Las bandejas con frutas fileteadas eran observadas hasta con desconfianza. La propuesta europeizada del novato entrenador Diego Simeone encontraba cierta resistencia ante la cultura bien argenta de las facturas con dulce de leche en los vestuarios. El medio contagia las costumbres y dibuja un círculo vicioso. Un futbolista se entrena tres horas diarias?, ¿y qué hace las otras 21? Sobran las anécdotas que invitan a sospechar del futbolista argentino mientras se mueve en rebaño, por eso es improbable que desaparezcan las concentraciones o sólo se junten a desayunar el mismo día que juegan de local, como sucede en la Premier League.
Los excesos de grasas, el vicio por la carne roja, el rechazo a la leche y el pescado, y la recortada disposición a seguir un programa de horarios para ingerir los alimentos describen un costado poco profesional de varios criollos. Cuando aterrizan en Europa, sólo entonces la mayoría entiende las ventajas de una reeducación. ¿Aquí son incapaces los especialistas que deben asistirlos? No. El entorno los condiciona: las tentaciones salen a cazar en manada y los futbolistas reaccionan por imitación. Es más fácil dejar los ejercicios regenerativos de elongación para otro día, marchar en grupo a una cadena de comida chatarra y más tarde corretear a la vedette del momento. "Cuando me entrenaba en Milanello, Maldini llegaba una hora antes y se iba una hora después. ¡Cómo no imitarlo! El ambiente te ayuda a tomar buenos hábitos", me cuenta Roberto Ayala.
Pedro Troglio, en una entrevista con La Nacion, no enmascaró el tema de fondo. "Si logramos que el futbolista sea profesional al 100% en su vida privada, podemos jugar con los mismos once todos los partidos. El tema es que no todos llevan la vida que uno espera. A lo mejor alguno un sábado se va a comer a McDonald's después de un partido y el miércoles es difícil que la banque. Si vos hacés las cosas bien, no hay nada más lindo que jugar, comer, dormir y descansar".
Hace un par de años, David Jiménez era nutricionista de Atlético de Madrid y no dudaba en tomar como (mal) ejemplo al Kun Agüero. "Sergio llegó con unas costumbres y le costó adaptarse a los buenos hábitos. Consumía muchos hidratos de carbono, mucha carne roja y no bebía casi nada de agua porque no le gusta ni en pintura", develaba. En 1997, cuando Mauricio Pineda pasó de Boca a Udinese, después de los exámenes de rigor, los índices de colesterol y un hígado castigado por impiadosas frituras despertaron la turbación del cuerpo médico del club del Friuli italiano. Inadmisible.
Allá, los futbolistas terminan de entender que han accedido a la elite cuando descubren los cuidados que reciben. Algunos los aprovechan, otros se fastidian. Seguramente aquellos edifican una carrera, éstos vuelven pronto con un manual de excusas. Las sorpresas se encadenan frente a los estudios mensuales de los pliegues cutáneos para determinar el porcentaje graso. O las ergoespirometrías que evalúan el consumo de oxígeno bajo esfuerzo. O las evaluaciones de potencia en las máquinas isocinéticas.
Una de las referencias periodísticas del diario L´Equipe, Vincent Duluc, hace un tiempo se refería a Lisandro López, de Lyon. "Tras las vacaciones necesita dos semanas para volver a tomar la forma, entonces hay meses, como enero, en los que ya no puede considerárselo fundamental en el plantel". En los períodos de descanso, una política usual de los dueños europeos es entregarles a sus empleados argentinos un plan de mantenimiento y un polar para que allí se grabe esa actividad. La confianza es un valor que no están dispuestos a conceder fácilmente.
Fábrica de milagros: "El Milan Lab me dio una nueva carrera." El agradecido es Crespo, que así recordó su paso por este centro científico/tecnológico del club de Berlusconi. El secreto es considerar la salud de los jugadores como su activo principal. Un trabajo personalizado redujo las lesiones no traumáticas en un 80%. "Se acabó el futbolista que en 2 horas despachaba el trabajo", dijo el director Daniele Tognaccini, como síntesis de la excelencia y el compromiso.
Una norma bastante usual en los contratos con los clubes europeos es establecer un margen no mayor al 3% en la variación del peso para cuando los jugadores vuelven de sus vacaciones. La pena es una sanción económica.