Urge un agradecimiento para Vélez. En este campeonato maltratado cotidianamente por la discusión sobre los malos arbitrajes, las sospechas interminables, la violencia, la victimización, la histeria y la mediocridad, este equipo nos dio casi todas las semanas una razón justificada para apartarnos de los focos habituales. Nos permitió reconocer y celebrar el fútbol bien jugado. Si alguna vez este Clausura reclamara que se le acepten argumentos para no quedar en el olvido, una de esas pocas credenciales estará en la calidad futbolística de su campeón.
Pero los méritos de este Vélez no pueden encerrarse en una carrera de 19 fechas. No es un consagrado circunstancial, de paso. A diferencia de otros campeones de estos últimos tiempos, beneficiarios de un cuarto de hora eficaz o afortunado, las virtudes del Fortín de hoy trascienden la simple conquista de un título. No son muchos los campeones en condiciones de exigir que se los reconozca como los mejores. Vélez sí, por mucho, y desde bastante antes de que se alumbrara este torneo. En la pelea por ese intangible que no vale menos que ningún trofeo, le torció el brazo a Estudiantes, el contendiente con más consenso para discutírselo. Del Pincha también lo diferenciaban matices en la construcción de dos proyectos similares: el platense siempre dependió considerablemente de la influencia de un líder como Verón; el del Fortín, en sintonía con la historia del club, se hace fuerte en una estructura colectiva, en la que los nombres son sólo parte del engranaje.
Progresivamente, Vélez se ha hecho cargo de funciones abandonadas por las clásicas naves insignia del fútbol argentino. La de fomentar y mantener ese estilo distinguido y admirado en la cancha no es la única, pero hoy lo muestra casi en soledad en ese aspecto. Que se haya sostenido como el único representante argentino con ambiciones reales en la última Copa Libertadores tampoco es casual. Y también tomó la posta como principal foco educador y productor de futbolistas, con un granero al que desde hace años sus sucesivas dirigencias, más allá de resbalones en otros aspectos, proveyeron de los elementos necesarios. La Villa Olímpica y las ejemplares instalaciones de Villa Luro están para atestiguarlo. Como tantas otras cosas que a Vélez le auguran una vida próspera mucho más allá de esta alegría.