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Nota V de V

Mujeres, tacos y caballos

Patricia Panzarasa es polista y cuenta cómo es practicar un deporte tan vinculado al universo masculino; prejuicios y pasiones de una disciplina marcada por el glamour

Por Paula Soler | canchallena.com

 
 
 

Botas, camiseta, casco y taco, impecables. El equipo de la polista Patricia Panzarasa está casi listo. Sólo falta ponerle la montura al caballo que espera alto y desconocido para ella. El animal titubea, pero se lo gana con un par de caricias y la seguridad del que sabe. Es hora de ensillarlo, pero la montura se ve enorme y pesada en sus brazos.

"Uy ¿me ayudás con esto?", ríe y se dirige a uno de los peones del Chapa Uno Polo Club, en Pilar, en donde lanacion.com le hace la entrevista, lejos de sus propios caballos que están descansando en Pergamino hasta que comience la temporada nuevamente en agosto.

"Hay una especie de glamour que rodea al polo femenino, que no se da en el de hombres, nosotras solemos esperar a que nos preparen los caballitos y nos subimos como unas ladies , pero eso dura hasta que entramos a la cancha, sacamos la indiada de adentro y le ponemos toda la garra", explica.

Patricia es una mujer polista, de las muchas que en los últimos años se sumaron a un deporte que nació en un ambiente masculino y en donde los prejuicios se vencen día a día, según ella. Por eso, además de jugar, tiene un emprendimiento por el cual promueve el circuito en el país para que cada vez más chicas se animen.

"Una cosa es el charme que las marcas quieren representar, otra es estar en la cancha donde no te importa si se te corre el rimmel, si sos un poco india ya está, podés jugar", reafirma como para quitarle el idealismo al deporte que ama.

¿Por qué vende más el polo de hombres que el de mujeres? Patricia admite que razones sobran ya que en el ámbito masculino está afianzado hace ya muchos años y porque el polo argentino es considerado el mejor del mundo. Si a eso se le suma el acompañamiento de las grandes marcas, el lugar en la vidriera está asegurado.

"Pero cada vez más chicas nos animamos a jugar, a pesar de que cuando una opina en un ámbito informal te dicen: ´¿Y vos qué sabés de esto?´", cuenta.

La cantidad de torneos femeninos se triplicó en los últimos dos años, ya hay unas 400 jugadoras en todo el país y esto implicó la creación del comité femenino dentro de la Asociación Argentina de Polo, en marzo del año pasado.

"Así tenemos nuestro propio hándicap y un lugar importante al lado de los hombres, porque el juego es el mismo, aunque ellos digan que no", dice sin perder la sonrisa.

Es que los típicos chistes que nacen del prejuicio la tienen sin cuidado, más aún cuando hay representantes femeninas que despuntan incluso a nivel internacional, como el caso de Lía Salvo.

De la elite a la oficina. Patricia empezó a jugar a los treinta y pico, "de grande", dice, y todo por amor a los caballos. Se animó gracias a una amiga entrenadora y todo se dio naturalmente. Tanto abrazó este deporte que comenzó a ser una de las promotoras del polo femenino en el país y organiza eventos y hasta clases para principiantes.

En general las mujeres que lo juegan son profesionales y tiene entre 25 y 45 años. Si bien no es un deporte popular, pues está relacionado con un sector de altos ingresos y los costos de equipo y el mantenimiento de los caballos no son bajos, Patricia afirma que la franja se está ampliando.

"Me llaman muchas chicas que están en la oficina laburando, que no necesariamente tienen caballos, pero se enamoran del deporte cuando lo ven por tele, y muchas nunca hicieron nada en lo deportivo, quizás algo de vóley o hockey en el colegio. Yo les digo que se pueden alquilar un caballito y probar en una clase y ellas encantadas", cuenta desde su experiencia como organizadora de eventos de polo.

"Creo que son más las chicas que no se relacionan históricamente con el deporte y que consultan que los hombres, porque la mayoría de los que se acercan al circuito suelen venir de familias que ya juegan", comenta como un punto a favor y con la esperanza de que este deporte se haga más popular.

La diferencia, en el palenque. Que es menos veloz y potente, que requiere menos habilidad de juego; que las mujeres cuidan más al caballo y los hombres piensan más en golpear la bocha, son algunas de las cosas que se dicen a la hora de buscar diferencias entre el polo femenino y el masculino.

Pero la verdadera diferencia, para Patricia es el palenque, o lo que es el banco en donde concentran y esperan su turno los jugadores, no necesariamente solos.

"Vos ves el palenque de los hombres y está vacío, quizás hay algún hijo mayor que fue a ver al padre. En cambio, el de las mujeres está súper poblado", dice, ya fuera de cámara, relajada y blandiendo el taco que llevó para la sesión de fotos.

La escena la pinta así: "Mientras que los hombres toman sus taqueras al salir de la casa, las mujeres cargamos con todo, organizamos una semana antes la casa, los horarios de toda la familia y nos disponemos a jugar un torneo. Llevamos a hijas, hijos y sus respectivos novios, sobrinos, perros, hermanos, abuelas, al bebé y su mamadera, y mientras una sale a jugar, una amiga de una amiga le cambia los pañales, y otra ceba mate".

Mientras la nota va terminando, Patricia desensilla al caballo, ya sin pedir ayuda, lo abraza y lo guarda en su corral. Le da las gracias por haberse prestado a la filmación, y aún con garra y quizás con las ganas de que el torneo de agosto llegue rápido, dice: "Un palenque femenino demuestra lo que somos capaces y como nuestra pasión envuelve a todos los que queremos. El polo es un deporte para mujeres, hombres y niños, a pesar de las diferencias".


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