Mi padre siempre me decía: encuentra un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar un solo día de tu vida." La frase del actor británico Jim Fox abre Futboloscopía, libro reciente del jugador Juan Manuel Herbella. La cabe también a Facundo Sava, que acaba de publicar su propio libro (Los colores del fútbol). El goleador (Sava), que es sicólogo social, y el defensor (Herbella), que es médico, compartieron textos en las horas de concentración de la temporada pasada en el ascenso de Quilmes. Y siguieron este año en Ferro, hasta el sábado pasado, cuando Sava, de 36 años, anunció su retiro. Fue sorpresivo para casi todos, menos para él que lo venía elaborando desde hacía tiempo. Ayer ya estaba planificando un viaje inminente a Europa para ver cómo se entrenan Barcelona, Real Madrid y Valencia, entre otros equipos. Tiene el título de entrenador. Y su objetivo es llegar a dirigir algún día a la selección argentina. Herbella tiene 33. Cree que jugará tal vez dos temporadas más. Estudia periodismo deportivo y también un posgrado como médico deportólogo. Sava y Herbella saben que sus vidas seguirán vinculadas al fútbol. Es lo que aman desde niños. Lo reflejan sus libros, ambos de la fabulosa Ediciones al Arco. Los clubes deberían declararlos lectura obligatoria para los miles de pibes que sueñan con llegar algún día a primera.
"Amo al fútbol desde pequeño y ahí no hay jungla", me responde Herbella. Le pregunté cómo mantiene ese amor aún cuando dentro de la cancha pise a veces demasiado barro. "Manteniendo la conducta que te enseñaron de chico. Lo que estaba dentro de lo permitido lo hice y lo que no, no lo hice. En un ambiente tan competitivo y salvaje, con posibilidades para cualquier cosa, lo mejor es tener claro cuál es tu objetivo". Herbella inicia su libro agradeciendo al fútbol porque le permitió "conocer otras culturas". Es jugador libre desde hace una década. "Nunca vendí mi pase a pesar de disponer de ofertas varias porque siempre quise vivir como un nómade del fútbol". Por eso, además de la Argentina (Vélez, Nueva Chicago, Colón, Quilmes, Argentinos, Godoy Cruz, Gimnasia, de Jujuy, y Ferro), también jugó en Brasil (Inter de Porto Alegre), Ecuador (Barcelona) y Venezuela (Maracaibo). A los 20 años se fue de Vélez luego de que un entrenador le dijo "fútbol o estudios". Siguió jugando al fútbol. Y en 2002 se recibió de médico en la UBA con diploma de honor.
Futboloscopía (viaje al interior de un campeonato) utiliza cada partido del último ascenso de Quilmes como excusa. En medio de frases de Abraham Lincoln, Napoleón Bonaparte, Rudyard Kipling o un poeta italiano, cada fecha sirve para contar qué significa jugar en un césped lleno de pozos. O en una cancha con un viento imposible, porque no hay tribunas cabeceras. Si "nunca se cruza dos veces el mismo río, nunca se juegan dos partidos iguales", dice Herbella. Habla de la ansiedad, qué pasa si el partido es televisado, si debe jugar o avisar que está lesionado, qué fármacos tomar. Cómo aceptar el error arbitral, al barra brava que se reúne con el dirigente y cómo pasar de capitán del equipo a ver los partidos desde la casa. Herbella podría haber escrito una diatriba contra el nuevo DT que lo dejó afuera. "Pero eso desvirtuaba la idea. El no jugar forma parte de las vivencias del jugador. Igual que lesionarte. No quería hacer un libro autorreferencial, sino que quedara como un registro, como un espejo para otros." Herbella, de padre contador y madre abogada, me cuenta que ya está preparando una segunda obra porque ama el fútbol, pero también, me aclara, ama a los libros.
