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Pensar y jugar para sentirse más libres


Se disputó el primer torneo Intercarcelario en la provincia de Buenos Aires, con 100 presidiarios inscriptos; la posibilidad de distraerse por un dato de una dura realidad. Por Lucas Bertellotti  

17 de Septiembre de 2010 - 00:14
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Jonatan juega al ajedrez desde los cinco años, y se nota. Mueve rápido y con precisión. Entiende el juego de una manera diferente de sus rivales. Con las manos apoyadas sobre los costados de la cabeza, analiza cómo proteger al rey o la mejor manera de utilizar el alfil. Y gana. Se convierte en el primer campeón intercarcelario de la provincia de Buenos Aires. Recibe el trofeo triunfal mientras mira el piso, con timidez. Sus rivales lo aplauden. También los guardias, que observan con atención los movimientos de los internos. Parece feliz. Con cada jugada pudo escaparse a una realidad difícil de llevar, en la cárcel. Con cada victoria se acercó un poco más a la libertad.  

Se realizó en la provincia de Buenos Aires el primer torneo intercarcelario de ajedrez, organizado por la ONG Lasker y el municipio de Quilmes, con la intención de darles a los presos una herramienta de entretenimiento, pero también de acercamiento a la cultura y la educación. Participaron 1000 internos de 55 cárceles, en 10 complejos. La final se desarrolló en la Unidad 18 de Gorina, en La Plata, donde salieron los 10 mejores jugadores.  

"El ajedrez es una pasión. Me ayuda porque el juego, que está relacionado con la reflexión, se traslada a la vida diaria. Lo importante es usar esto para después no regresar a la cárcel", dice Jonatan, el campeón del torneo, de 33 años. Es alto y lleva un tatuaje con letras chinas en el costado izquierdo de su cuello. Recuerda con exactitud y no teme decir la razón por la que se encuentra encarcelado: robo calificado por el uso de armas y resistencia a la autoridad, el 6 julio de 2007. "Quiero cambiar y hacer las cosas bien porque creo que tengo capacidad para tener otro tipo de vida", expresa Jonatan, a quien todavía le queda un año y medio de prisión.  

En la escuela de la Unidad 18, de Gorina, donde se juegan las finales del torneo, no hay ruidos. El patio central está atravesado por mesas cuadradas y sillas enfrentadas. Todo está prolijamente acomodado y en buenas condiciones. Las partidas se desarrollan con tableros Staunton, los mismos que utilizan los jugadores profesionales. Cuando dos competidores terminan su partida, se levantan de su mesa y, sin demorarse y con mucha curiosidad, se acercan a ver otra.  

"El ajedrez es un ambiente de cordialidad, de tranquilidad, de pensar. El fútbol, para dar un ejemplo, es mucho más caliente. Esto no, esto es frío", dice Luis, de 59 años, que terminó segundo. Habla con claridad y serenidad. En la cárcel estudia la carrera de licenciatura en administración (rinde libre y está en tercer año) y da clases de alfabetización. "El día a día es muy complicado cuando estás encerrado. Esto me ayuda a tomarlo de otra manera", dice. No especifíca la razón por la que está encarcelado. Cuando se le pregunta, instintivamente baja la cabeza y comenta: "Fue una tragedia".  

Edgardo, de la Unidad 42, de Florencio Varela, sigue con bronca por haber salido tercero. Aclara que fue el único en vencer al campeón. Juega al ajedrez desde chico, y lo siente como una obsesión: "Es un deporte individualista, no existe otra cosa que ganar. Me enojo un poco conmigo mismo, porque soy un tipo perfeccionista". Y agrega: "Un detenido tiene que saber administrar el tiempo para poder llevar adelante la cárcel, para poder abstraerse". Tiene 60 años, goza de salidas para trabajar y estudia abogacía.  

Leandro, de 22 años, y William, de 37, comen unas empanadas mientras esperan ser trasladados a la Unidad 36, de Magdalena. Son extrovertidos. Hablan, ríen y gritan. Están contentos con el 7° y 8° puesto que consiguieron, respectivamente, ya que juegan hace sólo dos años. "Mientras jugamos podemos olvidarnos de dónde estamos. Practicamos unas tres horas por día. Estudiamos las jugadas y le dedicamos bastante tiempo", dice William. Y Leandro agrega: "Me sorprendió lo bien que nos trataron. Me gustaría poder seguir con el ajedrez, creo que en el futuro me va a ayudar".  

Al final de la jornada, un guardia se acerca a William y Leandro, los últimos "visitantes" que quedan en la Unidad 18. Con las caras serias, levantan los brazos hacia delante mientras los esposan. Caminan despacio hacia el camión de traslado para volver a un ambiente que está lejos de agradarles. Jugarán al ajedrez, como todos los días, con la ilusión de esquivar un pasado duro y el propósito de construir un futuro diferente. Mantendrán la intención de pensar y jugar, para ser más libres.  

Desde sus orígenes, hace más de 20 siglos, el ajedrez no sólo modificó sus reglas y el nombre de sus figuras, sino que además acompañando los avances de cada Era, se adaptó a sus vaivenes culturales y sociales. En la Edad Media, en el apogeo de las monarquías, introdujo a la Dama o Reina para asistir a su Rey; su último gran cambio. Sin apartarse de sus raíces lúdicas, el milenario juego transmutó en pasatiempo, entretenimiento, arte, juego ciencia e incluso deporte. Para el Comité Olímpico Internacional (COI), el ajedrez es un deporte de la mente. En el siglo XX vivió su etapa dorada, la de mayor esplendor por la calidad de sus jugadores y duelos jugados para la memoria. Fue experimento de las batallas entre el hombre y la máquina; un banco de pruebas de la ciencia en la lucha de chips vs. neuronas. A partir del tercer milenio acentuó su paso como laboratorio en las escuelas y gente de la tercera edad; su estímulo de las facultades mentales y desarrollo de la fuerza cognitiva se aplica para combatir la violencia escolar o medio preventivo para luchar contra el Alzheimer. Ahora, en las cárceles ayuda a los presidiarios a pensar, analizar y aprender de sus errores. Ser responsables del fracaso o la victoria. El pensamiento abstracto les matiza el tiempo de espera. Es que para todos por igual, como vínculo de inserción social el ajedrez es juego, ciencia, arte o deporte, pero acaso lo más importante, también es educación.  

El porcentaje de reincidentes que estudiaron una carrera universitaria en la cárcel es sólo del 3%. "Mientras más se avanza en los estudios, luego se vuelve muy difícil que se repita una mala conducta", dijo Javier Mendoza, jefe del Servicio Penitenciario Bonaerense.  

 
 
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    17.09.10
    08:53
  • c_norte2008 (hincha de ...) muy vien, aprender ajedrez y seguir la carrera de derecho, puede ser un coctel peligroso.En lugar de derecho, debieran estudiar carreras humanitarias, y si no se ofenden los reclusos TRABAJAR PARA PAGAR LA DEUDA A LA COMUNIDAD.,
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    17.09.10
    08:50
  • c_norte2008 (hincha de ...) que bueno que este juego-ciencia SE INCLUYERA DESDE LA ESCUELA PRIMARIA, PARA AYUDAR A PENSAR, Y PARA ALEJARLOS DE LOS JUEGUITOS DE LA COMPUTADORA, QUE TIENEN EL SOLO OBJETO DE IDIOTIZAR A LOS NIÑOS.
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