"¿El promedio? Vamos a pelear hasta el último segundo del próximo campeonato."
Hace exactamente una rueda -o un torneo, que para el caso es lo mismo-, el Monumental bramaba y Matías Jesús Almeyda hablaba, ajeno a la euforia a su alrededor, después del revividor 1-0 de River sobre Boca, con la serenidad y la sensatez de quien se siente "más allá de todo" y que sólo dan los años y las batallas vividas. Le faltaban apenas unos días para llegar a los 37 (los cumplió el 21 de diciembre), había vuelto a la actividad después de estar cuatro parado y se había sobrepuesto a una amenazante lesión que no logró opacar ni un poco su protagónico regreso.
Así y todo, seguro, Almeyda ni siquiera podía imaginarse que aquella frase suya tomaría la forma de un presagio y que mantendría actualidad casi seis meses después.
"Para mí no significa nada dejar a River en Promoción; para el hincha, mucho."
Apenas 48 horas antes de salir a la Bombonera para jugar su último superclásico, Martín Palermo se sentó a compartir sus sensaciones con la tranquilidad y la sinceridad de quien se siente "más allá de todo" y quien sabe que 90 minutos más no cambiarán el rumbo de una historia ya escrita. A los 37 años (cumplidos el 7 de noviembre) y con el anuncio de su retiro para el final de este torneo ya recontrarreconfirmado, ha recorrido las 13 fechas jugadas en este Clausura como si de un extendido homenaje se tratara. Sí, incluidos esos casi mil minutos de sequía, necesarios para darle angustia y suspenso a un guión al que no le ha faltado absolutamente nada.
Imposible, de todos modos, que Palermo siquiera imaginara lo que vendría después de aquel primer grito ante River, en el lejanísimo 25 de octubre de 1997, que quedó en la historia tanto por eso como por que fue el día, nada menos, del último partido de Diego Maradona futbolista. Los que vinieron, por supuesto, fueron 16 goles superclásicos más, 7 por competencias locales, 1 por competencias internacionales y 9 por competencias veraniegas (que ni ahí dejaba de competir). Entre ellos está "el de las muletas" , "el del murciélago" , de cabeza, de penal, de rebote...
El superclásico siempre se las ingenia para ser trascendental.
Que Boca planee ahora sin turbulencias no significa que haya dejado atrás la tormenta.
Que River, si gana, suba al ring de la pelea por el título o, si pierde, caiga al hoyo de la Promoción, no sólo revela el perfil histérico de un sistema de competencia sino también la más cruda realidad de un equipo que no termina de definirse.
Siempre es trascendental un superclásico. Pero, pase lo que pase, nadie podrá decirles nada ni a Almeyda ni a Palermo. Ellos sí están más allá de todo.
"Acá Debemos hablar de lo futbolístico, ya que tenemos que jugar seis finales"
Aquello que era una inquietante insinuación, se transformó de pronto en una realidad amenazante: si pierde ante Olimpo, Independiente estará en zona de Promoción. En Bahía, la primera final.
Imposible imaginar que ese muchacho que corta la cancha con tranco brioso y elegante alguna vez se tuvo que ir de Boca porque buscaban chicos con más físico. Encarna -o vuelve a encarnar- el recambio de ese Vélez que desafía, a pesar de todo, el maleficio: que un equipo argentino no pueda ganar en un mismo año el torneo Clausura y la Copa Libertadores.
Y encarna, también, el concepto colectivo: tanto vale la pena pagar la entrada para verlo jugar a él como para ver a su equipo: el domingo, ante Lanús.