Habrá que esperar a que empiece a rodar la pelota, parece, para tomar definitiva conciencia de que tendremos jugando aquí, en el patio de nuestra propia casa y con la continuidad que ofrece un torneo, a diferencia de un aislado partido amistoso o de eliminatoria, al mejor futbolista del mundo.
La imagen que proyecta Lionel Messi sobre esta Copa América es la de la oportunidad. La oportunidad de verlo. Y la que Leo mismo le proyecta sobre la Argentina frente a la competencia que se disputará justamente en la Argentina es, además de esa enorme oportunidad de contar con él, la obligación que implica tenerlo.
Oportunidad y obligación, as de espadas y espada de Damocles.
Teniéndolo, contando con él, ¿cómo no va ilusionarse la selección con jugar bien, con ganar la Copa?
Bueno, en parte porque la sociedad entre individualidad y equipo se ha quedado hasta aquí más que nada en insinuación y declamación, y no tanto en concreción y realidad. Uno de los principales desafíos de Sergio Batista, entre otros y con tiempo como nunca para desarrollarlo y lograrlo, es ése: lograr que Messi se sienta tan cómodo aquí como allá, conseguirle socios para que jueguen con él, y no necesariamente para él ni por él.
Porque contra quiénes jugar tendrá, y de sobra. Y ésa es otra de las luces que iluminan esta Copa América. Estrella es Messi, sin dudas, indiscutible por encima de polémicas que sólo se dan en la Argentina y que a veces, pocas, tienen sustento y otras veces, muchas, no. Pero lo cierto es que hay, que habrá, más estrellas en una competencia que implica oportunidad y obligación para muchos.
Para La Nueva Generación de Brasil, cómo no. Allí están Neymar, Paulo Henrique Ganso y Pato, acompañados y apuntalados por Robinho a falta de los Ronaldinho y los Kaká, como pilares de un proceso de renovación que también incluye al entrenador, Mano Menezes, con el Mundial 2014 en su propia casa en el horizonte. Si en 2004 y en 2007 arruinó el objetivo que se habían propuesto lograr los equipos de Bielsa y de Basile, ¿qué mejor motivación que repetirlo justamente aquí?
Y está Uruguay, el mismo que hace un año nomás, en Sudáfrica, llevó más lejos que nadie esa idea que insinuó que el Mundial sería sudamericano. El Maestro Tabárez vuelve a confiar en quienes revalorizaron la gloria de la vieja Celeste y hasta se dio el lujo de dejar al margen a uno de los mejores delanteros que actúan en el fútbol argentino, como Silva, para respetar a un trío que impresiona: ¿o no es impactante alinear juntos a Edinson Cavani, Diego Forlán y Luis Suárez?
Paraguay es otro que abriga esperanzas de mostrar en el frío argentino algo de lo que mostró en el frío sudafricano. Hay que creerle al Tata Martino cuando habla de jugarle de igual a igual a cualquiera, porque tiene cómo y tiene con qué, con una idea trabajada desde hace cuatro años y con una dupla de delanteros que impone presencia. ¿O no la tienen Lucas Barrios, el nombre del gol en la Bundesliga, y Nelson Haedo Valdez?
Chile ya no tiene a Bielsa, es cierto, pero Bichi Borghi es capaz de darle continuidad al mayor legado que pudo haber dejado el Loco: la convicción de que nada les impide aspirar a más. ¿Hay alguien más representativo para encarnar ese sentimiento que un cada vez más maduro Alexis Sánchez?
Colombia vuelve a la tierra donde, hace 24 años, sembró las primeras semillas de la que sería una selección histórica, Con muchísima juventud, hay algunas señales que le permiten pensar que en el futuro cercano algo florecerá. ¿Cómo no creer que nombres como el de Falcao García, Teo Gutiérrez o, en menor medida, Hugo Rodallega, puedan repetir algo de lo que hicieron en los últimos tiempos en Porto, en Racing o en Wigan?
Es cierto: Ecuador, Venezuela, Bolivia, Perú, México y Costa Rica vienen a explorar territorio y futuro. Pero los nombres que surgen de aquel rápido recorrido invitan a pensar en esta Copa América como en una enorme oportunidad. La de ver a Messi, sí, pero también a unos cuantos más que tienen algo que decir en las canchas de acá, del patio de nuestra propia casa.