El domingo que perdió la categoría, entre miles de duelos privados que la TV hizo público, por momentos barras y periodistas fueron lo mismo; Grondona, Aguilar y el campeonato de fútbol más democrático del mundo; por Ezequiel Fernández Moores
El pibe con campera de River es la imagen del desconsuelo. Las cámaras lo muestran una vez y otra. Hay miles y miles como él. Todos con la mirada perdida, paralizados, sin prestar atención siquiera al desastre que otros pocos provocan afuera. Cada uno procesa un dolor íntimo. Porque, si bien el amor es compartido, la historia siempre es personal. A metros del hincha con campera de River, padre e hijo lloran abrazados. La cancha forma parte de su vínculo. Son miles y miles de duelos privados. Pero la ceremonia es pública. Las cámaras de TV apuntan a cada uno de ellos. "El drama de River", dice la placa. De fondo, música de funeral. Todos los años descienden equipos de primera A. River, no. Por eso, todo se multiplica. Los primeros planos cuentan las lágrimas. El título catástrofe ocupa la pantalla. Y la música de velorio no cesa. "Esto [dice el periodista en estudios, mientras condena la violencia] no es la muerte de nadie, estamos hablando de fútbol." "Confunden dolor con drama", se queja Jorge, un amigo y colega que lloró en el Monumental. "El domingo sentí dolor como hincha, asco como periodista", me dice.
River podría haber descendido casi veinte años atrás. El presidente Rafael Aragón Cabrera decidió en 1982 la salida de ídolos como Daniel Passarella, Juan José López y Norberto Alonso. El equipo cayó y los refuerzos no estuvieron a tono. El 18 de mayo de 1983 el club cerró por paro de maestranza y el 8 de junio pararon los profesores de educación física y empleados administrativos. Los jugadores debían cargar los bolsos en las prácticas. En el triunfo por 3-0 ante Talleres, el Monumental cubrió apenas el diez por ciento de su capacidad. "Debemos 900.000 pesos, sólo tenemos 100.000 que nos prestó la AFA", dijo el secretario Julio Paoletta. Las deudas incluían a los jugadores, que el 24 junio intimaron al club mediante telegramas. River pasó a jugar con los pibes. Chupete , de la barra, amenazó a los titulares, que volvieron casi cincuenta días después, insultados por los 15.000 hinchas que fueron al 1-0 sobre Newell's. La intervención del Ministerio de Acción Social de la dictadura que agonizaba evitó una huelga general de Agremiados. "River puso al fútbol al borde del caos", tituló El Gráfico en su portada del 5 de julio. Aragón había gastado 800.000 dólares en refuerzos, pero no tenía 30.000 para pagar salarios de junio. River terminó penúltimo, con 29 puntos en 36 fechas, 10 triunfos, 9 empates y 17 derrotas; 37 goles en favor y 50 en contra. No descendió porque ya regían los promedios, inventados para salvar, justamente, a los grandes. Ni eso fue suficiente ahora.
River habría evitado el descenso con ganar apenas uno de sus últimos nueve partidos. "Salió a ganar sólo el último", opina Andrés, otro colega de River, testigo invalorable de la debacle, porque fue a la cancha en todos los encuentros de la temporada. "El último mes River fue pura autodestrucción. No lo mataron otros, se suicidó", me cuenta. Ya tarde, el River de Passarella siguió subestimando. Lo hizo en Córdoba con una formación insólita ante un Belgrano que venía en racha y que el domingo salió al Monumental sin dormir, por ruidos y amenazas de bombas en el hotel. River, tal vez, creyó los rumores que circularon hasta minutos antes del partido. Parecidos a los de las primeras fechas, que decían que estaba todo arreglado para que Racing saliera campeón. Y que Quilmes, también por influencias políticas, jamás descendería. El fútbol argentino tiene miles de flancos. Partidos y hasta títulos que, por lo menos, invitan a la sospecha. Pero su campeonato, por malo o por las razones que cada uno quiera, se ha convertido en estos años en el más democrático del mundo. No hay otras ligas poderosas que permitan ganar títulos a clubes como Lanús, Banfield y Argentinos Juniors. Aun así, en Núñez creyeron, hasta que fue tarde, que "River no puede descender".