A Sava lo conocí un lunes muy especial. Debíamos compartir una mesa de invitados para hablar de fútbol en la Universidad de Las Madres de Plaza de Mayo. Ese domingo había anotado cuatro goles con Gimnasia en La Plata, un insólito empate 6 a 6 contra Colón. "Imposible que venga, todas las radios y los canales están detrás de él", dije a los organizadores. Llegó un minuto después. Tragó los nervios y fue pura emoción. Salió ovacionado. Su padre, psicólogo social, fundó y sigue coordinando grupos de teatro, música, mimo, pintura y poesía en el Borda. Su madre, ya jubilada, es maestra jardinera. La libertad que le dieron sus padres, los relatos de Víctor Hugo y la terapia lo ayudaron a amar el fútbol. A aceptarlo como un juego en el que se gana y se pierde y en el que "la trampa tiene fecha de vencimiento". A comprometerse en cada equipo que jugó. Para sugerirle cambios al técnico o reclamarle sueldos al club. En el Fulham inglés, con el arquero holandés Edwin van der Saar, en el Lorca español, con Unay Emery, actual DT del Valencia, o en el Racing que gerenciaba Blanquiceleste. A comprender que "rebelarse también es adaptarse a la realidad". A desmitificar cuestiones de sexo, concentraciones, religiones y psicología en el fútbol. Y a confesar que su sueño es llegar a dirigir a la selección.
El "Colorado" Sava contó el viernes pasado a familiares y amigos su decisión de retirarse. El sábado lo comunicó a Ferro. Este lunes, en su "primer día de desocupado", fue al gimnasio, al psicólogo, tomó un café con su esposa y llevó a los niños a la escuela. Lleva tiempo hablando del tema en terapia. Los colores del fútbol, me dice, será reeditado en noviembre con nuevos capítulos. En uno, su primer terapeuta cuenta de qué modo cambios personales estuvieron directamente relacionados a los cambios de posición que tuvo en la cancha. "Si estudié psicología social, si pinté un cuadro con las manos, ¿por qué no puedo animarme a jugar de nueve?" Los libros de Sava y de Herbella están lejos de ventilar chismes de vestuario para alimentar el show del fútbol. Tampoco son bombas al estilo Anpfiff, el libro del ex arquero Harald "Toni" Schumacher, que contó la cultura de doping de la Bundesliga. O relatos autobiográficos como los de jugadores ingleses que revelan su batalla contra el alcoholismo. O la prosa de los de Jorge Valdano.
Sava y Herbella se sorprenden cuando les comento que una selección argentina de escritores, actores y cineastas se entrena dos veces por semana en el Parque Sarmiento, bajo la conducción del ex jugador de Boca Alfredo Graciani, para jugar en Italia y Alemania, contra sendas selecciones de escritores locales. Se trata de partidos que escritores de diversos países juegan desde hace años. La selección de los italianos fue creada en 2001 con el nombre de "Osvaldo Soriano Football Club", en homenaje a quien consideran acaso el escritor que mejor ha sabido contar las tonteras y los misterios del fútbol, tan parecidos a los de la vida. En su "Carta de Valores", el OSFC, que llegó a ser dirigido por Alberto Zaccheroni, ex DT de Milan, Inter y Juventus, dice que está formado por jugadores "dilettanti" (aficionados, amateurs), "en el sentido que juegan per diletto" (por deleite). Lo confirma la crónica de un partido escrita por Paolo Sollier, que comienza: "Perdimos 3-1 y el resultado es mentiroso, aunque el más mentiroso de los resultados no miente". La selección argentina de escritores fue convocada porque este año el país es invitado especial a la Feria del Libro de Fráncfort, en octubre.
Sava y Herbella también son amateurs. Aman lo que hacen. Sonríen pensando acaso que alguna vez podrían jugar finalmente para la selección argentina, aunque más no sea la de escritores. Pero sus libros tienen otras pretensiones. "Eso de que el futbolista no tiene por qué analizar, reflexionar -me dice Sava- es un mito que se cae día a día. Porque los jugadores nos damos cuenta de que, cuanto más preparados, cuántas más herramientas tengamos, mejor, más posibilidades de crecer". Estudiar, me agrega Herbella, "no sólo te da herramientas para el día después, sino también una mayor capacidad para interpretar el juego, para saber reaccionar a distintas variables". Sólo los que tienen interés en mantener privilegios en el fútbol, completa Herbella, pueden seguir diciendo algo así que el jugador debe tener obediencia debida. "Cuantas más herramientas tenga el jugador para un análisis -me dice- más difícil será de manejar."
Ambos libros están en algunas librerías, pero ediciones al arco me informa que se los consigue seguro llamando a Distribuidora Loungo 4-943-9000. Ezequiel F.Moores