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Los buscavidas del tenis

Aventureros que pasaron la barrera de los 20 años y que no pudieron dar el gran salto. "El ATP es para 100 personas; el resto...", cuentan; historias de interclubes y algo más; Por J. L Domínguez y S. Torok / LA NACION

Las historias de esfuerzo, de familias que invierten para que los jóvenes se abran paso en el circuito ya son conocidas. Pero, ¿qué pasa con aquellos que ya no son tan chicos? ¿O aquellos que no pudieron dar el gran salto? Hablamos de los que transitaron los futures o los challengers, y todavía no dieron el paso que les dé una estabilidad económica, y ante esa urgencia, encuentran una alternativa en los interclubes europeos. La ATP y la WTA acaparan las luces y el glamour, sí, pero también hay un espacio que pocas veces trasciende más allá de las fronteras internas del ambiente del tenis.

El circuito informa con orgullo las cifras que cobran los ganadores de los grandes torneos, y eso genera en el imaginario colectivo la idea de que la mayoría de los tenistas es dueño de una fortuna. La realidad es otra: sólo unos pocos elegidos alcanzan montos millonarios. "El circuito de la ATP es para cien personas. Para el resto es difícil. No ves plata; estás invirtiendo, más que ganando. Seguís viajando y jugando, pero es un gasto enorme, vas a pérdida. Los interclubes pueden ser una forma de ganarse la vida y tener una base para seguir intentando con los futures o challengers después", cuenta Alejandro Kon, de 24 años y 713° en el ranking mundial, que suele actuar en Rochefort, de la tercera división de la liga francesa, una de las más tradicionales.

La página de la ATP informa las ganancias de todos los jugadores que aparecen en el ranking. Por caso, Juan Martín del Potro recibió 1.850.000 dólares sólo por ganar el US Open 2009; en contrapartida, Juan Manuel Valverde, cobró US$ 44.662... en toda su carrera, que ya supera los cinco años. Y con ese monto debía invertir en viajes en avión, comidas, alojamiento, y los elementos de trabajo (raqueta, ropa, cuerdas, etc.).

En los casos más modestos, los argentinos que viajan a jugar en el circuito se agrupan, alquilan casas o habitaciones por semanas para vivir en Europa. Seis, siete y hasta ocho personas pueden llegar a vivir en un departamento con tal de ahorrar dinero, de poder seguir ganándose la vida. Los interclubes pueden durar dos o tres meses. Pero allí cada uno tienen su departamento, su coche y su sueldo garantizado por contrato? Es el momento en el que la clase obrera llega al paraíso .

Ariel Rossi, de larga trayectoria en Francia, explica: "Aquí se juega de mayo a agosto, con varias divisiones de ascenso. Y uno, si se organiza bien por regiones, puede jugar hasta tres torneos por semana. Si te va bien, se contactan con vos y te llevan. Los premios van desde los 1000 a 6000 euros, pero en la Bundesliga se paga mejor. Lo habitual, para nosotros, es alojarnos en casas de familia; en algunos casos, el club te alquila un departamento. Los partidos empiezan muy temprano y la gente llega de a poco, pero terminan muy tarde; hay veces que jugás singles y dobles y terminás muerto. Muchas veces la municipalidad de cada ciudad es la que actúa como sponsor del club".

Italia es otro país que suele recibir a jugadores de nuestro país. Guillermo Carry, de 29 años y retirado de la actividad desde hace un par de meses, sigue dedicado a los interclubes. "Juego en Cannotieri Padova, en la categoría A2, que es como la Intermedia; allí también suelen jugar varios jugadores dentro del top 200. Empecé en 2002, en el Harbour Club Milano, uno de los más importantes de Italia, por recomendación de un sponsor suizo; ahí me cruzaba con futbolistas de Inter y de Milan. Hay un premio monetario, más el pasaje ida y vuelta, y este año me dieron para compartir un departamento con Jonathan Gonzalía, que es mi compañero de equipo. En Alemania estoy desde 2003 en el Sportpark Winhagen, de la tercera categoría, en Colonia; ahí me ofrecen contrato, un departamento y un auto. Hasta hace unos cuatro años, lo que ganaba ahí lo utilizaba para financiarme en futures y challengers, pero después me cansé", cuenta el zurdo, que en sus tiempos de junior llegó a jugar en la escuela de Alto Rendimiento que dirigía Tito Vázquez y a compartir alguna gira con Guillermo Coria.

No obstante, hay una limitación: aquellos que no tienen pasaporte comunitario no pueden acceder directamente a los interclubes. Valverde (510°), que tiene 25 años, cuenta cómo trabajó para acceder: "Al no tener ciudadanía europea, este año tuve que jugar diez torneos por plata, en certámenes rentados de la Federación francesa. De esa manera quedás habilitado para jugar en los clubes". Si el rendimiento es el esperado por los managers y dirigentes del club, se pueden renovar los vínculos; como en el fútbol, también pueden aparecer otras entidades interesadas. "Para este año tengo algunas ofertas pero todavía no las cerré. También voy a tratar de conseguir algo en Alemania", explica Valverde, que tiene como mejor actuación un triunfo ante Guido Pella, en la primera rueda de la Copa Petrobras de Montevideo el año pasado.

¿Y ellas? Al igual que en el WTA Tour, no son muchas las argentinas que actúan en los interclubes. Erica Krauth, de 29 años y nacida en Luján, cuenta por qué se dedicó durante las últimas temporadas a este circuito. "Lo decidí porque me gusta el juego en equipo. El WTA Tour es muy competitivo y nunca me gustó el ambiente, aunque igualmente no tenía los medios para jugarlo como debería. Los interclubes son un mundo aparte. Si rinde en lo económico, depende de cómo armes tu calendario y de los gastos que tengas. En mi caso, pude sostenerme económicamente jugando interclubes, algo que en la Argentina sería imposible", dijo Krauth, que ha jugado en Alemania (fue campeona con el club Damen Meister), Francia, Austria, Holanda y Suecia. "Empecé en 2001. Estaba jugando un Womens Circuit y acepté una invitación. Muchos jugadores tienen managers, pero yo encontré los clubes por mi cuenta. En Europa suelo estar casi nueve meses al año", amplió Erica, que ya dejó el circuito profesional, pero continúa en las ligas europeas.

Así es la ruta de los buscavidas del tenis; los que, con mucho esfuerzo y sacrificio, lejos del estrellato y de las fortunas  del circuito mayor, encontraron la manera de salir adelante.

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