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El decepcionante adiós: Borghi cayó preso de su propia inestabilidad

La caída en el superclásico aceleró la salida del entrenador, que había abierto la puerta del adiós antes del partido; el Bichi se mostró sin fuerzas en un ciclo que no fue bueno en los números: obtuvo 17 sobre 42 puntos posibles; a las 15, habrá una conferencia de prensa y anunciarían a su reemplazante. Por Cristian Leblebidjian / LA NACION

 
 

Por Cristian Leblebidjian / LA NACION

El ciclo de Claudio Borghi en Boca había llegado a su fin antes del superclásico. La victoria de River lo terminó de rubricar, pero el proceso estaba agotado, terminado. El físico del Bichi estuvo sentado en el banco de suplentes visitante del Monumental, pero su mente, su proyecto, sus pensamientos, ya estaban idos. Más por errores propios que fallas de terceros. No tuvieron que ver los resultados. Colaboraron negativamente, es cierto. Las siete derrotas sufridas en el Apertura sirvieron como pruebas para que los hinchas presenten en el juicio contra el entrenador, pero todas como consecuencia de errores propios y de los jugadores. Pocas veces las caídas hablaron tanto. No desde el score final, sí desde el desarrollo, desde el funcionamiento, desde un estilo indefinido y una actitud lejana, casi pasiva de los protagonistas por comprometerse con la causa.

Fueron apenas 14 partidos. Muy pocos comparados con la cantidad de cosas que pasaron en el medio. Si se midieran los vaivenes de sus declaraciones y los conflictos internos, fue como si el ciclo de Borghi hubiese durado años. Qué lejana quedó la conferencia de prensa del 20 de mayo pasado, cuando el presidente Jorge Amor Ameal lo presentó: "Es el desafío profesional más importante de mi vida", reconoció en aquel momento el Bichi.

Pero Boca lo sobrepasó. En todo sentido. Se puede decir que hubo dirigentes que, con el tiempo, le quitaron el respaldo; que varios jugadores le pusieron mala cara cuando eran reemplazados; otro porque no se sentían tenidos en cuenta. Sin embargo, no se puede hablar de campañas desestabilizadoras o juego sucio de los dirigentes o de los jugadores. El primer responsable de su final fue el propio Borghi.

No les llegó a los jugadores con su mensaje, les faltó autoridad y mano firme para controlar una interna que él no generó y viene de años, pero que también fomentó, sin darse cuenta, con decisiones o formas de manejarse y... se le fue de las manos. Sólo por dar un ejemplo: a Martín Palermo y su grupo no le gustó nada que el DT autorizara a Juan Román Riquelme y su grupo (entre los que también están Javier García y Lucas Viatri) a dejar la concentración previa al partido con Argentinos para darse una vuelta por el autódromo y subirse al coche de Leonel Pernía.

Fue raro y curioso a la vez lo de Borghi en Boca. Jamás lo insultó el hincha. Al contrario, cuando se fue expulsado en el entretiempo ante Lanús la gente lo aplaudió. Ese mismo día, cuando los jugadores se enteraron de que tenía decidido irse, se le acercaron, hablaron con él durante 45 minutos y lo convencieron para que no renuncie. Igual los dirigentes, que le dieron todos los gustos en los refuerzos que pidió, invirtieron más de 10 millones de dólares y lo respaldaron aun sufriendo las caídas y no estando todos convencidos del sistema de los tres defensores.

Tras la caída con San Lorenzo, el técnico se incomodó con la crítica a la línea de 3 y opinó: "Yo estoy convencido de que el 3-4-1-2 es el mejor sistema. Eso es innegociable. Hasta que alguien me demuestre lo contrario... Y cuando pasa eso, generalmente se cambia al entrenador". Hasta ayer, jamás había modificado el módulo inicial. El funcionamiento ante River demostró que el problema de Boca no era táctico sino general.

Borghi se fue antes de jugar con River por esa decisión táctica, casi dándoles el gusto a los futbolistas y a algunos dirigentes; también por la pelea con Cristian Lucchetti, muy poco clara en las formas y en la decisión final de ni siquiera concentrarlo como suplente. También en ordenar que las prácticas sean a puertas cerradas o en irse a Cardales, pensando que la tranquilidad se ganaba con kilómetros de distancia. Y a no olvidarse que al pastor Bosso lo convocó el Chino Batista, su ayudante de campo.

Los dirigentes, encabezados por Ameal, no querían que renuncie en el Monumental. No querían volver a ver la película del adiós de Miguel Brindisi en 2004. El Bichi les dio el gusto y no habló en la cancha de River. Renunció cuando puso un pie en el hotel Emperador, pasadas las 22. Sólo Borghi sabe el dolor que siente en este momento, pero él, como nadie, sabía que su ciclo no resistía un entrenamiento más..

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