Oferta: jugadores de más de 30 años con experiencia en primera división, pasado de selección y con un impacto mediático garantizado. Excelente oportunidad.
Ningún representante de jugadores necesitó publicar ningún aviso en los últimos años para que los dirigentes, en su mayoría y como si fuera una moda, apostaran por un fútbol argentino que se ríe del paso del tiempo. Nombres como Matías Almeyda (37 años), Sebastián Verón (35), Guillermo Barros Schelotto (37), Martín Palermo (37), Juan Román Riquelme (32), Sebastián Battaglia (30), Eduardo Tuzzio (36), Ariel Ortega (36), Rolando Schiavi (38) y Esteban Fuertes (38), entre otros, lejos de ser excepciones se transformaron en una tendencia y un camino para seguir por varios.
Es verdad que lejos de tratarse de "viejitos" , algunos de ellos fueron en los últimos torneos piedras fundamentales para volver a festejar un título o apuntalar un funcionamiento y, en determinados casos, una idea futbolística. Tan cierto como que más allá de las excepciones (pocas), los jugadores más experimentados tienen más preponderancia que los jóvenes. Incluso, aunque los técnicos no lo admitan, sus ausencias y sus lesiones, a veces, las lamentan en la intimidad del vestuario más que la de cualquier otro compañero.
Por un lado, esta particularidad destaca a futbolistas que, manteniéndose en actividad y dedicación, logran disputar palmo a palmo la titularidad con los chicos que recién aparecen en primera. Y, por el otro, deja expuesta a una camada de jóvenes de entre 18 y 27 años que no logra afirmarse con continuidad y regularidad.
Ahora bien, ¿tener más de 30 es una garantía de rendimiento? ¿Aseguran el manejo de los tiempos y del partido? ¿Es suficiente para alcanzar la categoría de "intocable"? ¿Justifica armar los equipos en función de ellos y disponer todo el andamiaje táctico a su alrededor? Algunos casos dan cuenta de que juegan más por razones de "peso" o significados emocionales que por argumentos futbolísticos. Sólo para los técnicos que los saben aprovechar y cuidar se convierten en un plus importante. La permanencia de los jugadores Sub 40 no hacen más que reabrir el análisis.
En el medio de este contexto, subyace y queda sin responder -o respondida a medias- una pregunta: si un fútbol con jugadores grandes es un progreso o un retroceso cualitativo. Tal vez la respuesta haya que buscarla en otros parámetros y no sólo en la simple comparación de edades. Quizás haya que detenerse en el juego en sí, en lo que aportan los estilos, en la abundancia o carencia técnica de nuestros jugadores, en la calidad de las propuestas. Es decir, en el contenido más que en el envase. Una tarea compleja en tiempos tan difíciles para la reflexión.