Muchas situaciones fueron cambiando esta temporada en el sendero deportivo de Manu Ginóbili para que hoy pueda disfrutar un "regalo" o una "caricia al ego", como él definió, en esta segunda participación en un All Star Game.
Habrá que recordar los meses previos al arranque de la campaña cuando el traspaso de Tony Parker a otra franquicia parecía inminente. Hoy, observando los cambios de actitudes basquetbolísticas del francés, aquellos rumores parecen más una amenaza de los directivos o un escarmiento ideado por el zorro de Gregg Popovich para que Tony modificara su juego. Si algo cambió en el estilo del equipo líder de la NBA fue la rapidez con que ahora Parker se desprende de la pelota. Ya no la mantiene en dribbling bajo las manos buscando una empecinada penetración. Hoy Tony cruza la mitad de la cancha y la pasa, "la presta", hace participar al resto, incluso a Ginóbili. Aunque Manu siempre elogió al francés y mantuvo ante la mirada pública una relación afectuosa, para el común de la crítica Manu no recibía del base los pases y asistencias previsibles.
Esa mejor relación con la pelota entre el conductor y el escolta favoreció al equipo y, principalmente a Ginóbili, tanto como la nueva filosofía de juego que Popovich programó para Tim Duncan. Para preservarlo, para proteger la veteranía del pivote, el coach decidió hacerlo jugar menos y no sostenerlo como el definidor de la mayoría de las ofensivas como sucedió durante una década. Duncan aceptó un papel menos privilegiado y por eso suma menos minutos y menos puntos de promedio que nunca en su fabulosa carrera.
El descanso de mitad de año que decidió tomarse Manu a riesgo de muchas críticas por su no participación en la selección fue otro aspecto positivo en este gran arranque de temporada que lo depositó en el All Star. Popovich, además, tomó dos determinaciones tácticas clave para que el bahiense hoy disfrute de uno de los máximos halagos de su frondosa carrera. Gregg decidió incluirlo siempre como titular ("A riesgo de perjudicar al equipo, pero porque él no se merecía otro trato", dijo), sin pensar que viniendo desde el banco de suplentes obraba como revulsivo del juego. Una idea que sostuvo por mucho tiempo y que Manu aceptó por altruismo. Y la otra valiente decisión del técnico fue darle la pelota en todos los cierres de partidos, incluso en los finales de cada cuarto. Todos reconocimientos que aumentaron la confianza del argentino y lo ubicaron en un lugar de mayor protagonismo y autoridad. Este año, más que nunca, por todas aquellas razones, Ginóbili es el dueño de la pelota, el líder número uno de los Spurs. Por eso no podía estar ausente del All Star. El mejor jugador del mejor equipo estará allí, donde muchas veces debió estar y no estuvo porque Popovich no se decidía a cambiar de líder.