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Fútbol Internacional

Fútbol con historias: Luis Suárez, mano a mano

El delantero uruguayo, elegido por Liverpool para ocupar el lugar de Fernando Torres, y una historia en donde un pasado tormentoso y un presente exitoso tienen como hilo conductor a la pelota.

Por Javier Saúl | canchallena.com

Sabe de manos. La primera bofetada la recibió a los 9 años, cuando su padre lo abandonó junto a su madre y sus seis hermanos. Cinco años más tarde, su adolescencia tenía mucho de dolor y poco de la típica diversión juvenil. A la edad en la que las niñas preparan su gran fiesta, el poco dinero que tenía lo gastaba en alcohol. Luis Alberto Suárez Díaz intentaba jugar al fútbol, pero su corta trayectoria sumaba más minutos en la noche uruguaya que goles dentro del campo de juego.

El 24 de enero de 1987, El Pistolero nació en Salto, la ciudad charrúa que se encuentra frente a la entrerriana Concordia. Pero la pelota lo llevó a Montevideo y su talento lo paseó por Deportivo Artigas y el baby fútbol del Urreta FC, hasta recalar en las categorías infantiles de Nacional. "Pero empecé a beber, a salir mucho y a meter muy pocos goles", contó. Mientras, el puñado de billetes lo conseguía trabajando como limpiador. Aunque el ingreso era insuficiente y la casa seguía en pie gracias al aporte económico de su abuela, quien impidió que la familia pasara hambre.

Con tan sólo ocho goles marcados en la categoría Cadetes, una de las mayores promesas de las inferiores de Nacional tuvo que tomar la gran decisión de su vida. Un entrenador lanzó el ultimátum: "O empezás a entrenarte y a centrar tu vida, o te vas de aquí", le gritó el DT, mientras lo zarandeaba con la pechera como bandera. En medio de una vida rápida y furiosa, Suárez entendió el mensaje. Lo entendió de tal manera que a los 18 años debutó con la camiseta de Nacional ante Junior, de Barranquilla, por la Copa Libertadores. Tardó sólo cuatro meses en anotar su primer tanto y en sólo una temporada convirtió 12, lo que le valió el salto a Groningen y de allí a Ajax, ambos de Holanda. Todo de un año para el otro y todo gracias a una escalada goleadora que jamás se detuvo.

Comprendió el mensaje de su entrenador y gastó su energía frente a los arqueros. En plena recuperación, hasta se animó a decirle a su novia Sofía que se iba a dedicar de lleno al fútbol y que lo haría tan bien que ya no tendrían que preocuparse por el dinero. La rompió toda y ahora disfruta del fútbol, de Sofía -su esposa- y de su hija Delfina, que el pasado diciembre recibió la primera visita de Papá Noél. Delfina es su nueva perdición. Rápido, goleador y efectivo dentro del área, algunos sostenían que la Eredivisie le quedaba chica. Aunque Otman Bakkal, un holandés de origen marroquí que juega en PSV, todavía lleva la marca de su peor pasado: el charrúa lo mordió en su cuello, en noviembre. La federación local no dudó y lo suspendió por siete partidos. Pidió disculpas en perfecto holandés, pero no le alcanzó. "Me da vergüenza mi reacción, pero no entendieron que soy humano y que me salió defenderme", declaró, un poco más frío.

En los últimos días de enero, Liverpool lo contrató por 26.5 millones de euros. Su llegada a The Reds fue de la mano de un "Fernando Torres no se va", que bajó desde la directiva del club inglés. Las acciones posteriores demostraron que las piezas del rompecabezas se acomodaron tras la salida del español a Chelsea. 16 minutos, en el choque ante Stoke, fue tiempo suficiente para el primer tanto del uruguayo en tierras británicas.

En julio del año pasado, Suárez, de 24 años y considerado por la IFFHS como el máximo goleador del mundo, se encontró en Sudáfrica disputando el Mundial con la camiseta celeste. Por la etapa de grupos, jugó ante Francia, la selección local y México, a quien le convirtió el 1 a 0 final. En total, participó en seis encuentros (le sumó octavos, cuartos y tercer y cuarto puesto), 543 minutos y festejó ante los aztecas y Corea del Sur (por duplicado). De Sudáfrica se fue con la ropa de héroe. En el último minuto de los 120 que tuvo el emotivo partido ante Ghana, por los cuartos de final de la Copa, vio la roja. En una jugada para el infarto, Luis atajó una pelota ghanesa con destino de gol. Sin guantes y con el reglamento en contra, al portugués Olegario Benqueranca no le quedó otra que expulsarlo. Asamoah Gyan tuvo el triunfo africano en sus pies, pero el travesaño mandó todo a los penales. Los doce pasos fueron el lugar ideal para el lucimiento de Muslera y las locuras de Abreu. "Los que creen en el destino quizá puedan explicárselo", declaró el DT Oscar Tabarez, quien entendió en la antesala de los penales que todo lo que podía venir después ya era un regalo divino. "Fue la atajada del Mundial", agregó Suárez, el delantero que sabe de manos.

Fuentes: El País (España), El Mundo Deportivo (España), El Enganche.es (España), blog El Guardían del fútbol, FIFA.com y Ovación (Uruguay)

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