Franklin Lobos, al ser rescatado del yacimiento en el que estuvo encerrado con 33 compañeros - Reuters Por Alejandro Casar González
LA NACIÓN
Cuando las entrañas de la tierra lo parieron luego de 70 días, Franklin Lobos volvió a amigarse con la pelota. Ex jugador de la selección chilena -consiguió la clasificación a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 84-, hizo jueguito una, dos veces. Hasta que el balón le dio en la cara... y provocó las risas de todo el mundo. Literalmente, porque el planeta entero asistía al rescate de los 33 mineros a los que se los había tragado el yacimiento de San José. Lobos, de 53 años, fue el número 27 en ver la luz. Luego del milagro, habla de supervivencia, del fútbol actual y de la salida de Marcelo Bielsa del equipo trasandino. De paso por Asunción para el sorteo de la Copa Santander Libertadores 2011, Lobos no tiene dudas: "El de la mina fue el mejor plantel que integré".
-¿Cuánto recordaste de tu carrera de futbolista estando ahí abajo?
-Mis compañeros sabían que yo era el futbolista del grupo, que había estado en la selección entre 1984 y 1985. Me tenían un respeto especial y gracias a eso aporté en la parte psicológica. Porque había gente que a los 10 días de estar encerrado ya había hecho una carta de despedida para sus familiares.
-¿Te gustaría ser entrenador?
-Me gustaría hacer un curso previo. El problema es que en Chile se dirige con un título. Tendría que hacer ese curso, que lleva dos o tres años. Pero, de repente, trabajar con muchachos jóvenes, en una escuela de fútbol, eso sí me gustaría.
-¿Te seduce la selección chilena ?
-Es el sueño de todos, pero no el mío en este momento. Nosotros tenemos un técnico en este momento, que es uno de los mejores del mundo. Lamentablemente, lo estamos perdiendo. Chile avanzó con Marcelo Bielsa. La evolución del fútbol chileno se debe en gran parte a Marcelo Bielsa. Avanzamos 20-30 años con él. Mi miedo es que sin él retrocedamos 60.
-¿Por qué tantos ex futbolistas chilenos se dedican a la minería?
-Donde yo vivo, en el Norte, es una zona minera muy rica, con la mayor cantidad de millonarios del país. No todos los futbolistas llegan a ganar dinero en el fútbol. Antes, se ganaba para vivir bien, cómodo. Pero no para decir: "Con esto voy a dejar de trabajar toda mi vida". Ahora no, tú juegas dos años a un nivel alto y te aseguras el resto de tu vida. Antes, uno jugaba y era más romántico. Se jugaba por el amor a la camiseta. Estabas lesionado, te infiltrabas y jugabas. Ahora no.
-¿Qué pensaste al salir a la superficie?
-Mi hija me tenía una pelota cuando yo salí. Alcancé a dominarla dos veces. A la tercera, me pegó en la cara. ¡Fui un desastre! Pero con una cuota de humor, salió bueno.
-¿Cuál fue el momento más difícil que pasaste ahí abajo?
-Cuando tuvimos comunicación y vi llorar a mi hija. Fue muy duro. Y fue la primera vez que lloré, porque por culpa mía estaban sufriendo tanto. Fue el momento más duro de mi vida.
-¿Cuántos días estuvieron sin comer?
-Como 20 días. Comíamos una cucharada de atún cada 24 horas. Después, cada 48, cada 72? Una cucharada de té.
-¿Cuántas provisiones tenían?
-Apenas 15 latas de atún para 33 personas. Vivimos 20 días así. Yo bajé 17 kilos. Sobrevivimos porque hubo un Señor que nos mantuvo con vida. Nada más.
-¿Y agua?
-Sólo había 10 litros de agua envasada para todos. Y vivíamos con 32 grados de calor y 90 por ciento de humedad. Pero nadie se enfermó. Esto fue un milagro. Desde adentro, nosotros no teníamos ninguna posibilidad. Sólo nos cabía esperar que nos buscaran desde afuera y nos encontraran.
-¿El encierro cambió algo en tu vida actual?
-Sí. No guardarme los sentimientos. Decirle "te quiero" a mi señora o a mis hijos. Eso es lo que más he tratado de hacer.
-¿Qué mensaje le darías a los argentinos a partir de tu experiencia?
-La unión hace la fuerza. Nosotros tuvimos la fortuna de ser muchos. Éramos 33. Nos unimos. Cada cual tenía su misión que hacer adentro. Las decisiones que tomábamos eran siempre en conjunto.