Cuando llegó por primera vez a Boca, en el invierno de 1998, Carlos Bianchi despreció cualquier postergación improductiva y decidió utilizar los primeros partidos amistosos para poner en juego los conceptos que quería inculcarle a su proyecto de equipo. En julio de ese año apenas maduraba la ejecución de algunas premisas tácticas y algunos nombres todavía estaban en tela de juicio, pero los rasgos fundamentales de los equipos del Virrey que hicieron época durante los años siguientes salieron a escena desde aquel mismo 4 a 2 sobre Rosario Central: el carácter y la convicción.
Julio César Falcioni eligió empezar con la misma receta. El verano, un período que la mayoría de los entrenadores toma más como un estorbo que como una oportunidad, para él fue un buen banco de pruebas. Le sirvió para descubrir que el material con el que cuenta es apto para desplegar lo que se propone. El Boca con el que se encontró venía sufriendo uno de los peores males que puede padecer un equipo: una desidia que se había vuelto crónica, falta de motivación traducida en actuaciones vacías, en rendimientos individuales intrascendentes, apáticos. Era la antítesis de lo que el Boca tantas veces ganador de años anteriores había forjado como virtud primordial. A Falcioni lo buscaron para restaurar esa vida interior extraviada por ahí.
Los dirigentes de Boca, al menos los que estuvieron de acuerdo con su llegada, lo consideraron un entrenador con suficiente autoridad para poner otra vez en caja a un grupo futbolísticamente distraído, disperso. Le vieron la mano suficientemente firme para encarrilarlo y ponerlo de nuevo detrás de un objetivo común.
A Falcioni, observador como es, estas prometedoras actuaciones de Boca no le harán sentir una sensación de plenitud, pero no va a despreciarlas. Si no pueden tomarse como garantía para el futuro inmediato, tampoco deben ser subestimadas. La experiencia de las pretemporadas enseña que lo que se ve en el verano no es necesariamente vinculante con la actividad oficial, pero que lo sea justamente es parte del desafío del DT.
Hay un capital que a Falcioni ya le puede servir: su equipo interpretó sin incomodidades el guión de esfuerzo atlético, despliegue y abnegación defensiva que tanto le gusta. Una preparación física casi castrense le dio ventajas notorias sobre sus rivales. Los refuerzos, que son de una categoría claramente superior a la media del mercado, respondieron como lo hacen quienes se insertan en una estructura convencida. Ahora, justamente en aquello de lo que puede jactarse, Falcioni tendrá una materia pendiente especial, entre otras: lo que logró de interesante lo hizo sin echar mano de Riquelme, a quien deberá insertar con éxito, igual que a Erviti. Pero ya adelantó trabajo.
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fede_977
(hincha de:
All Boys)
no creo que le haga bien a Falcioni compararlo con Bianchi por un par de partidos de verano, pero así esta el periodismo de hoy en día
fede_977
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All Boys)
no creo que le haga bien a Falcioni compararlo con Bianchi por un par de partidos de verano, pero así esta el periodismo de hoy en día