en retroceso cuando se lo compara con el perfil que tenía con Gallego.
Ayer, River le dio continuidad y algo más de vuelo a la idea de juego que viene exponiendo. El progreso es posible porque parece haber encontrado el esquema y los intérpretes. Están bien cubiertos los casilleros del arco y la defensa. Corrigió el embudo al que se había condenado ante Tigre con los ingresos de Affranchino y Pereyra, dos volantes externos livianos, quienes también se cierran para ayudar y cubrir espacios. La confianza creciente y las sensaciones positivas crean las mejores condiciones para que los juveniles se suelten y sean atrevidos con la pelota. Ayer no estuvo el suspendido Ortega, pero el pibe Lanzini confirmó las buenas impresiones que había entregado en los amistosos en Salta. Le sobra gambeta, pero no se regodea esquivando rivales; levanta la cabeza y tiene panorama para asociarse en el toque y buscar al compañero desmarcado. Hace una lectura del juego más avanzada y profunda de lo que indican sus 17 años. Es la clase de futbolista que el paladar de Cappa no tarda en detectar.
Apertura 2010: los goles de River vs. Independiente (Canal 7)
Independiente flaqueó en el medio campo. No tuvo quite ni conducción. Godoy se veía sobrepasado, sin saber si debía tapar a Buonanotte o Lanzini, quienes le zumbaban alrededor. River se afirmaba en el pase y la posesión, mientras Gracián no aparecía para darle un respiro a Independiente, que igual buscaba el ataque de manera más directa, con menos elaboración.
Cuando un equipo se libera y saca lo mejor de sí mismo, las circunstancias que pueden ser banales se transforman en decisivas. Una defectuosa definición de Maidana fue el prólogo del primero gol de Funes Mori, cuyo olfato e intuición lo llevaron a aparecer por detrás de todos para corregir la dirección. River está lanzado, se mueve en la línea del offside y saca provecho. En los tres goles, los autores estuvieron en el límite del fuera de juego (en el segundo gol, Funes Mori estaba unos centímetros adelantado).
No hubo tiempo de saber si el empate de Independiente (muy buen quite y asistencia de Mareque a Silvera, cuyo zurdazo cruzado fue impecable) afectaría a River. Enseguida desniveló Funes Mori. River inflaba el pecho: Lanzini y Buonanotte armaron la pared que derivó hacia la proyección de Ferrari. En la floja respuesta de Gabbarini, uno de los pilares en el anterior torneo, también se encuentra una de las explicaciones de este chato Independiente.
River bajó la intensidad en el segundo tiempo. Quiso controlar la pelota, y por momentos lo hizo, pero le faltó chispa, fue menos agresivo. Independiente, muy lentamente, reaccionó. Llevó peligro con varios cabezazos. Uno de Mancuello dio en un poste y le rebotó a Carrizo. Fue el descuento. Quedaban tres minutos y Carrizo evitó el empate con una gran atajada a Silvera.
Para River, la palabra promoción va dejando de tener connotaciones funestas, relacionadas con el descenso. Descubrió que una de sus acepciones en el diccionario puede ser premonitoria de su destino: "Elevación o mejora de las condiciones de vida, productividad, etc.".
196 los minutos que Carrizo llevaba sin recibir goles; mantuvo el arco invicto ante Tigre y Huracán; Silvera ayer le cortó la serie