Casi todo el año fue "duro" para Juan Mónaco. Para evitar una operación en la muñeca izquierda, probó de todo, hasta que paró después de Roland Garros. Volvió hace poco, en Cincinnati. Trata de controlar la ansiedad, porque como él mismo dice "Pico Mónaco es sinónimo", y porque no niega que "es cierto que por ahí en el medio del partido te ratoneás un poco", pensando en si esta vez se sentirá definitivamente bien.
Está en eso mientras espera, ya en Nueva York, su debut en el US Open. Pero antes habló con La Nacion de cosas que cualquier jugador se plantea en el promedio de su carrera: ni más ni menos que la diferencia entre los sueños de los 18 años y la realidad de los 26, mirando hacia el futuro.
"Siento que estoy en la mitad de mi carrera, que puedo rendir cuatro o cinco años más. Físicamente tengo buena genética. Mentalmente me siento bien, con experiencia. Por hache o por be, cuando estuve entre los 20 mejores aparecieron algunos problemas físicos que no me dejaron ver exactamente cuál era mi techo. Tuve neumonía, me rompí los ligamentos de un tobillo. Entonces, internamente siento que me debo algo a mí mismo. Aprendí muchísimo. Lo que tengo que hacer es realizarlo.
-¿En qué momento un jugador dice: "Ok, soy bueno, pero no llego a ser top ten o ganar un Grand Slam"? ¿Tus sueños son alcanzables?
-Cuando uno es chico es inconsciente. A los 18 o 19 años soñaba con ganar un Grand Slam, con ser número 1. Está claro que a los 26 años, con siete en el circuito, sabiendo lo que puedo rendir, no te voy a decir que voy a ser N° 1 o ganar un Grand Slam. Sí sueño con meter dos tremendas de Grand Slam, hacer semifinales. Lo hice en una semana, necesito dos. Y creo que top ten puedo ser. Top 5 es muy complicado, pero puedo tocar el top ten y voy a luchar por eso hasta el final.
-Está claro que no ser top 10 no significa ser un mal jugador.
-Por supuesto. Almagro es un crack, pero del 11 no pasó. Yo estuve 14, también muy cerca. El circuito es muy exigente y hay jugadores de mucho nivel, sobre todo los primeros tres o cuatro, pero después es todo ganable. Melzer hizo semifinales de Roland Garros y yo le gané varias veces. Entonces, ¿por qué no voy a poder? Es un espejo. Yo apuesto a eso.
-¿En qué momento te diste cuenta de que ya no ibas a llegar al techo imaginado? ¿Es un proceso?
-Te vas dando cuenta de que hay jugadores diferentes, que compiten distinto, que manejan la presión de otra manera. A mí mismo no me miento. Sé lo que puedo dar. Yo no te voy a decir que quiero ser top 10 durante cuatro años. Pero tampoco sé cuál es mi límite.
-También te falta un gran triunfo en la Davis.
-Siempre me tocaron partidos en superficies que no eran las mías, nunca un gran jugador en Buenos Aires, porque me encanta jugar de local, lo demostré. Quiero jugar con un Parque Roca que explote contra un top 10 y en polvo de ladrillo. De visitante y en rápidas puedo dar lo mejor, pero puedo ganar o perder. Me encantaría jugar una final de local.
-¿El jugador argentino entendió que debe formar un grupo aunque luego alguno se quede afuera?
-A ver... está claro que cuanto más unidad hay y menor sea el prestigio del equipo, la unión forma un equipo, como pasó este año.
-O sea, cuando hay menos egos.
-Sí, cuando hay menos egos se busca la unión, se busca formar un buen equipo y este año se dio el resultado, no sé si por casualidad o causalidad. Hay que imitar a los españoles. Yo los conozco y ellos están unidos.
-¿Están todos dispuestos a hacer lo necesario?
-Eso se lo tiene que plantear cada jugador. Yo digo que sí, hablo por mí. Si todo se habla desde el principio, no debería haber problemas. Después, el tema de los egos tal vez pueda pasar en un equipo con jugadores muy buenos, como en nuestro caso son Nalbandian y Del Potro. Puede que haya diferencias, porque tienen sus presiones, sus calendarios armados, sus objetivos. Pero todo es conversable.