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Messi hace de todo, pero sigue sin jugar de 9

GINEBRA.- La intención de Sergio Batista era probar a Lionel Messi como centrodelantero. Como lo hace en Barcelona, relegando a David Villa como extremo izquierdo (ayer estuvo allí Lavezzi, ya que Di María se movió por la derecha), imitando resoluciones de Pep Guardiola no sólo para que el crack se sienta cómodo, sino porque realmente el técnico debe estar convencido de que es el mejor camino. Messi es un crack, es capaz de ganar los partidos por sí solo, como ante Portugal o ante Brasil, pero -con o sin Tevez- si hay algo que en esta selección no hace es jugar de N° 9. Por lo menos por ahora.

En Barcelona hay un entendimiento mayor con sus compañeros, más tiempo de trabajo para desarrollar una idea. Ayer, en la selección, se volvió a tirar y funcionar mejor moviéndose desde la derecha hacia el centro que como la última referencia ofensiva. Así llegó la acción del gol de Di María, con una gran asistencia de Messi a la espalda de João Pereira y con un buen movimiento de Lavezzi arrastrando marcas.

Batista insiste en que pretende que Leo reciba en los últimos 30 metros del campo de juego, pero ayer volvió a jugar muy retrasado, a tal punto que sólo en dos oportunidades tomó contacto con el balón dentro del área rival. Es decisivo, pero es el propio Messi quien muchas veces se queda sin alternativas para que sean otros los que finalicen las jugadas. Puede ser Di María, Lavezzi, pero ayer, aun con los cambios, no hubo plan B.

Portugal presionaba sobre la primera pelota y trataba de anticipar la segunda. Un movimiento colectivo interesantísimo, potenciado porque encima jugaba bien corto, compacto. A propósito, les dejaba libre las salidas a los centrales Burdisso y Milito para que dividieran la pelota y ellos tomaran el rebote. Ante este panorama, Mascherano no era solución. Y Banega y Cambiasso tienen más características de juego corto que de desplazamientos verticales, por más que el Cuchu pisa seguido el área rival, pero cuando juega por adentro. En las bandas, ambos se quedan sin recorrido. Y eso potencia, entre otras cosas, el retroceso de Messi.

No se entendió la posición de Pastore. Ingresó por izquierda, aunque la Argentina terminó casi con un esquema 4-4-1-1, con Messi de media punta y Martínez solo arriba. Habría sido un espejismo si entraba el cabezazo en el travesaño o el mano a mano que Rui Patricio le sacó. Pastore tiene condiciones técnicas y tácticas para ser un potencial socio de Messi; el tema es que Batista todavía no le encuentra el puesto. Y en el momento en que ingresó Pastore a la Argentina le faltaba más explosión para intentar ganar el partido que control para la tenencia del balón.

El mal estado del campo de juego perjudicó, está claro, las intenciones de posesión argentina, pero el equipo fue impaciente y careció de pausa. Cuando logró ganar los sectores ofensivos sobre las bandas fue peligroso. Pero más por Messi que por asociación colectiva.

65

veces entró Messi en contacto con la pelota, aunque sólo 7 fueron en los últimos 30 metros.

(*) Egresado de la Escuela Nicolás Avellaneda .

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