"Hay que ser hijo de puta para destrozar a River. Lo hicieron mierda los hijos de puta", dice el relator. "Cómo me gustaría tener al hijo de puta de los bigotes mano a mano. ¿Dónde están las ratas?", se pregunta sobre un ex dirigente, en medio de la catarata de insultos. "Mataste a River, Passarella. Nos mataste a todos. Soberbio. Caprichoso. Presidente falopa", escribe el editor, también en busca de culpables. "Matar o morir", dice la bandera que los barras pegan en las puertas del club y que el noticiero muestra una vez y otra, bajo el título "La bandera del miedo". El exaltado conductor de TV se pregunta cómo pueden caminar los dirigentes por la calle, sin miedo a ser golpeados. Y luego anuncia la muerte de un policía, para decir, cinco minutos después, que el policía estaba vivo. "Tenemos datos de que marchan a la casa del ex presidente en Villa Urquiza", alarma la radio. "El monstruo que crearon devoró al fútbol. Lo importante ahora es lo periférico. Y no quieren dejar con hambre a la bestia", me dice Gustavo Lombardi, ex jugador de River. Ya no importa quién lo dice. Periodistas y barras se parecen. El Grupo poderoso, otrora socio del negocio, y que obligó a sus periodistas a silenciar toda crítica a José María Aguilar, descubre tarde que el ex presidente arruinó al club, en medio de negociados con fondos de inversión y clubes de Suiza, donde acaso también residan algunas cuentas bancarias. Todo bajo la gestión eterna del hoy también amenazado Julio Grondona, presidente desde hace 32 años de una AFA que jamás controló seriamente las finanzas y que ahora puede ser corresponsable de la posible bancarrota.
El viernes por la tarde, en el medio de los dos partidos, el periodista danés Jens-Sejer Andersen, uno de los mayores conocedores de la corrupción en el fútbol, ofreció una conferencia magistral de cuarenta minutos en una sala del anexo del Congreso. A los hinchas, se sabe, suele no interesarles el tema. Tampoco a los periodistas. Había apenas cuatro tomando nota. Uno era chileno. Otro, inglés. La jornada fue organizada por una fundación de nombre inequívoco: Salvemos al Fútbol.
"River en segunda. Es la madre de todos los descensos. Sé que «desastre» es una palabra enorme. Pero es increíble. Estoy shockeado. ¿Será Vélez-Estudiantes el nuevo clásico?", me manifiesta desde Alemania uno de los periodistas europeos que mejor conocen el fútbol argentino. El descenso de River, igual que los de Milan y Juventus en Italia, y Corinthians en Brasil, rebota en todo el mundo. Más aún porque los destrozos de unos cientos a quienes se les arruina el negocio pueden más que el dolor de millones. "Te preparás para la muerte de tu abuelo y la de tu viejo, pero no para la de tus hijos ni para que River descienda", dice el periodista de River. También el escritor Osvaldo Soriano confesó una vez que el descenso de San Lorenzo lo hizo llorar tanto como el día en que murió su padre. Lo dice, sin comprenderlo, Juan José Sebreli, en su libro La era del fútbol . "¿Puede explicarse la pasión?", se pregunta Martín Caparrós en Boquita . "Dentro de 20 o 30 años, si todavía existe el fútbol argentino, las hinchadas -y sobre todo la nuestra- van a seguir cantándole a River «vos sos de la B». Aunque vuelva el año próximo -si es que vuelve-, esto no tiene vuelta atrás. Siempre se dice -muy ligeramente- que tal o cual son hechos históricos. Éste lo es: algo que seguirá presente por mucho tiempo", me dice Caparrós, que siguió el partido en Seúl, por Internet, transmitido en griego.
