Cuando el inefable José Mourinho dijo lo que dijo, antes y después del esperado Madrid-Barça, terminó de salpicar un poco el habitual glamour de la Champions League.
Entre sus palabras -con las que incriminó hasta a Unicef en una supuesta conjura- y la tensión del partido -con más roces, simulaciones y protestas que juego de alto vuelo (gracias, Messi, por la excepción)-, se armó un combo que suena a tonto consuelo para estas tierras, donde este tipo de circunstancias es mal de muchos.
De hecho, la precisa recorrida de Mou por las situaciones en las que él fue perjudicado y su archirrival beneficiado por los arbitrajes, sin detenerse en alguna en la que hubieran fallado a su favor, es una práctica usual por aquí. Y, a esta altura del juego, se hace muy difícil determinar en qué medida esa queja pública es una estrategia y, peor todavía para ellos, en qué medida termina dándoles resultados a los quejosos.
Parece haberlo advertido Miguel Ángel Russo, el DT de Racing, que en medio de la novela de Teo Gutiérrez y su famosa amarilla, salió a mostrar su preocupación por el caso: "Los árbitros se pueden equivocar a favor o en contra. A favor no nos ha tocado, pero son circunstancias. No lo tomo como algo contra Racing. Pero ahora siento como que nos apuntan permanentemente por esta circunstancia" .
Esta circunstancia, claro, es la polémica decisión de retirarle la amonestación a Teo, razón por la cual quedó habilitado para jugar contra River, mañana, y razón por la cual, también, tendrá una lupa siguiéndole cada uno de sus pasos en ese partido.
A favor o en contra de la resolución, se ha hablado hasta el hartazgo y en muchas conclusiones aparece la pasión o la conveniencia como condicionante.
Vuelvo el tiempo atrás, para reconstruir con objetividad los hechos, y me encuentro con este tweet , escrito a minutos de la jugada desencadenante: "El caso Teo-penal-amarilla es exactamente igual al caso Galmarini-gol no convalidado-amarilla. ¿Se actuará en consecuencia?" .
Hasta allí, encontraba tres coincidencias: 1) A Galmarini lo amonestan por una mano que no cometió y a Teo, por una simulación que no hizo. 2) En las jugadas, a Tigre no le convalidaron un gol legítimo y a Racing no le dieron un penal que había sido. 3) El fallo equivocado representaba una suma de perjuicios para los protagonistas, por la acumulación de amarillas.
Pero, un rato más tarde, escribí esto: "Y ahora Teo merecía roja directa, por plancha. Desde el penal, Pompei dejó de dirigir el partido" . Encontré, entonces, tres diferencias con el caso precedente: 1) Galmarini no siguió en el partido, por la segunda amonestación. Teo siguió jugando. 2) Galmarini apenas protestó y se fue. Teo metió un planchazo que merecía expulsión. 3) Con Galmarini, el error fue inducido por el asistente y admitido por el juez. Con Teo, Pompei debió rectificar su informe original.
Objetivamente, las diferencias parecen pesar más que las coincidencias. Volvemos al presente, nos proyectamos al futuro: ¿salió ganando Racing?
Si no se legisla claramente, si se subsanan los errores con parches, se correrá el riesgo de que aquello que nace como una corrección termine convirtiéndose en una cadena de compensaciones. Pero antes todos podrían empezar desterrando de su ideario una frase nefasta: "Tenemos peso en AFA" .
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