Como costumbre aceptada en nuestro fútbol argentino, la calesita de las urgencias gira cada vez más rápido y los entrenadores pierden su trabajo en tiempos cada vez más cortos. Lo que define el estado de ánimo y "el proyecto de un entrenador" son los resultados. Y los positivos no acompañaron a Independiente en el arranque del Apertura, más allá de que seguía en pie en la Copa Sudamericana. Los tres puntos obtenidos sobre 21 en el campeonato local hundieron al club de Avellaneda en el fondo de la tabla de posiciones y terminaron de acelerar el final de un ciclo tras la goleada (4-0) que le propinó Banfield: el de Daniel Garnero, que como consecuencia de un porcentaje de eficacia del 25,92% arrastró también al manager César Luis Menotti.
En tiempos en los que muchos salen a escena para colgarse medallas, resulta necesario recordar que para la sucesión de Garnero algunos dirigentes arrepentidos fueron a buscar a Américo Gallego, a quien a mitad de año no se le renovó el contrato. Y luego, ante la negativa del técnico, algunos allegados a la comisión directiva admitieron públicamente las negociaciones con Jorge Fossati, que no aceptó por su compromiso con un equipo de Arabia Saudita (Al Shabab).
Y en el medio de tanta neblina, apareció Antonio Mohamed. Al que anteanoche los 45.000 hinchas de Independiente que colmaron el estadio Libertadores de América le dedicaron el primer "Olé, olé, olé, Turco, Turco" . Se escuchó fuerte en la noche en que Independiente se amigó con la historia y volvió a la final de un certamen continental después de 15 años.
Desde el debut de Mohamed en el clásico con Racing, todo cambió radicalmente y el rendimiento fue otro, con un porcentaje de eficacia del 46,1%. ¿Tanto puede cambiar un equipo con el relevo de entrenador? Es cierto que cambió de una defensa de cuatro a una línea de tres en el fondo. Tanto como que la apuesta fuerte fue la inclusión como titular de Hilario Navarro, principal sostén de esta gran campaña en la Sudamericana. O que pasó de jugar con un enganche (Leandro Gracián) a una línea media con Cabrera y Mareque, para lanzar centros por los costados, y con un renovado y motivado Hernán Fredes. Pero más allá de las cuestiones tácticas, el cambio más grande de Independiente se dio en el aspecto mental, anímico. El ímpetu demostrado ante Liga Deportiva Universitaria, de Quito, uno de los mejores equipos del continente, así lo confirma.
Estuvo en la antesala de momentos turbulentos durante un buen tiempo en este semestre que le retaceaba las metas. Pero el mismo equipo resucitó y se inyectó una dosis de confianza para comenzar a olvidar el deambular futbolístico que lo tenía atado hace dos meses. Se imploraba por una reacción y Mohamed la impulsó.
@mccastilla