"Gozo idiota." "Pura explosión sin pensamiento." "Fugaz." "Infantil." "Salvajería feliz." Palabras que usa Caparrós en Boquita . Dice también que la pasión del fútbol ofrece la ventaja de que "todo final es falso" porque "nada se acaba para siempre". Y la "crueldad de que nada es para siempre" porque "todo es perfectamente efímero". Difícil de entender para los miles que lloraron el domingo. En su hermoso libro Fiebre en las gradas , el inglés Nick Hornby escribe sobre los tiempos en los que el fútbol, para él, era la vida. "Y no metafóricamente." Sintió "el valor de pertenecer a una comunidad cuyas aspiraciones comparto por completo, de forma totalmente acrítica". Una tribuna que "te empuja al campo y luego te succiona para volver a tu sitio". El sentimiento de "pertenencia e identidad" y de creer que, sin su aliento, el equipo no podía ganar. Hornby cuenta también que una tarde de dolor hecho espectáculo público decidió que el fútbol no volviera a ser "el sustitutivo" de su vida. Que los fracasos de Arsenal no fueran exactamente sus fracasos. Y entendió que, a veces, el fútbol no es tan buena metáfora de la vida y ni siquiera una vía de escape. Pero que el fútbol sí puede ser, tal vez, "una diferente visión acerca del mundo".
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pablodeflores
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Es la primera vez que en este diario se deja claro que el Grupo Clarin fue complice desde el silencio de la nefasta gestion Aguilar. Felicito al periodista por animarse a siquiera insinuarlo.
JavierFM
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No soy K, pero lo entiendo de la misma manera, el grupo clarín fue cómplice del desvalijamiento del club, la verdad no lo puedo creer.
roberto_gordon
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Boca)
Ningún grupo empresario goza de mis simpatías pero... ¿no es demasiado paranoiKo afirmar que Clarín tiene culpa en el descenso de Riber? ¿Magneto sobornaba a Carrizo para que cometa autogoles? ¿La viuda de Noble le armaba el equipo a JJ para cuidar el empate en vez de salir a ganar? Parafraseando al filósofo y librepensador oriental Toto Paniagua: "vamo, vamo, vamo...."
clamador
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Independiente)
Bien dicho, pero faltó poner los nombres de esos periodistas truhanes: Farinella, Costa Febre, Fantino, y siguen las firmas del bochorno.
chavera
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Yo agrego a Martín Souto, que sin plurito largó la noticia del policía muerto y en ningún momento se desdijo... Además de todas las "gambetas" que siempre hace para fundamentar que el no promueve la cultura del "aguante"...
PeterOsporum
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River)
Para la mayoría no hace falta nombrarlos, pero hay que ir sin rodeos. A los demás siempre se los menciona con nombres y apellidos, en cambio las raras veces que un periodista habla de otro, lo hace casi desde el anonimato. ¿Te parece que, por ejemplo, de Aguilar habría solo que dar referencias y que el que sea capaz de descodificarla se dé por enterado que se trata de él? ¿O hay que señalarlo claramente? Pues en estos casos, lo mismo. Si no, se peca de incoherente.
PeterOsporum
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River)
El corporativismo en el periodismo es muy fuerte. Fernández Moore es capaz de poner los nombres de los peores dictadores y corruptos del mundo, pero nunca da los nombres de colegas. Al final, también cae en lo que muchas veces critica.
cgescalada
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El descenso es una derrota total. Es casi como perder contra todos los demás equipos. Pero es una derrota deportiva; histórica sí, pero también circunstancial. Al lado está la vida institucional, en la que River hace mucho viene perdiendo. Incluso durante el último campeonato ganado, River perdía categóricamente en este aspecto, pero eran muy pocos los que se referían a eso. Ahora aparecen las críticas desde todos los sectores. Se exige transparencia, depuración, planes de trabajo. Es casi tilingo actuar así: para los hinchas de River, desde hace años estamos descendidos (institucionalmente), pero sólo ahora parece importar. Justificadísima la referencia a la imbecilidad de muchos periodistas, con River Monumental a la cabeza. Y por supuesto, felicitaciones Ezequiel por una nueva columna excelente.
sebakoloc
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Indep´te)
La culpa es de River, pura y exclusivamente de River. De sus socios, sus dirigentes y sus hinchas. El resto es decoracion, la misma que muchas veces ayudo a las gallinas.La prensa, el gobierno y la Afa fueron fundamentales durante mucho tiempo para sostener un River importante, ahora no llores porque nada es para siempre.
