"Siempre le hice frente a la adversidad, en las lesiones y en la vida", confesó Nalbandian - AFP Por Ariel Ruya
Enviado especial
NUEVA YORK.- Es un oasis de placer visual. Roger Federer se pasea como un lord : mide sus pasos y la pasarela, como si fuese un mar, se abre a sus pies. Murray se divierte, Cilic bromea. Un ejército de bellezas del Este se recuesta sobre un sillón. De pronto, el mundo se detiene: Maria Sharapova se pasea tal cual es. El Players Lounge es el sitio perfecto para el deleite del universo del tenis. Aquí está David Nalbandian. Bronceado en exceso, vestido con una campera blanca, bermudas beige y ojotas de cuero. "Poné: Estoy de vuelta", sugiere. Y lanza una carcajada en 30 minutos de charla intimista con LA NACION. Metido en su mundo, apenas un día antes del show de un nuevo US Open.
"Es exagerado decir que éste es el mejor año de mi carrera. En resultados, tuve otras temporadas mejores. Pero la vuelta es soñada, es excelente. Por todo lo que pasé, por la operación, por la incertidumbre de si volvía a jugar. Cómo iba a estar... Mi objetivo era estar entre los 30 a fin de año, para quedar dentro de los cabezas de serie en Australia y ya lo soy ahora, así que superé la expectativa. De no saber hacia dónde iba mi carrera a este volver a vivir? Es fuerte", advierte, minutos antes de un sushi con una bebida energizante.
"Tenía muchas dudas en el comienzo de 2010. Yo sabía que el polvo de ladrillo me iba a complicar. Tuve un desgarro detrás de otro. Mucha mala suerte. Me pregunté: ¿qué está pasando? No esperaba que fuera tan dura la primera parte del año. Y lo que vino de la Copa Davis en Rusia en adelante salió todo perfecto", explica, como si la temporada se dividiera en un antes y un después. En una delgada línea de tiempo.
-¿En algún momento sentiste que no podrías jugar más en el alto nivel?
-No, no. Y no pensé en largar nunca. Siempre fui optimista, nunca se me pasó por la cabeza. Si me hubiese pasado todo lo malo, como las lesiones, durante todo este año y parte del año que viene, ahí sí te diría que? pero no. Sabía que debía poner garra.
-¿Creés en el destino? ¿En eso de ser tocado por una varita mágica?
-No sé si soy un elegido. Pero siempre le hice frente a la adversidad. A las lesiones y en la vida misma. Me fui fortaleciendo. A veces digo: voy a jugarme. Fui en una pierna a Suecia y gané los dos partidos, el dobles y el single. Para la serie con Rusia, no fui a Wimbledon para entrenarme, llegué sin partidos y sin ritmo y gané. Son las ganas de competir, la obsesión que es la Davis. Tengo facilidad para sobreponerme a todo.
-Y no te quedás quieto nunca. Ni aun en los peores momentos.
-Jamás estuve sentado en el sillón viendo tele. Reunión, amigos, cine; no estuve corriendo cuando estaba lesionado, pero hacía cosas. Siempre hago algo, tal vez por eso tengo esa fuerza de voluntad. De darle para adelante.
-Seguís con los mismos sueños: un Grand Slam o la Copa Davis?
-No cambió nada: sigo queriendo ganar un Grand Slam y también la Davis. Estoy en condiciones todavía. Demostré que el nivel aún lo tengo. Y ganas. Estoy para volver a estar entre los mejores. Eso sí, sin lesiones.
"¿Sabés cómo va el básquet? ¿Se podrá cambiar esto?" El tono, típicamente cordobés del hombre de Unquillo, se sorprende: se ve por la pantalla un partido de tenis femenino de hace un par de años. Al rato, otra imagen surge en el exclusivo centro de tenistas: el Gran Roger ensaya tiro al blanco frente a la multitud consumista en el Arthur Ashe Kid´s Day. Algo así como "Tenis para todos". El Rey se ríe: "No le pega una?". Bastó que lo dijera para que el suizo perfeccionara su excelencia.
Las lesiones, David. Ese puñal que marea a todos. También al mejor. "Bueno, en ese sentido Rafa es un animal. El sí que no duerme, anda todo el día a mil. Más allá de su tema con las rodillas, es un superdotado de energía. Físicamente es tremendo. Es un ejemplo porque está en la cima y convive con dolores, con molestias. Tiene una energía tremenda: juega a la PlayStation y juega a morir. Es inhumano?", cuenta. Estira las piernas. Parecen infinitamente largas, cuando dice: "Estoy tranquilo, convencido. Es eso: estoy de vuelta?" Y cómo lo dice...
Nalbandian no le da lugar a la futurología: "Un cruce con Nadal en cuartos sería genial. Pero falta? Me encantaría llegar a la final, también. Los partidos son largos, hace calor. Ojo con las sorpresas"