Entre los patrocinadores oficiales de la FIFA, dos proceden del mundo asiático: la surcoreana Hyundai y la japonesa Sony. Además, basta recorrer las páginas web de los principales clubes de Europa para advertir que están traducidas al japonés, coreano y chino. Es que todos miran atentamente hacia Oriente porque allá tiene domicilio esa espiral financiera que gobierna al deporte. En la industria de transformar la pasión en dinero, aquella región del planeta se acostumbró a entregar señales de un cautivante y millonario potencial. Desde esa plataforma hay que entender algunas decisiones que apuntan a seducir al negocio que merodea al fútbol. Por ejemplo, la apertura hacia mercados que más dinero pueden darle a la Conmebol ya provocó que la Copa América tuviese entre sus protagonistas a... Japón en el torneo de Paraguay 1999.
Pero ahora la presencia de los samuráis azules en el certamen que desde el 1° de julio se jugará en la Argentina entró en riesgo. Como no es conveniente perder a Japón y su influyente impacto comercial, la Confederación Sudamericana (CSF) reaccionó eyectada. La obsesión es abrirse paso en aquella plaza que desde hace varios años se muestra fértil para los negocios. La idea es comprensible y para nada censurable... hasta que huele a voracidad. ¿Para articular los beneficios vale todo? El fútbol actual, una trama de espectáculo socio-económico-político-promocional no puede ser una excepción de espíritu lúdico y comprensión en un mundo manoseado. El desafío es que las ganancias se multipliquen, pero atención que en el medio no hay sólo mercaderías.
El presidente de la Asociación Japonesa (JFA), Junji Ogura, cruzó el mundo para explicarles a Nicolás Leoz y a Julio Grondona que el devastador y reciente tsunami había sumido a su nación en una lógica consternación que desplazaba del eje a las competencias deportivas. Pero Ogura se topó con una petición: como director del comité organizador, José Luis Meiszner, le pidió a la JFA que reconsiderase su decisión de no intervenir en la Copa. "Es nuestro deseo que revean la medida, considerando que el pueblo de la Argentina y de América tiene la necesidad de hacerle sentir todo su afecto al pueblo amigo de Japón", dijo el dirigente. El discurso, cuando menos, debe rotularse de cándido.
Japón dispone de tiempo hasta el próximo viernes para cambiar de postura; según los últimos indicios reconsideraría su posición y estaría en el torneo. Eduardo Deluca, secretario general de la CSF, corrió el velo. "La no participación de Japón traería aparejada un perjuicio económico para todas las partes y un gran problema para la empresa que se encarga de la TV y para la organización". La firma brasileña Traffic, encargada de la comercialización de la televisación, ancló su interés en la presencia nipona por la venta de los derechos al mercado asiático. Con sagaz instinto, la Conmebol y la AFA saben muy bien qué puertas golpear. Barnizado de bondadosa fraternidad, el perfil recaudador no puede esconderse.