Rafael Nadal hace exactamente un año no era tema de conversación. O mejor dicho: se hablaba de Nadal, pero no se decía nada bueno. Cansado, sin energías, sin un juego acorde a las necesidades, Nadal terminó siendo apenas uno más en el Masters de Londres. La humildad que lo envuelve, que dista mucho de ser impostada, no le generaba mayor conflicto al español en un Masters donde las estrellas eran Andy Murray, Roger Federer, el sorpresivo Robin Soderling (que reemplazo a Andy Roddick) y por supuesto Juan Martín Del Potro en su contundente temporada. Nadal no pudo asomar la cabeza en su grupo y se marchó del Masters sin ganar siquiera un set. "Nadal no tiene juego para ganarme en esta superficie. No veo que pueda hacer para ganarme", decía Nikolai Davydenko, un especialista en escupir sinceridad cuando declara. Davydenko pudo con Rafa Nadal. Pudo con Roger Federer en una semifinal sorprendente y terminó con el último gran esfuerzo disponible que tenía Del Potro para entregar en la final del campeonato. Nadal ya había dejado de ser tema hace rato y se iba a Barcelona a jugar como consuelo la final de la Copa Davis contra República Checa. Y la ganó, claro. Pisar polvo de ladrillo fue para él como absorber toda la energía del centro de la Tierra.
Nadal va a debutar en el 02 de Londres contra Andy Roddick en la noche del lunes. Dice que llega sin presiones porque a diferencia de 2009 este Masters será el cierre de una temporada espectacular. Nadal no miente. Su año fue apabullante: ganó en fila Montecarlo, Roma y Madrid. Fue estratégico a la hora de preparar Roland Garros y eliminó de su gira de clay el Abierto de Barcelona, donde supieron comprenderlo sin necesidad de muchas explicaciones. Llegó con más aire a Roland Garros y ganó. Muy confiado a Wimbledon y ganó. Muy enérgico y renovado al US Open y también ganó. La fórmula también aplica para el O2: Nadal se ausentó del Masters 1000 de París-Bercy y se preparó para ganar el único título grande que le falta. El público parisino "indoor" no suele tratarlo de buena manera así que tampoco lamentó no andar por ahí la semana pasada.
El circuito asistió en 2010 a un cambio profundo en el juego del mallorquín. Nadal se reinventó para ser temible y todos vieron la transformación. La sufrieron todos sus rivales que se encontraron con un jugador más fuerte y agresivo. Mariano Monachesi, habitual coach del circuito y ex entrenador de Juan Ignacio Chela y Tommy Robredo, explica algunos aspectos de esas modificaciones: "El cambio inicial lo dio con su físico. Se puso más fuerte para poder ser más agresivo con su juego. Nadal hizo una evolución que hacía tiempo precisaba y él mismo buscaba. Su saque dejó de ser a ¾ de velocidad y dejó de arrastrar la pierna para hacerlo. Ahora junta las rodillas y sale despedido, buscando de entrada un servicio que haga daño en lugar del que ejecutaba para poner la pelota en juego. Subieron muchísimo sus porcentajes de puntos ganados con el primer saque. También cambió su revés y ahora juega con una pelota más traspasada. Encontró una manera de no depender tanto de su clásico revés con slice para defenderse, sino que sale con un tiro más potente y profundo. Su derecha paralela de afuera hacia adentro también es más veloz y decisiva. Nadal encontró la manera de no depender tanto de sus defensas, ataca más con sus golpes y con menos gasto físico".
Quienes tienen la fortuna de arrimarse al entorno de Nadal aseguran que cerca suyo siempre se respira profesionalismo. Nada se hace porque sí y todo tiene un sentido. Cuando Rafa convoca a sparrings para entrenarse lo hace a su modo: los entrenamientos tienen la misma intensidad que cualquier rueda de un Grand Slam. Rafa Nadal hace poco más de un año era descripto como un tenista agotado, con las rodillas de un hombre mayor y con pronóstico reservado para intentar dominar nuevamente el circuito. La transición de 2009 derivó en un jugador más atlético, con más recursos tenísticos y de mentalidad ingobernable.
Un ámbito como el 02, una sala de 23 mil espectadores donde los jugadores son seguidos por reflectores y el público mira a oscuras, se volverá una superficie algo hostil para Rafa Nadal. La cancha es rápida y genera una pelota de rebote muy bajo. Los tenistas veloces como Davydenko y los grandotes pesados como Robin Soderling le pueden plantear partidos de ida y vuelta sin que Nadal tenga la prioridad para mandar. "Ahí es cuando el juego de Nadal sufre mucho. Cuando termina los golpes muy arriba y la raqueta ´vive´encima de su cabeza, es mala señal para Rafa. No hace pie en la cancha y se vuelve más vulnerable", aporta Monachesi.
De seguro Rafael Nadal tiene todo eso estudiado. Su personalidad siempre fue clave para descubrir sus puntos débiles y trabajar sobre ellos. Va a jugar en el 02 en un grupo que completan Roddick, Tomas Berdych y Novak Djokovic. Después verá que le deparan los cruces de semifinales si consigue arribar a ese momento. El año pasado Nadal fue una sombra en Londres y nada bueno se decía sobre él. Su reinvención tendrá su última prueba en el Masters. Y todo lo bueno que se diga sobre Rafa Nadal vuelve a sonar a poco.