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Boca Juniors

"Una copa, brindis y a dormir porque había que pensar en San Lorenzo"

A diez años de la obtención del título mundial en Tokio, el ex arquero xeneize Oscar Córdoba, en una charla exclusiva con canchallena.com, recordó el largo viaje, el difícil partido contra Real Madrid, el medido festejo y la historia del buzo amarillo;

Por Jeremías Prevosti | canchallena.com

 
Foto: Archivo 

El Morumbi estaba repleto, pero en silencio. El ruido seco de sus tapones de aluminio golpeando contra el palo se escuchaba en cada rincón del estadio. ¿Era una cábala? No. Definitivamente, no. Oscar Córdoba ganaba tiempo mientras Carlos Ischia, escondido entre los fotógrafos, le decía a dónde tirarse. Aquella noche paulista el arquero atajó dos penales y fue elegido como el mejor jugador de la final de la Copa Libertadores. Esa noche, después del remate de Jorge Bermúdez desde los 12 pasos, Boca consiguió el pasaje a Japón para jugar la Copa Intercontinental.

Oscar Córdoba custodió el arco xeneize por cinco años. En ese tiempo ganó tres torneos locales, dos copas Libertadores y una Intercontinental. Esta última, frente al poderoso Real Madrid de Luis Figo, Raúl, Roberto Carlos, Iker Casillas, Fernando Hierro y compañía.

A diez años de la obtención del título mundial en tierras japonesas, el colombiano, ahora con 40 años, habló mano a mano con canchallena.com y repasó el largo viaje a Tokio, la preparación en tierra oriental, el partido frente a los Merengues y hasta develó el misterio del buzo amarillo con el N°1 en la espalda.

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-Para llegar a Japón, primero debieron ganar la Libertadores. ¿Te sentiste un actor principal en aquél logro?

- Por como Carlos [Bianchi] nos montaba en el campo de juego y por como se dieron los resultados, todos fuimos actores principales en ese torneo. Cada uno cumplió una función importante para el equipo. Y, en lo personal, me catapultó a nivel internacional en cuanto a reconocimiento.

-¿Cómo vivieron los seis meses previos al partido con Real Madrid?

- Con Carlos [Bianchi] es difícil perder la cabeza y preocuparse por un sólo objetivo. Cuando ganamos la Copa, inmediatamente nos preocupamos por el torneo local. Japón tendría su momento, pero técnico empezó a preparar el equipo para el bicampeonato y lo logró gracias a esa consolidación y a esa seriedad que tenía el plantel.

-Lo primero que tuvieron que enfrentar fue un viaje de más de 20 horas de vuelo, ¿influyó en algo?

- En lo personal, subo al avión, clavo la cabeza y duermo. Pero el equipo lo manejó bien. Subimos muy bien vestidos. Dentro del avión nos cambiamos y a dormir. En el momento mismo en que se cerró la puerta empezamos a trabajar con el horario de Japón. Todo fue cambiando.

-¿Cómo vivieron la semana de preparación en tierra japonesa?

- El plantel estaba bien. El hecho de haber llegado antes nos permitió adaptarnos mejor al cambio de horario. Sólo nos dieron un día para hacer compras, el resto del tiempo nos dedicamos a preparar el partido.

- Se iban a enfrentar a un poderoso Real Madrid, ¿pensaban que lo podían ganar?

- Con ese Boca siempre pensábamos en salir a ganar. Nunca especulamos un resultado. Siempre salíamos a ganar.

- Cuando a los seis minutos ya ganaban 2 a 0, ¿qué pensabas?

- No te pasa nada por la cabeza. En ese momento estaba preocupado por cumplir aquellas directrices que nos habían dado en la previa y en la charla técnica. Pensaba en seguir cumpliendo y lograr el objetivo que era salir campeón.

-En el segundo tiempo se despertó Real Madrid.

-Si bien ellos se acercaron, no fueron contundentes ni punzantes. Fue una supremacía, pero sin consolidación.

-Empezaste el partido con el buzo gris y no con el clásico amarillo, ¿por qué?

-En el sorteo del uniforme, el árbitro no me permite atajar con el buzo amarillo. En el entretiempo, cuando entramos al vestuario, todos me decían: "Ponete el amarillo". Entonces, retracé mis salida hasta el último minuto. De esta manera, cuando Oscar Ruiz [árbitro del encuentro] estuviese en la mitad de la cancha y ordenara la entrada, no pudiese mandarme a cambiar el buzo [Risas].

-¿Qué te pasó por la cabeza cuando terminó el partido?

- Celebrar. Los colombianos somos de festejar mucho los títulos, los logros. Sin embargo, cuando llegamos al hotel, Carlos [Bianchi] hizo destapar una botella de champagne para el grupo. Una copa, brindis y a dormir porque tocaba preparar el partido con San Lorenzo.

- ¿Nada más?

- Sólo eso. Nos demostró que había objetivos que teníamos que seguir cumpliendo y no teníamos que salir de ahí.

- ¿Se esperaban ese recibimiento en Ezeiza?

- Me sorprendió que haya tanta gente esperándonos en Ezeiza y la caravana por la autopista. Lo disfrutamos, con mucho cansancio porque había sido un viaje bastante largo, pero sabíamos que nos teníamos que jugar la vida con San Lorenzo.

- ¿Dónde ubicás este título en tu carrera?

- Yo tengo primero la Libertadores del 2000. Ese fue el logro más importante en lo personal porque ya se me había escapado una. Luego viene la Intercontinental por la importancia que tiene. Pero la Copa es como la primera novia, es la que uno recuerda y la que te hizo sentir esas sensaciones extrañas.

 

- ¿Cómo analizás a los arqueros del fútbol argentino?

- Me parece que hay un buen nivel, pero han sido muy criticados. La gente cree que tienen que ser invencibles, e invencible no hay ninguno.

- ¿Y a los arqueros de Boca?

- Hay que darles tiempo para que se afiance la defensa. Porque es la complementación de muchos elementos: de los hombres del fondo y de uno como arquero. Me parece que aún no han logrado ese equilibrio que les permita decir que es un equipo con una muy buena defensa.

-¿Cómo viviste el momento que se te nombró para volver a Boca?

- Primero, con mucha alegría. Porque después de mucho tiempo que me nombren para regresar era muy importante para mí. Segundo, con mucha tristeza que el elegido haya sido el Pato.

- ¿Y si ahora te llaman para volver a Boca?

- [Interrumpe] Vuelvo corriendo.


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