En los subsuelos del tenis siempre hay alguien que hace ruido y que llama la atención por cómo juega y los resultados que produce. Quien provoca hoy los principales zumbidos en vestuarios es Grigor Dimitrov y esos submundos del tenis son los challengers. El tenista búlgaro, que ya ha aparecido en la superficie de torneos de ATP y hasta en Wimbledon, se ubica esta semana en el puesto 136° del ranking y viene de ganar tres challengers consecutivos: en Génova, Bangkok y Bangkok-2. Dimitrov tiene 19 años , sus sueños adolescentes deben tener a Roger Federer mezclado con imágenes propias de la edad y seguramente practicó frente al espejo el modo en que el suizo pega el revés. Es un proyecto interesante nacido en Sofía y desarrollado en París. El mundo del tenis lo tiene en su radar. Ya sabe lo que es, por ejemplo, enfrentar a Rafael Nadal . Y ahora los challengers están sosteniendo su idea de terminar 2010 entre los top-100 y poder entrar directo en el Abierto de Australia.
Buena parte de la historia reciente del tenis argentino se alimenta con los challengers. Esta historia, como cualquier otra, se compone de batallas ganadas y batallas perdidas. Los challengers son para los tenistas argentinos un lugar de paso y un lugar de llegada. Un trampolín para carreras florecientes y un fondo del pozo cuando la caída ya es irremediable. Desde el lunes, en el Vilas Club, con la séptima edición de la Copa Petrobras, otra versión del tenis profesional más descarnado y sufriente mezclará estilos, épocas y maneras de practicar este deporte por dinero.
Los challengers son quizás el nivel más democrático que pueda exhibir el tenis, un deporte donde no hay lugar para dos en un mismo espacio. Los rankings son fríos pero inapelables. El tenis ofrece espacios limitados (cuadros de 32, 56 y hasta 128 jugadores) y los lugares se ocupan por el orden que dan los números. Los challengers son los torneos que pueden reunir a jugadores de diferentes jerarquías en una misma semana. Tenistas que estaban disputando la primera semana de un Grand Slam, a la siguiente pueden "bajar" a un challenger y seguir compitiendo. Un tenista que viene de lo más selecto que ofrece el tenis (¿es más exclusivo un Grand Slam o un Masters 1000 con un cuadro más acotado?) luego se cruza en un challenger con un rival que juega para ganar el dinero que precisa para devolvérselo a un grupo inversor. Tenistas que conocieron mejores épocas ansían armarse nuevamente un colchón de puntos que les permita retornar al circuito mayor en un corto plazo.
Algunos no lo logran nunca más. Otros como Juan Ignacio Chela cierran perfectamente el círculo. Chela se propuso durante varias semanas de 2009 recuperar un ranking decoroso a base de challengers: no solamente lo hizo, sino que terminó ganando los ATP de Houston y Bucarest y su avance fue notable. Hace un año estaba jugando challengers para no desaparecer y ahora se tienta con la gira asiática donde sabe que perder pronto es algo que está contemplado.
Los challengers se crearon en 1978 como un tímido complemento de los distintos circuitos profesionales de la época. En el primer año se jugaron apenas 18 torneos de ese nivel, la mayoría en Estados Unidos y encimados en el calendario. No eran una opción muy abarcadora. Ya para 2010 el calendario de los challengers desparrama alrededor de 150 torneos por todo el planeta, con escalas de premios que van de los 25 mil a los 150 mil dólares. Los más importantes se nuclean bajo el paraguas del patrocinante Tretorn (pelota oficial de esos challengers) y se asemejan bastante a los torneos de ATP. Algunos jugadores aseguran que jugar el challenger de Tashkent puede ser más entretenido que pasarse una semana en Montecarlo y dan las gracias por haber elegido esa profesión cada vez que están ahí.
Los challengers han dejado una huella profunda en diferentes momentos de las campañas de los tenistas argentinos. Horacio Zeballos fue un gran referente de challengers en 2009 y eso derivó en que haya sido el tenista argentino con más partidos jugados en la temporada, aún por encima de Juan Martín Del Potro. Zeballos ganó 5 challengers, accedió desde una posición de mayor comodidad a los torneos más importantes y se hizo un lugar en el equipo de la Copa Davis. Todo eso en un año.
Antes hablamos de Chela y es bueno recordar que en 2001, con seis challengers ganados, avanzó a la velocidad de quien clama por revancha, luego de cumplir la sanción por doping. Imposible olvidar la definición del challenger de 2006 en el Vilas, con gente subida a los árboles para ver el regreso de Guillermo Cañas en esa final contra Martín Vassallo Arguello . En primera ronda le había ganado a Juan Mónaco.
Un challenger le devolvió la alegrìa al cuerpo a Gastón Gaudio el año pasado cuando fue el campeón en Túnez. El mismo campeonato fue conseguido por José Acasuso esta temporada . La irrupción salvaje de Guillermo Coria en 2000 fue luego de ganar cuatro challengers en Sudamérica , uno de ellos en un concurrido court central del Buenos Aires LTC (cuando todavía no existía la Copa Telmex) y con triunfo en la final sobre el español Alberto Berasategui. Y hasta un adolescente Del Potro tiene su historia para contar de challengers luego de sufrir al desquiciante Daniel Koellerer en el Vilas en 2005 . El tiempo puso las cosas en su lugar y ahora Del Potro y el austríaco viven de lo mismo pero no de la misma manera.
Desde el lunes estará la Copa Petrobras en el Vilas y en la última semana de noviembre se sumará otro challenger en el Buenos Aires LTC. Son torneos donde estarán los que vienen de abajo y quieren llegar al cielo y los que estuvieron arriba y ahora pelean como seres vivos que resisten la llegada de la glaciación. Juntos y revueltos se las verán con los que juegan challengers porque prácticamente no conocieron otra cosa y se saben todos los secretos para subsistir en este negocio. Para que los que ascienden no se los lleven puestos y los que están bajando no los arrastren en la caída.
Llegan los challengers. Lo más crudo, descarnado y democrático que el tenis profesional tiene para que vean. Y sigan a Grigor Dimitrov.