El fútbol argentino está en llamas. Nadie sabe cómo apagar el incendio que hace ocho días se desató en la Bombonera, se avivó en los escritorios, se trasladó a las tribunas y amenaza con devorarse todo. Las denuncias al voleo, las descalificaciones, profesionales y humanas, no tienen fronteras. La razón perdió por goleada. El lado oscuro de cada uno de los actores de esta obra de terror salió a luz. Resultados cuestionados, penales no cobrados, goles no convalidados... descorrieron el velo y dejaron en evidencia las miserias. El juego más lindo del mundo se transformó en el mayor peligro.
Julio Grondona lleva 32 años al frente de la AFA. Daniel Passarella y Diego Armando Maradona tienen algo más en común que haber sido capitanes de las selecciones campeonas del mundo en 1978 y en 1986. Nunca los unió el amor y ahora, paradójicamente, los cobija el espanto.
Los tres fueron y son protagonistas de más de 30 años de grandeza y decadencia del fútbol argentino. Lo representan acabadamente. Se necesitaron. Antes se alababan y se elogiaban, aunque se odiaran recíprocamente. Lo disimularon, pero ya no tienen escrúpulos en reconocer que se detestan. Lo hacen hasta desde las bajezas, las traiciones, las promesas de venganza. La incontinencia verbal los retrata descarnadamente. "En Argentina-Australia, para ir al Mundial 94 no hubo control antidoping, porque sino la Argentina no llegaba al Mundial", acaba de revelar Maradona a Clarín. Él integró ese equipo.
Los tres traspusieron los límites que fijaban los incomprensibles códigos del fútbol. Se despojaron de sus roles. Se olvidaron de que no son hinchas. Volvieron al tablón. Predican con el patoterismo. El periodismo también sumó su contribución. Así se armó un cóctel explosivo. El fuego del rencor sumó el último ingrediente.
Muchos partidos pudieron haber cambiado de rumbo -no sólo en este Clausura- de no existir las groseras fallas arbitrales que se apuntan fecha tras fecha. Es cierto. Tan cierto como que forman parte del juego, por lo menos hasta que se demuestre lo contrario. "Uno es humano y un error lo tiene cualquiera", asumió anoche Juan Pablo Carrizo, tras explicar la jugada que derivó en el empate de San Lorenzo. ¿Pensará lo mismo Passarella, con 30 años de fútbol encima? ¿Cómo, quién o quiénes y desde dónde cambiarán este clima inflamable, de crispación e irrespirable desconfianza general?
No sirve transferir responsabilidades. Quienes juegan, quienes dirigen, dentro y fuera de la cancha, los hinchas y quienes criticamos debemos hacernos cargo de los errores. Se trata, sencillamente, de que no gane la trampa. Aunque suene utópico después de escuchar a Grondona, Passarella y Maradona.
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fede_977
(hincha de:
All Boys)
si el periodismo investigara en serio, seguro habría muhco menos suspecha de las de ahora, pero pareciera que cada cual cuida su negocio
fede_977
(hincha de:
All Boys)
si el periodismo investigara en serio, seguro habría muhco menos suspecha de las de ahora, pero pareciera que cada cual cuida su negocio
locato22
(hincha de:
Unión)
Si todo muy lindo, redacción muy rebuscada y llena de metáforas. Lo triste fue ver en el partido Estudiantes-Huracán como los hinchas de Estudiantes fueron a provocar a los de Huracán cuando ganaban el partido, no tienen nada de que preocuparse y saben que los ánimos en el globo estaban caldeados. Eso es de basuras, sor-etes, de escoria humana, eso es patear en el piso, pegar por la espalda. Lo mismo hicieron los estúpidos de Velez, van ganando el campeonato con el mejor equipo de la actualidad, ganaron perfectamente el partido en la cancha y tenían la necesidad de cerrar el partido cantando desde las tribunas que Gimnasia se va a la B?? digo yo, hay necesidad de hacer eso? si, me diran es el floclore del fútbol... las pelotas folclore, eso es echarle nafta al fuego si ninguna necesidad, porque el incendio ya está en marcha. Sean más inteligentes y más gente!!! ahorrense problemas Uds y a la gente que pasa por un mal momento.