All_Boys
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All Boys)
Muy buena nota Ezequiel. Sienta un precedente importante en el fútbol argentino, en el que se daba por hecho que los grandes no iba a descender nunca. Es un llamado de atención a los dirigentes, hinchas y periodistas el descenso de River. Tocar fondo ya no es salir último o no clasificar a la copa, sino irse a la B.
daniel_boasso
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Boca)
Pura pasión, por eso no tiene explicación. Esto quedará para siempre, así como se recordo la obtención de la ultima libertadores hace quince años, para siempre las demas hinchadas le recordaran que son de la B.
perrofeo1960
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River)
Buen artículo queda claro que el periodismo es una rama más del inmenso negocio que es el fútbol. Personalmente nunca me gustaron las locutores partidarios creo que hacen su negocio comportándose como hinchas pero tomando de estos las peores taras.
old_trafford
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Estudiantes)
Me tienen podrido estos porteños soberbios de riBer. Cobraban 35 millones de la AFA, mientras que los otros clubes recibían 7. ¿Y después dicen que la AFA los perjudica? Déjense de jooodeeer... Basta de ventaja deportiva. Que todos los clubes de la misma división cobren lo mismo!
perrofeo1960
(hincha de:
River)
Buen artículo queda claro que el periodismo es una rama más del inmenso negocio que es el fútbol. Personalmente nunca me gustaron las locutores partidarios creo que hacen su negocio comportándose como hinchas pero tomando de estos las peores taras.
fnandito
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Boca)
En realidad, algunos relatores que siguen a Riber se parecen mas a los barras que a los hinchas. Ellos también están furiosos por ver amenazados sus ingresos y porque van a tener que dibujarse la raya del c... de tanto colectivo que se van a comer.
cartman06
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Por suerte, la prensa, los dirigentes y los barras, estan cada vez mas expuestos. Cada uno defiende sus intereses, excepto los pobres hinchas, que son los unicos "genuinos" en esta historia.Passarella tiene un porcentaje de culpa, obtuvo 57 puntos en sus torneos, y al final el equipo se cayo a pedazos y no lo supo sostener, pero el gran culpable es el Sr. Aguilar, dejo un deficit de 140 millones y vendió jugadores por el triple de ese monto, encima saco alrededor de 35 puntos y nos dejo en descenso directo previo a que asumieran las nuevas autoridades.Ojalá vayan presos los responsables, alguna vez, para que el futbol tenga una pequeña cuota de seriedad, hasta que esto no suceda, seguira todo igual. "Todo Pasa" dice el gran mafioso, algun dia el tambien lo hara, tengo la esperanza de verlo.
Quintuco
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Racing)
Muy esclarecedor la descripción sobre el relator riverplatense. Evidentemente el periodismo es tan culpable como los dirigentes de la violencia en los estadios. Los dirigentes porque solventan económicamente a las barras. Los periodistas incitando a la violencia desde sus micrófonos. No hay que olvidar que Tyc desde un programa que creo que se llamaba El Aguante, era una especie de defensa y de incitación a los vándalos que integran las barras. No sólo mostraban quién tenía el "trapo" más vistoso, ni la canción más ocurrente, sino que constantemente bajaban línea sobre ese concepto tan extenso que llaman "folclore del fútbol" en el que se incluyen desde las malas artes de los futbolistas como los hechos vandálicos durante el partido.
juanpdemelo
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.... el tema central, segun creo, es que cada vez se IMPROVISA mas en ARGENTINA ... en todo ... no se planifica, no se trabaja en pos de un objetivo, no se premia a la cultura del esfuerzo y la constancia ... estamos esperando que venga un "salvador" que nos solucione los problemas, mientras vemos Tinelli y esperamos algun subsidio ..... (ya sea de ANSES, carguito, beneficios en una licitación) .... esto le pasó a la Selección en el Mundial (alguien pensaba que el ciclo Maradona terminaría bien ????) ... y pasa ahora con RIVER ....
licuadora
(hincha de:
Boca)
Esta bien tener el "campeonato más democrático del mundo"??? Para eso saquemos campeones por sorteo, o que se vayan turnando, así es bien democrático. Yo no quiero el campeonato más democrático, quiero el MAS JUSTO, el que premie al mejor y castigue al peor. Seguro que "No hay otras ligas poderosas que permitan ganar títulos a clubes como Lanús, Banfield y Argentinos Juniors", ni siquiera tu admirada liga alemana, porque lisa y llanamente, nunca hicieron esos clubes méritos serios para ser campeones, simplemente se consagraron por buenas rachas. Por otra parte, falta en la nota ilustrar sobre la responsabilidad que le cabe a la gestión actual sobre el presente de River, que es mucha.