Por Miguel Romano
Enviado especial
KAYSERI.- Como se temía, el seleccionado nacional no sobrepasó el umbral del sacrificio que habitualmente lo lleva a entregar un ciento por ciento de esfuerzo y concentración, se sintió cómodo en el juego dinámico, distendido con lo que propuso el rival y no cumplió con la segunda premisa, que era darle descanso a los titulares y terminar de liberar de entumecimientos psicológicos a los debutantes en mundiales. Para ser más preciso, el cometido sólo lo consiguió en el último cuarto, cuando los titulares ajustaron la defensa, robaron balones, presionaron, sacaron la ventaja y le dieron vía libre a los sustitutos para que mostrasen las dotes que les permitieron ganarse un lugar en el plantel.
¿Por qué se preveía? Porque ya sucedió muchas veces, porque es normal en el deporte, porque el rival no era de temer, porque sabía que hoy disfrutaría de un día libre y porque después de dos noches consecutivas de grandes exigencias coronadas con triunfos, el relajamiento resultaría casi inevitable ¿Quién puede dar siempre lo máximo todos los días?
Por eso, el gesto adusto del Sergio Hernández, que recién dejó su asiento en el banco de los suplentes durante los últimos 10 minutos, y por eso también el sabor agridulce de haber ganado pero desperdiciando una oportunidad grande de crecer y madurar. De todos modos, el objetivo primario era el triunfo y se cumplió con creces, porque la Argentina venció cómodamente a Angola (91-70), mantuvo el primer puesto del Grupo A tras la 3a jornada y se clasificó para los octavos de final.
El fantástico arranque de Luis Scola (17 puntos en el primer cuarto), con su semi gancho en estado de perfección, permitió pensar en sacar una importante ventaja rápidamente; pero como la defensa fue liviana y los angoleños jugaron sin presiones, el ritmo se hizo veloz, desordenado y con ofensivas poco elaboradas. Algo, esto último, que siempre perjudica a los de Hernández. De todos modos, por la calidad de sus hombres, la selección estuvo casi siempre al frente, aunque cada vez que conseguía diez o doce puntos de diferencia, aparecían los triples de Olimpio Cipriano o Carlos Morais, para evitar una temprana definición. Incluso, los angoleños estuvieron 15 tantos abajo (60-45) y se repusieron en tres minutos para cerrar el tercer cuarto a cinco puntos (64-59).
En ese contexto, los suplentes poco pudieron aportar, aunque se advirtió a Paolo Quinteros más atrevido, a Juan Gutiérrez más confiado con el aro, a Luis Cequeira seguro en la conducción y hasta se produjo el debut mundialista de Marcos Mata, a 3m17s del final del primer tiempo.
El triunfo nunca pareció comprometido, pero recién en el último cuarto llegó lo esperado: Pancho Jasen metió su primer doble del partido, robó varios balones, encabezó contraataques, concretó una volcada y se animó a penetrar. Todas virtudes que no había terminado de mostrar en los anteriores partidos. También Quinteros hizo de las suyas y Cequeira dio un pequeño recital de movilidad, salto y velocidad (hasta metió un doble espectacular) en pocos minutos como para cerrar el juego a todo vapor y con una sonrisa, aunque no muy amplia. Está claro que los relevos pudieron cansarse por primera vez actuando cerca de 20 minutos cada uno, pero Scola y Delfino, los sostenes del equipo, volvieron a superar los 30 minutos.
"Nos es fácil jugar todos los días al ciento por ciento y los jugadores no tienen un botón al que apretar para que el equipo funcione como esperamos; además, entiendo que no tienen la intensidad de Indianápolis cuando tenían 20 años, pero tampoco debemos dejar jugar fácil a los rivales", dijo Hernández, evidentemente fastidioso.
No se consiguió todo lo deseado, pero a este equipo, después de lo que le pasó y lo que hizo hasta aquí, se lo puede disculpar, ya tendrá una nueva oportunidad mañana, contra Jordania, de definir rápido y ofrecerle más tiempo a los suplentes para que terminen de soltarse y cobrar confianza. Mientras se gane.
KAYSERI (De un enviado especial).- La evolución de la enterocolitis viral que sufre Fabricio Oberto mantiene preocupada a la delegación argentina. Ayer, antes del partido, el pivote cordobés volvió a tener 38°5 de fiebre, pero lo positivo es que retuvo un poco del líquido que ingirió. "Pensé en ponerle un poco de suero", dijo el médico del plantel, Diego Grippo. "Ahora hace falta que coma un poquito de arroz y no lo largue enseguida. Eso significaría que ya expulsó el virus y empieza la recuperación", agregó.
Oberto permanece en su habitación y escuchó los partidos contra Australia y el de anoche contra Angola en su computadora. "Sufrió bastante, pobre Fabri; encima, la transmisión venía con retardo", contó Carlos Henault, jefe de equipo.
También preocupa la posibilidad de contagio. Es que Oberto comparte la habitación con Carlos Delfino, figura inamovible del quinteto titular. "Pensamos en aislarlo, pero este tipo de contagios se producen hasta antes de que se declare la enfermedad; después es poco probable", agrego Grippo.
Cuando el equipo sale a entrenarse o a jugar los partidos, Oberto se queda con Carlos Montesano, abogado de la Asociación de Clubes.
Desde ya que a Montesano, una persona muy apreciada por todo el plantel, ya le dieron el monte de "la enfermera". No hay que perder el buen humor pese a la bronca que genera la afección del pivote.