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El día que Bianchi se salvó del descenso con línea de 3

Mario Innocentini, presidente de Olympique de Niza, caminaba por las paredes. El equipo jugaba en la primera división del fútbol francés, pero no respondía, corría riesgo de descenso. Innocentini se lamentaba porque ya habían pasado 16 de las 38 fechas del campeonato y aparecían últimos en la tabla de posiciones. En junio de esa temporada, el dirigente había querido contratar a Carlos Bianchi, que ya había trabajado como técnico en Stade de Reims y Paris Saint-Germain, pero como el club mantenía una deuda con la Federación Francesa y eso lo inhibía de hacer contrataciones, debió conformarse con mantener -para el inicio de la aventura- a Pier Alonso, que habitualmente se desempeñaba en las divisiones inferiores. Hasta que juntó recursos y tomó la decisión. Innocentini canceló la deuda con la Federación y el 1° de noviembre de 1989 el Virrey fue presentado como entrenador. Ya pasaron 20 años, aunque es una historia que vale ser recordada por el protagonista en cuestión y porque, además, con lo vivido por Claudio Borghi en Boca y siendo un recurso utilizado por varios equipos en el Apertura, la línea de 3 vuelve a estar en discusión en el fútbol argentino, aun sabiendo que no hay fórmulas que garanticen el éxito.

Bianchi terminó dirigiendo 22 de los 38 partidos. Tomó el equipo y en los tres partidos finales de la primera rueda jugó con su esquema táctico de cabecera: el 4-3-1-2. También insistió así en la pretemporada y en un torneo cuadrangular altamente competitivo que le pidió armar al presidente para el receso. ¿Quién era el enganche? El marroquí Mustapha El-Haddaoui. Y también había tomado una medida de convivencia: le había sacado la capitanía a un referente como Jean Philippe Rohr para dársela a un N° 9 grandote y fuerte que necesitaba un golpe de confianza: Jules Bocandé.

El equipo ganaba, empataba, perdía. Había algo que no le cerraba, sobre todo en la defensa. Y, como alguna vez probó con Mauricio Serna en Boca (2001), se decidió por jugar con línea de 3 y darle la responsabilidad de cumplir la función de líbero a un mediocampista: Marko Elsner, de 1,75m y 74 kilos. Rápido y tiempista, era el indicado para cubrir las espaldas de Eric Roy y Jacky Bonnevay. Así, con un esquema 3-4-1-2, jugó toda la segunda rueda y sumó una cantidad de puntos interesante que le permitieron salir de un descenso directo a jugar la promoción contra Racing de Estrasburgo, que había salido subcampeón en la 2a. división.

El primer partido se jugó en Estrasburgo el 25 de mayo de 1990. Pero esa tarde Bianchi volvió a su esquema preferido, el 4-3-1-2. El equipo fue ofensivo porque al Virrey le interesaba conseguir el gol de visitante, también clave para la definición o un eventual desempate en igualdad de puntos y diferencia de goles. Niza era superior, había convertido al arquero rival (Sylvain Sansone) en figura, pero en cada contraataque Racing, que contaba en sus filas con Youri Djorkaeff, lo lastimaba. Al final del primer tiempo, Niza perdía 0-2 con dos tantos de Djorkaeff (anotados en tres minutos, a los 39 y 42). Para el entretiempo, Bianchi mantuvo el discurso hacia sus jugadores: "Seguimos atacando que estamos bien. Hay que buscar el gol de visitante", les dijo. Pero a los 3 minutos llegó el 0-3 de Didier Monczuk. Desde el banco la orden se repetía: "Seguimos atacando". Y así llegó el ansiado descuento de Robby Langers.

Cuatro días después, el 29 de mayo, Niza debía revertir un 1-3. El estadio Stade du Ray, con capacidad para 18.500 espectadores, estaba colmado. Un día antes, Bianchi se había reunido con Innocentini, y le había dicho: "Quédese tranquilo que Niza se queda en primera". Innocentini, con riesgo del descenso aún latente y antes de escuchar la frase de Bianchi, le había propuesto renovarle por dos años más un contrato ya firmado por tres temporadas.

Para el desquite, el Virrey volvió a la línea de 3 con la que había disputado toda la segunda etapa y con un esquema 3-4-3. En ataque, a la pareja Langers-Bocandé le agregó a un delantero que estuvo preparando durante tres meses: Milos Djelmas, que -como vencía su contrato, estaba relegado y no era bien visto por la dirigencia- tenía la chance de jugarse su continuidad en el club en 90 minutos. El wing derecho estuvo imparable con desbordes y centros, como todo el equipo y, a los 41 minutos del primer tiempo, Niza ya ganaba 4-0 con tres asistencias de Djelmas y cuatro goles de Langers (el tercero, de penal). En la segunda etapa, El-Haddaoui puso el 5-0, pero el capitán Bocandé estaba algo triste porque ante semejante diferencia él todavía no había podido marcar. Bocandé se acercó sobre el final del partido a tomar agua junto al banco de Bianchi. El Virrey vio otro avance letal de Djelmas, y le gritó: "Picá que falta tu gol". Bocandé sacó fuerzas de donde no tenía, llegó, recibió un nuevo pase gol de Djelmas y anotó el 6-0 final.

Bianchi cumplió con el objetivo, pero renunció después del partido. Tenía una excelente relación con el presidente Innocentini, pero no con algunos dirigentes de su entorno y, encima, tuvo la sensación de haber vivido durante 24 partidos con la agonía de quien se está por caer al precipicio. Su carrera como DT siguió en Paris Saint-Germain, Vélez, Roma, Boca y Atlético de Madrid. Esta historia refleja que aun el Virrey, uno de los paradigmas de la línea de 4, también supo cambiar cuando creía que la situación lo requería. En su último viaje por Francia, hace un par de meses, Bianchi ya no pudo saludar a su querido Innocentini (falleció hace un año y medio), pero fue a ver a Niza al estadio Stade du Ray, hoy dirigido por Eric Roy (stopper del 6-0) y con René Marsiglia (fue titular en el primer partido de la Promoción) como ayudante de campo. Charlaron un rato sobre fútbol y, como obsequio, se trajo el DVD de aquel partido.

cleble@lanacion.com.ar // Twitter: @cleble.

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