En el retroceso futbolístico de los equipos grandes en los últimos años ante rivales más organizados y estables casi siempre se dio por natural que Racing estuviera en ese estado de postración. Casi que no podía ser de otra manera en un club habituado a soportar calamidades de todo tipo ya no por meses o años, sino por décadas.
Ayer fue el Día del Hincha de Racing, efemérides que recuerda el 7 de marzo de 1999, cuando alrededor de 30.000 personas se congregaron en el Cilindro de Avellaneda para desmentir desde la pasión lo que la síndica Liliana Ripoll había dicho unos días antes desde la racionalidad jurídica: "Racing Asociación Civil ha dejado de existir". Después sobrevino la transformación con el gerenciamiento de Blanquiceleste, que si bien puede colgarse la medalla del título de 2001 nunca consiguió la identificación ni la confianza de los hinchas. Siempre se la miró con sospecha y recelo. Y terminó mal.
Los simpatizantes de la Academia que ayer celebraron su día pudieron hacerlo más desde la esperanza tan infrecuente que desde el estoicismo habitual. De los cinco grandes quizá no haya ningún otro que emita señales tan positivas y promisorias como el equipo de Russo. Y no se trata sólo del arriesgado balance que se desprende de las cuatro fechas. Racing fue creando desde hace un tiempo un contexto de continuidad y sensatez que le permite creerse un conjunto serio y con aspiraciones.
Por lo pronto, en los últimos meses, del paisaje de la Academia desaparecieron dos temas recurrentes y martirizantes: las zozobras económicas y la angustia por los promedios del descenso. Tiene la tranquilidad necesaria para proponerse metas ambiciosas. Es cierto, no sólo no le sobra el dinero sino que le cuesta mantener al día al plantel, pero lejos se está de los desbarajustes de antaño. Lo del promedio también fue un crecimiento gradual, luego de disputar en 2008 la promoción contra Belgrano.
Los dirigentes parecen haber aprendido de algunas extravagancias (la fallida contratación de Lothar Matthaüs los dejó mal parados) y errores (la escasa tolerancia con Claudio Vivas y haber alargado más de lo debido la permanencia de Caruso Lombardi). Russo es un hábil timonel para navegar en aguas encrespadas. El proceso natural llevó a Racing en general a bajar sus niveles de histeria. En el Apertura pasado, las cuatro derrotas consecutivas y la posterior caída ante Independiente le habrían costado la cabeza al director técnico hasta no hace mucho.
Quienes creen que el infortunio es consustancial a Racing ahí tienen la trágica muerte del masajista por la caída de un rayo o la grave lesión de Gio Moreno. Y hasta la remontada de Olimpo que rozó la hazaña también es algo típico del histórico universo Racing, que aun así es el grande con más argumentos para reclamar consideración.