Uruguay siempre es un rival difícil, aunque este equipo está por debajo del que salió cuarto en el Mundial de Sudáfrica. Mantuvo un proceso, confirmó a Tábarez y el DT, a jugadores que le rindieron. Desde lo táctico, sigue apostando por el 4-3-3 siempre y cuando tenga en óptimas condiciones a Cavani, Forlán y Suárez, delanteros inteligentísimos que no sólo tienen poder de fuego, sino que también son solidarios y capaces de autogenerarse las situaciones de gol sin quedarse pensando quién la define, sin que los egos boicoteen el avance. Ante la lesión de Cavani, el Maestro optó ante México con un 4-4-2 con desdoblamiento por las bandas (Maxi Pereira y Álvaro González por la derecha y el tándem Álvaro Pereira y Cristian Rodríguez por la izquierda) y con un ataque directo, sin transición en el medio. En realidad, aun cuando entra Lodeiro como N° 10 en un 4-3-1-2, el equipo saltea la zona de volantes con pelotazos para delanteros que aportan movilidad y gestos técnicos que posibilitan esa estrategia. Uruguay carece de gestación en el medio campo, aunque los volantes suelen estar atentos para sí presionar esa segunda pelota cerca del área rival.
La Argentina debería avanzar como lo hizo ante Costa Rica, con Messi como enganche y buscando explotar las velocidades de Di María y Agüero, y la potencia de Higuaín. Un ataque rápido (y generado por quien no lleva el balón) para una defensa uruguaya lenta. Porque más allá de que a Lugano y Victorino se les puede ganar en el uno contra uno; también a los laterales Maxi y Álvaro Pereira o Cáceres. Chile lo complicó por las bandas con un muy buen trabajo de Suazo, tirándose atrás para pivotear y tirar paredes con Beausejour e Isla, que les ganaban las espaldas a Maxi Pereira y Cáceres. ¿Por qué no lo aprovechó? Lo intentó poco y, al dejar Suazo la posición de referencia, cuando los carrileros desbordaron y tiraron el centro atrás no hubo nadie para conectarlos. Si en la Argentina es Messi quien se asocia y tira paredes para asistir a las espaldas de los laterales (como hizo ante Costa Rica), estará Higuaín más el delantero opuesto para aprovechar los desequilibrios de Di María o Agüero. Batista debería repetir la forma de atacar, porque hasta un pase en cortada de Gago entre los dos centrales también puede dejar a Higuaín o Agüero de cara al gol. Perú le hizo un gol con una corrida de Guerrero de 50 metros entre Lugano y Victorino, en un contraataque a la salida de una pelota parada a favor de Uruguay.
"Un ataque rápido para una defensa lenta", también puede leerse al revés. Uruguay puede generar peligro desde un saque de arco de Muslera, una peinada de Forlán y un toque de Cavani para un remate de Suárez (vs. Chile). La Argentina defiende mal y a Burdisso y a Milito les cuesta anticipar sin infracción, además de los retrocesos deficientes de Zabaleta y Zanetti. Si la Argentina queda mano a mano en el fondo, será una invitación a pedir del seleccionado charrúa. Y deberá cuidarse de no cometer infracciones cerca de su área no sólo por la pegada directa de Forlán. Al déficit aéreo se le suma el poderío rival, con más oficio que altura.
9 es el promedio de situaciones y remates al arco generados por Uruguay por partido en la Copa América, aunque sólo convirtió 3 goles (uno por partido). En contra recibió un promedio de 7 llegadas rivales y 2 goles (uno de Chile y otro de Perú).
(*) Egresado de la Escuela Nicolás Avellaneda
cleble@lanacion.com.ar Twitter: @cleble