Por Claudio Mauri
LA NACION
Lionel Messi, después del amistoso ante Irlanda, aseguró que se sentía "cómodo" con el nuevo esquema del seleccionado de Batista porque se parecía al de Barcelona. Fue una declaración de buenas intenciones, el comienzo de una ilusión, una más tras la decepción del Mundial. Mucho más falta para que el rosarino experimente con la camiseta argentina el mismo confort y placer que disfruta con la azulgrana. Con Barcelona, Messi es como si estuviera en su casa, rodeado de sus mayores afectos futbolísticos, de los compañeros que mejor lo entienden y más lo comprenden. A varios de ellos, los conoce de hace mucho, cuando era un adolescente. Se entienden con una mirada y se comunican con el lenguaje del pase, la asociación, la combinación colectiva. El jefe de casa, Guardiola, los tiene tan bien educados que nunca falta la oportunidad para festejar por un nuevo título.
Ayer, una conocida dinámica se repitió con Messi. A los claroscuros que impregnan su participación en la Argentina, Leo los contrarresta con el brillo que exhibe en Barcelona. Tras la sequía del Mundial (cinco partidos sin goles, a los que podría agregarse los 57 minutos del último amistoso con Irlanda), Messi recuperó el esplendor goleador con Barcelona. Hizo tres en el 4 a 1 sobre Sevilla, con lo cual Barcelona obtuvo la Supercopa de España (enfrenta al ganador de la Liga con el de la Copa del Rey), el primer título oficial de la temporada. En el Camp Nou, el equipo de Guardiola neutralizó la derrota 3 a 1 de la ida, cuando la mitad de la formación estuvo integrada por juveniles y Messi ingresó un rato en el segundo tiempo.
Si hay algo que distingue a Barcelona es la coherencia y la continuidad de un estilo. Desde hace dos años, es el mejor equipo del mundo, el modelo que copió el seleccionado de España para consagrarse hace algo más de dos meses en Sudáfrica. Los once titulares de la final de ayer ya estaban en el plantel la temporada pasada. No necesita empezar de vuelta cada doce meses porque tiene una base y una filosofía de juego muy definidas. A los 12 minutos de la segunda etapa, entró Villa, uno de los dos refuerzos. Más allá de su condición de figura internacional, el delantero no llega como un salvador, ya que Barcelona se sostiene y crece con el aporte de todos. Algunas de esas contribuciones son superlativas, como la de Messi, punto final ayer para las estupendas jugadas que se creaban a sus espaldas.
Barcelona se puso en ventaja con un gol en contra de Konko. Después fue momento para el concierto de Messi. En el primero, acompañó la formidable proyección de Dani Alves y definió con un derechazo alto, al anticiparse a un defensor. En los otros dos tantos, estableció esa conexión mágica con las dos mentes brillantes de Barcelona: Xavi e Iniesta, impecables asistentes de Messi.
"Estoy buscando ritmo, por momentos me cansé", dijo claramente el argentino tras la goleada. Torció el gesto cuando se le planteó la comparación inevitable: "Soy el mismo en Barcelona y en la Argentina. A veces me sale bien y en otras, mal. Estoy cansado de responder siempre lo mismo".
6 las veces que Messi hizo tres goles en un partido para Barcelona. Marcó cuatro en una oportunidad, ante Arsenal, por la Liga de Campeones.