De tantas controversias, contrapuntos, histeriqueos y despropósitos, va a llegar el momento en que digamos: "¡Por suerte, en el mejor de los casos, la Copa Davis son sólo cuatro semanas al año!" Lo cual resulta contradictorio y una enorme paradoja. Casi un argentinismo típico. ¿Cómo convalidar que sea un alivio, y no un motivo de orgullo, ver la menor cantidad de veces posible a nuestros mejores tenistas representar al país? Algo, evidentemente, está mal. Desde hace rato.
Se aproxima la semifinal con Serbia en Belgrado. Volverán a compartir equipo Del Potro y Nalbandian, algo que no ocurre desde el nefasto fin de semana en Mar del Plata, en noviembre de 2008, en la final con España. Y como si no fuera suficiente el componente que significa enfrentar al campeón, al N° 1 del mundo, a un single 2 en gran momento, de visitantes y con nuestras cartas más fuertes sin el ritmo ni el tenis ideales, le agregamos esos condimentos que entorpecen, que alteran los ánimos. Que generan el peor de los climas. Como si siempre hubiese deseos de desatar una tempestad más. Recientes conceptos de Nalbandian y de Vázquez (ver Pág. 11) no contribuyen a propiciar la mejor convivencia.
Estamos, probablemente, ante la última serie de Tito Vázquez como capitán del equipo, lo cual sería una bendición para varios de los jugadores; algunos dentro, otros fuera. Lo cierto es que la Davis siempre estuvo más allá de los nombres, sean de jugadores o de capitanes. El tiempo mostró que no hay recetas infalibles. Que no es menester que el conductor sea amigo de los jugadores, que tenga sintonía especial con ellos, una relación fraternal; o por el contrario, que sea más distante, menos franelero, pero con amplios conocimientos y respetado a nivel internacional. Siempre habrá una hendija para que los objetivos queden a mitad de camino. Aun así, los enunciados tribuneros no faltarán. Como aquel que reza que "se puede ser campeón sin tener un equipo de amigos porque en la cancha cuatro de los puntos son individuales".
Puede suceder que Djokovic no juegue el primer día; incluso que tenga una mala jornada. O que Tipsarevic no complete su partido. Que la Argentina llegue a su cuarta final de la Davis. Todo es factible en el deporte. También que el equipo nacional regrese de Belgrado con un 1-4 o un 0-5, las relaciones humanas aún peor y ya sin capitán. No es utópico el cuadro de situación.
El tiempo se sigue dilapidando. El día de mañana no estará Nalbandian, acaso tampoco Tito Vázquez; podrá estar un Martín Jaite, por ejemplo, aunque no es mago. Y aun con Del Potro en forma y la aceptación del grueso de los componentes, estaremos cerca de la época del Vilas solitario, tiempos en los que conseguir el famoso 3er punto era una odisea.
Ahí, entre otras cosas, se extrañará no haber sido más inteligentes y prácticos. Menos ególatras.
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angelucho17
(hincha de:
Newells)
Totalmente de acuerdo, previo a los grandes retos, se agita el avispero sin necesidad. No se aprende de las malas experiencias.
fasilvina
(hincha de ...)
Es momento de calmar el ánimo, que pena que este grupo (jugadores y equipo) no encuentren la vuelta para tolerarse un poco mas en beneficio del país.Buena nota!!
angelucho17
(hincha de:
Newells)
Totalmente de acuerdo, previo a los grandes retos, se agita el avispero sin necesidad. No se aprende de las malas experiencias.