El problema no es si los hinchas visitantes van o no a la cancha en la B Nacional. Tampoco es la flagrante discriminación entre hinchas de primera y segunda, que quedaría a un lado por un nuevo negocio o conveniencia política. El problema es que varios de los "300 tarados" de River que serían autorizados a seguir a su equipo por todo el país son los que destruyeron parte del Monumental y muchas propiedades en Núñez.
El problema es la connivencia entre barras bravas, dirigentes y políticos denunciada hasta el hartazgo y nunca sancionada. Es la Justicia que se respalda en vericuetos procesales para que, a nueve días de los bochornosos incidentes tras el partido con Belgrano, la causa siga estancada, y nadie haga nada para terminar con "esta farsa".
El problema es que los "300 tarados" nuevamente adjetivados ayer por el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, pudieron más que 2200 policías. El problema es que quienes conducen al fútbol y los funcionarios no son buenos ni malos: son incorregibles