A los 16 años, Messi pintaba para crack y jugaba como tal. Pero es la excepción. Lo normal tiene poco que ver con el vértigo de la historia de Lio. El fútbol argentino, frenético en sus necesidades, quema etapas y acelera procesos de crecimiento. Espera que sus promesas rindan frutos de manera instantánea y muchas veces eso lleva a sacar conclusiones injustas y se castiga a aquellos que demoran un poquito nomás en conseguir afianzarse como figuras.
Pese a todo, los muy buenos sobreviven. Hay tres jóvenes jugadores -de distintas edades, pero jóvenes todos ellos- que en algún momento mostraron tener pasta de cracks. El tiempo dirá si llegan a serlo. Lo importante es que el Clausura 2011 los tuvo como protagonistas y marcará un antes y un después en sus carreras. Se trata de Erik Lamela (19), Patricio Rodríguez (21) y Ricky Álvarez (23), que desde situaciones bien distintas fueron decisivos para sus equipos.
Lamela fue presentado en los medios desde tan chico que ya pasó por curiosidad, proyecto, invento de la prensa, figura, fracaso rotundo y, hoy, pieza fundamental en este River que ruega por un desgarro serio de Josepmir Ballón con Perú para poder tenerlo en lo que resta de la competencia. Por primera vez fue titular en todos los partidos del campeonato. Passarella, en el ahogo económico riverplatense, dijo que tenía ofertas para vender a varios jugadores por cifras millonarias, esas que limpian balances y perdonan pecados añejos y actuales. Entre tanto palabrerío, tal vez Lamela sea el único jugador del plantel que permita corregir el descalabro financiero en Núñez.
Patricio Rodríguez jugó sólo un partido completo en el semestre pasado, pero actuó en 14 del Clausura y en 13 de ellos como titular. Ya había sido importante en algunos tramos de la Sudamericana 2010. Su rendimiento, de menor a mayor, lo encontró en el tope justo en esos partidos que definían si Independiente tomaba aire o se mezclaba en la temida zona de Promoción. Cuando uno ve al Rojo, dan ganas de que los compañeros se la pasen. Su gambeta invita a lo inesperado y su equipo es de lo más común si el juego no pasa por sus pies.
Ricky Álvarez no sufrió de las exigencias prematuras en Vélez... por una lesión de ligamentos que demoró su llegada a primera. Cambió un poco su estilo, dejó las gambetas insistentes y el estilo vertical por una posición más ordenada en la mitad de la cancha. Sin duda Ricardo Gareca lo hizo crecer en su juego. Hasta la exigente platea norte de Vélez lo quiere, lo respalda.
Ricky supo de impaciencia cuando estaba en la 6a de Boca (15 años). No había desarrollado su físico y no lo esperaron. Quedó libre. Pino Hernández lo llevó a Vélez. Hoy mide 1,88m. Su paso engaña, parece cansado, pero siempre le da buen destino a la pelota. Es un organizador de lujo. Es bueno esperar un poco para ver lo mejor.