Al lado de la obra de Messi, lo hecho por otros futbolistas parece insignificante, un apunte destinado al pie de página entre los grandes titulares que acapara el rosarino. Si la vara es Messi, se corre el riesgo de perder la dimensión de otro gran futbolista argentino, que por ser contemporáneo de Leo queda un poco a la sombra. La condición de crack del Kun Agüero ya fue descubierta hace tiempo, pero cada tanto conviene actualizarla para tener noción de su ascendente carrera.
En algún punto, lo de Agüero merece mayor consideración que lo de Messi porque no está tan bien rodeado y es depositario de casi todas las expectativas e ilusiones de un equipo, Atlético de Madrid, imprevisible y oscilante, bipolar, capaz de lo mejor y de lo peor sin escalas intermedias. Agüero va en camino de completar la quinta temporada en un club que es mentalmente agotador, al que aprendió a querer y soportar en partes iguales.
Sin duda, el Kun está por encima de lo que es futbolísticamente Atlético de Madrid. Le está quedando chico porque no encuentra en la cancha la compañía debida. Vedada la lucha por el título de la Liga a causa del duopolio que ejercen Barcelona y Real Madrid, Agüero ya contribuyó a la obtención de los objetivos posibles: la Copa UEFA y el bonus de la Supercopa de Europa con un gol en la final a Inter.
Si le juegan al pie, desnivela con esa gambeta llena de potrero; si lo buscan al espacio, la potencia de tracción de su tren inferior lo hace poco menos que incontenible en busca del gol con precisas definiciones. No hay desafío que lo exceda. El último y más reciente, rescatar a Atlético de Madrid de la mitad de las posiciones sin su socio de las últimas temporadas, Diego Forlán, que está sufriendo esa sentencia que dice que el fútbol no tiene memoria y sólo vive en presente: en menos de un año pasó de ser el mejor del Mundial de Sudáfrica a suplente por bajos rendimientos.
El Kun asumió toda la responsabilidad. En los últimos siete partidos hizo nueve goles que reportaron puntos para reubicar al equipo en puesto de clasificación a la Liga Europa. Está a dos tantos de alcanzar los cien con la camiseta rojiblanca. Con 20, se ubica segundo entre los máximos anotadores del club en competencias europeas (el primero es Luis Aragonés, con 27).
Se ganó ampliamente el derecho a ser el mejor pago del plantel (alrededor de 6 millones de euros por año). En octubre renovó el contrato hasta 2014, pero los dirigentes bajaron su cláusula de rescisión de 60 a 45 millones de euros, cifra que lo pone por debajo de los diez pases más caros de la historia. Un precio para que clubes más poderosos y con mayores pretensiones deportivas vayan a remate por un futbolista que produce por lo que vale.