"Necesitamos un pivote de 2.15, por supuesto, pero no sé si ése jugador me va a dar todo lo que dan Oberto o Scola." La reflexión, optimista como siempre, la dejó Sergio Hernández poco antes del Mundial de Japón 2006. "Oberto es el que me da equilibrio en la defensa, cuando no está él se nota. Es muy inteligente tácticamente, es la mejor ayuda para cada compañero, juega en equipo, hace el trabajo sucio y es cero egoísmo", agregó el técnico de la selección nacional. Gregg Popovich, en la época en que Fabricio estaba en San Antonio, creó una frase genial: "No tiene buen dribbling, no es muy alto, no salta mucho, no es muy rápido, no tiene gran habilidad, pero hace todo lo que necesita el equipo para ganar".
Es fácil entender lo que pierde el básquetbol con su ausencia. Un tema que preocupará aún más en nuestro seleccionado si se confirma la renuncia del otro pivote importante, Román González, que dijo estar decidido en un 99%. El grupo pierde también a un hombre positivo ciento por ciento y que defendiendo "es un animal", afirmó alguna vez Luis Scola. "Con Fabricio voy a la guerra, lo quiero siempre en mi equipo", fue la sentencia de Manu Ginóbili. El cordobés es el mejor amigo de casi todos, y ése sí que es un mérito incalculable. "Con mi señora acabamos de adoptarlo", acotó Manu cuando Fabricio se separó y visitaba todos los días el domicilio de los Ginóbili en San Antonio.
Motivador, laburante, consejero, ganador y con una experiencia que para comprobarla sólo haría falta ver el video de su defensa sobre Tiago Spliter contra Brasil, en los octavos de final del Mundial de Turquía. Una obra maestra.
Se pierde el estratego más capaz de la Generación Dorada y el gran amigo que hasta los asistentes y dirigentes destacan como el mejor. Con una mirada más parcial, diría que los que más perdemos somos los periodistas; el cordobés siempre fue el más accesible, tal vez porque nos entendía, porque le encanta la radio y tiene su programa. Fabri se lleva premios en varios rubros.